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PREPUBLICACIÓN

Manuel Barbero: un padre coraje

El progenitor de una de las víctimas de Joaquim Benítez, el exprofesor de los Maristas acusado de pederastia, relata en un libro el calvario vivido por la familia. A continuación, reproducimos parte del capítulo 'En estado de alerta'

«Meses después de aquel episodio tan lamentable que hizo que me presentara en casa de Benítez, creí que podía hacer algo para alertar a las fuerzas de seguridad y avisarles que había un pederasta libre. Busqué alguna web en la cual, casi en el anonimato, pudiera denunciarlo. En la de los Mossos no se podían denunciar estos delitos si no se hacía la ratificación presencial en una comisaría y yo no contaba con la autorización de mi hijo. 

(…) Sin embargo, la denuncia no dejó de obsesionarme. Un día de diciembre del 2015 fui a parar a una web de la Policía Nacional que permite poner en conocimiento un delito. No es una denuncia anónima, sino que, mediante un formulario, se pueden relatar en detalle unos hechos denunciables. (…) No hablé solo de mi hijo, sino que también incluí los hechos cometidos por Benítez en el 2011 con otro menor del mismo centro Maristas

Que hubiera dos denuncias de dos menores contra el mismo docente propiciaría que se pusiera en marcha la maquinaria de la justicia. (…) No tardaríamos en trasladar al abusador la vergüenza que había soportado mi hijo y de una vez por todas sabríamos lo que había pasado en aquel despacho, en aquellos pocos metros cuadrados equipados con una camilla y cerrados con cerrojo junto al despacho de la piscina. 

Llamada de los Mossos

(…) Semanas después de enviar aquel mensaje, a mediados de enero del 2016, recibí una llamada de los Mossos d’Esquadra para que pasara por la comisaría por una denuncia que había presentado a través de la Policía Nacional. Fui sincero: «Agente, solo quiero poner en alerta a los cuerpos de seguridad de que hay una persona que ha abusado, como mínimo, de dos menores, pero no lo puedo denunciar, porque mi hijo es mayor de edad y no tengo su autorización». De todos modos, insistieron en que pasara por la comisaría. (…) 

Fui a casa a hablar con Toni para contarle lo que acababa de pasar. (...) «Papá, cuando yo estaba en el colegio, sufrí el acoso de mis compañeros y por parte de Benítez: todos me hicieron daño. Papá, nadie se acordó de mí». (…) No me esperaba aquellas palabras, pero insistí: «Denunciaré a Benítez ante los Mossos d’Esquadra y que ellos hagan las indagaciones necesarias. Los responsables de la investigación llegarán hasta donde puedan». También le advertí que se archivaría el caso si él no interponía la denuncia. «Haz lo que quieras. Yo no pienso ratificar la denuncia». Aquella tarde, Toni se enfadó conmigo como nunca lo había hecho antes. Sentía que lo había traicionado. (…)

Con la denuncia, yo buscaba un bien común y también intentaba que Benítez se pudriera entre rejas y que mi hijo pudiera salir del pozo de oscuridad en el que habitaba (…). El 18 de enero del 2016 me presenté en la comisaría de los Mossos d’Esquadra de Travessera de les Corts. Hablé con la unidad de investigación que llevaría el caso. 

¿Qué has hecho?

(…) En mi declaración, puse en conocimiento del agente que Toni había estudiado en la escuela Maristas, situada en la calle Vallespir, 160, y que el profesor de Educación Física, Joaquim Benítez, había abusado de él. Conté también el momento en el cual nos lo hizo saber a su madre y a mí, así como las entrevistas del 2013 con la dirección del centro y con la Fundación Champagnat. 

(...) Al final de la declaración, el oficial me advirtió que, si Toni no ratificaba la denuncia, no se podrían hacer más indagaciones y la investigación no continuaría. (…) En cuanto llegué a casa, dejé caer la denuncia sobre la mesa, frente a Eva. «Pero, ¿qué has hecho? ¡El niño no quiere ir a declarar!». «No pasa nada. Si él no quiere ir, se archivará la denuncia y ya está, pero tendría que aprovechar, ahora que está bien, para denunciarlo». (…) Toni escuchó que había puesto la denuncia y empezó a decirme que estaba loco, que no podría volver a salir a la calle, que la gente lo señalaría y que tenía miedo de que Benítez viniera a casa y le hiciera daño. 

