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200 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL AUTOR DE 'EL CAPITAL'

Karl Marx: un espectro en América Latina

Abel Gilbert

Un fantasma recorre la América Latina donde flameaban banderas rojas y hoy predominan las urgencias, es el de Marx. Como recuerda el ensayista cubano Iván de la Nuéz, es propio de los espectros aparecer después de la muerte y no «antes» del comunismo, como Marx y Engels escribieron en su histórico 'Manifiesto', en 1848. Una vez  caído el Muro de Berlín es cuando habría que hablar propiamente de fantasmas. Tras la disolución de la URSS, los rostros de Marx, Engels y Lenin comenzaron a difuminarse de los carteles y la gráfica cubana hasta ausentarse. La Constitución escrita en 1975 dice que la «vanguardia organizada» del pueblo se guía por el «ideario» de José Martí y «las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin». Pero en la práctica, el autor de 'El Capital' es raramente citado. Basta leer los últimos discursos de Raúl Castro o de su relevo, Miguel Díaz Canel, para constatarlo. El castrismo se ha quedado con su propio panteón nacional de héroes. El Teatro Carlos Marx permanece en La Habana como testigo de otros tiempos.

«Hawking, Einstein y Marx advirtieron al mundo sobre el capitalismo», dijo hace poco el presidente venezolano Nicolás Maduro, y esa parece ser la única contribución bolivariana a las conmemoraciones de los 200 años del nacimiento del fundador de la I Internacional. Hugo Chávez y sus seguidores han hecho esporádicas referencias al filósofo alemán. Viene de lejos una aprensión derivada de los juicios despectivos que tuvo Marx hacia Simón Bolívar, escritos en 1857 a petición de la New American Cyclopedia. Para el nacionalismo de izquierdas latinoamericano, calificar al prócer de cobarde, brutal y miserable, estaban teñidas de la tradición antiespañola prevaleciente en Inglaterra, donde vivía, y del desprecio generalizado de lo europeo hacia lo que se conocía como Nuevo Mundo. El culto a Chávez y los padres fundadores de Venezuela, con sus murales, estatuas y glosas permanentes, se muestran incompatibles con Marx, y más en la actualidad.

Managua, La Paz, Buenos Aires

Los restos y cenizas del sandisnismo que Daniel Ortega preserva en Nicaragua como enterrador y albacea de aquella revolución de 1979 quedan también como otra comprobación de la lejanía que Marx tiene de lo que en algún momento se llamó socialismo del siglo XXI. «Yo también soy marxista-leninista», solía decir el boliviano Evo Morales (Marx siempre junto a Lenin). Sin embargo, no deja de ser llamativo que las conmemoraciones del bicentenario en ese país hayan sido promovidas por el Instituto Goethe.

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En 1873, Marx ya recibía informes desde Buenos Aires. Los redacta Raymond Wilmart, fundador del primer club socialista. 150 años más tarde, el Goethe, con el patrocinio de un Gobierno argentino, que se encuentra en las furiosas antípodas de cualquier marxismo, impulsó el ciclo cultural 'Marx nace', al que asistieron 8.000 personas. El fantasma tomó cuerpo en espectáculos para luego desvanecerse. 
 

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