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LA CRISIS GLOBAL DEL SISTEMA DE PARTIDOS

¿Podríamos vivir sin Gobierno?

Los expertos opinan sobre los efectos que tiene en la ciudadanía la suspensión de la vida política

Juan Fernández

Han pasado 150 días desde que Mariano Rajoy disolviera el Govern de la Generalitat en aplicación del artículo 155 de la Constitución, pero en los últimos cuatro meses de interinidad de la vida política catalana no se ha paralizado lo que es estrictamente la rutina administrativa. Tampoco se ha detenido la locomotora de Europa en los 171 días que Alemania ha pasado sin gobierno, ni se hundió la economía española en los diez meses y medio transcurridos entre las elecciones del 20 de diciembre de 2015 y la proclamación del nuevo Ejecutivo del PP el 3 de noviembre de 2016.

Al contrario: a lo largo de ese año, el PIB español creció más que nunca desde el estallido de la crisis, el desempleo bajó en medio millón de parados y el déficit fiscal continuó corrigiéndose a gran ritmo. La economía belga también fue como un tiro durante los 589 días que el país estuvo sin presidente al frente, entre 2010 y 2011, y el superávit alemán se ha disparado hasta cotas nunca vistas en los meses en los que Angela Merkel ha estado más pendiente de negociar acuerdos con el SPD que en dirigir el país. ¿Será que podemos vivir sin gobierno?

«Se produce esta curiosa paradoja: mientras crecen las dificultades para poner a los partidos de acuerdo y formar ejecutivos estables, vemos que la Administración funciona sin problemas, como si pudiera marchar sola», observa Fernando Vallespín. En realidad, la estabilidad que se respira en los períodos de desgobierno aporta una señal positiva: «Significa que tenemos sistemas administrativos sólidos y fiables y que la maquinaria está bien engrasada. No olvidemos que la mayor parte de la tarea de gobernar consiste en gestionar», añade el politólogo. 

Pérdida de oportunidades

Pero, en contra de lo que pueda sugerir una primera impresión, no es cierto que los meses de interinidad salgan gratis. De hecho, un estudio del BBVA calculó en 2017 que el casi año transcurrido sin que se tomaran decisiones gubernamentales le había costado a España una pérdida de medio punto de PIB. «Aunque no lo veamos en un primer momento, lo acabamos notando a la larga. Carecer de gobierno significa perder oportunidades que pasan de largo sin ser aprovechadas y retrasar medidas que podrían solucionar los problemas de la gente», advierte Pablo Simón

Es cierto que la Administración puede seguir su curso sin tener nuevos cargos políticos al frente pero en esos casos, ni se atienden los contratiempos que surgen, ni se ponen en marcha iniciativas de cara al futuro. El año 2018 ha arrancado caliente y la calle ha sido testigo de protestas de pensionistas, mujeres y otros colectivos. «Muchos de los conflictos que ahora tenemos sobre la mesa no estarían como están si antes se hubieran tomado medidas», relaciona Simón.

Más allá de esa pérdida de oportunidades, la ausencia prolongada de gobierno tiene un efecto perverso añadido. «Traslada a la ciudadanía la idea de que el mundo de la política es una súper estructura alejada de la realidad del país, que los partidos andan en sus cosas y es la tecnocracia la que nos gobierna», señala Vallespín. «Toda aventura colectiva necesita un liderazgo, es imposible prescindir de los políticos», añade el psiquiatra Adolf Tobeña. Aunque solo sea por tener a alguien a quién elevar las quejas, al gobernante se le espera. 

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