(…) Eva (...) consiguió hacerle entender que no podía encerrarse en el silencio. La denuncia era el primer paso para sacarse de encima el peso de Benítez y para que él fuera castigado (...). Finalmente, accedió a interponerla si yo lo acompañaba y si podía ir con una amiga. 

«Manolo, es muy fuerte, pobrecito. Este hijo de puta... Mira lo que le ha hecho a nuestro hijo»

(...) El 26 de enero del 2016, a la una de la tarde, salió de casa con su amiga y conmigo. Al llegar a la puerta principal de la comisaría, llamé por teléfono (...) a la unidad que llevaba la investigación, para que uno de los investigadores bajara a buscar a Toni, sin que tuviera que pasar por el mostrador. (…) Bajó el oficial que me tomó declaración y aceptó que Toni declarara acompañado de su amiga. Los dejé y me fui a trabajar. 
(…) Cuando llegué a casa, pregunté a Eva (…) dónde estaba la denuncia. Las lágrimas le corrían por la mejilla. «Manolo, es muy fuerte, pobrecito. Este hijo de puta... Mira lo que le ha hecho a nuestro hijo». Cogí la denuncia. (...) Me quería morir. 

Acoso escolar

-Que se presenta ante esta instrucción para denunciar los hechos que sufrió cuando era menor (...), en la escuela Maristas, (...) en la calle Vallespir, 160, de Barcelona. 
-Que el señor BARBERO estaba escolarizado en dicho centro desde el 2006. 
-Que desde los inicios en este centro sufrió acoso escolar por parte del resto de los alumnos, circunstancia que le hizo cambiar su comportamiento. 
-Que a mediados de junio del año 2010, cuando tenía 15 años, y mientras daba clases de Educación Física, como consecuencia de un problema que tenía en la espalda, su profesor de gimnasia, el señor Joaquín BENÍTEZ PEÑA, le dijo que fuera a su despacho, situado junto a la piscina. 
-Que una vez en su despacho el señor BENÍTEZ lo hizo tumbarse en una litera y le empezó a examinar la espalda. 
-Que al cabo de un rato empezó a hacerle masajes y empezó a tocarle los genitales y todo el cuerpo, con lo cual el denunciante se quedó totalmente paralizado, sin saber cómo reaccionar. 
-Que el señor BENÍTEZ lo sentó encima de sus genitales, haciéndole varios movimientos, pero sin llegar a penetrarlo. 
-Que posteriormente el señor BENÍTEZ lo soltó y el denunciante continuó las clases. 
-Que los mismos hechos sucedieron en más ocasiones, como mínimo en dos más, cuando el señor BENÍTEZ le pedía que fuera a su despacho con la excusa de hablar con él. Que el denunciante se sentía muy intimidado por el señor BENÍTEZ, por el hecho de que era profesor y mucho más grande que él, con lo cual nunca opuso resistencia. 
Que en otras ocasiones el señor BENÍTEZ se desnudaba completamente y realizó al denunciante diversas felaciones y masturbaciones y pidió al denunciante que lo tocara y le hiciera alguna masturbación. Que el señor BENÍTEZ también lo besaba utilizando la lengua. 
-(…) Que posteriormente y por el hecho de que sus padres vieron que su hijo lo pasaba mal en la escuela decidieron sacarlo. Que cree que sufrieron abusos más personas, porque les veía el comportamiento, aunque no puede acreditarlo. 
-Que hace aproximadamente dos años decidió contarlo a sus padres (...). 

Ninguna madre ni ningún padre tendría que leer un texto así. Son palabras demoledoras.(…) Dejé la denuncia sobre la mesa (…). Creía que tenía que hacer algo y que aquello no podía quedar así»

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