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Las 7 'magníficas' de Davos

Las 7 'magníficas' de Davos

El Foro Económico Mundial ha corregido el déficit de líderes femeninas en la cumbre al incorporar a estas siete mujeres con mando. ¿Márketing o signo de los tiempos? No se engañen: el poder sigue siendo cosa de señores.

Núria Marrón

En el año de los feminismos, incluso a una cumbre económica tan masculina como la de Davos le ha debido de incomodar que sus debates parezcan más un club de golf de caballeros que un foro en el que se pretende discutir cómo reconstruir "un mundo fracturado", también por las políticas que la 'intelligentsia' económica ha prescrito, año atras año, desde esta lujosa estación de esquí. Así que estas siete mujeres que han dado el 'gran salto' en los últimos años, a menudo en medio de grandes turbulencias, han sido llamadas a dirigir la edición que empieza el martes. Pero no se engañen: ni el poder ha dejado de ser cosa de señores, ni, en la mayoría de los casos, las carreras de estas 'siete magníficas' que han roto el llamado techo de cristal denotan un liderazgo 'diferencial' ni especialmente transformador.      

Christine Lagarde. / Ashawn thew (EFE)

CHRISTINE LAGARDE. París, 1956. Directora del FMI

En el puente de mando global

Podría decirse que Christine Lagarde ha vivido en un incendio permanente desde que se puso al mando del FMI cuando su antecesor en el cargo, Dominique Strauss-Kahn, fue acusado de violación por la camarera de un hotel de Nueva York. Aquel ascenso súbito, recordemos, tuvo lugar en el 2011, en pleno 'crack' económico y crisis de la deuda soberana. Desde entonces, los títulos de crédito de los tiempos le han reservado el papel de gran prescriptora de la austeridad. Ahora, siete años después, codirige una cumbre cuyo objetivo pasa precisamente por recoser "un mundo fracturado" por, entre otros, las políticas de la organización que ella pilota.

Mucha literatura se ha escrito sobre esta mujer de largas zancadas, vegetariana y madre de dos hijos que, como le decía su entrenador de natación sincronizada, "aprieta los dientes y sonríe", y nadie sabe qué le pasa por la cabeza. Ni en las mesas de negociación en las que siempre se muestra exquisita e implacable, ni por supuesto cuando la justicia francesa la condenó el año pasado por, en sus tiempos de ministra, haber sido "negligente" al desviar fondos públicos al empresario Bernard Tapie, íntimo de Sarkozy.

Hija de maestra y de profesor universitario de literatura inglesa, Lagarde pasó la adolescencia becada en una institución femenina de EEUU. Más tarde se graduó en Derecho, hizo un máster en Ciencas Políticas, fue becaria en el Capitolio y se especializó en la palabra primera: primera mujer en presidir el bufete Baker & McKenzie; primera ministra francesa de Economía; primera titular de Finanzas en el G-8, y primera directora del FMI. Suele decir que, de ministra, colocó en su despacho una alfombra con rayas de cebra para "no tener siempre en frente hombres con traje gris sobre una alfombra gris".

Más allá de folclores, a partir del martes tiene la oportunidad de explicar cómo encaja su organización en esta nueva gobernanza global más humana y equitativa que, aparentemente, reclama el programa de Davos. Que incluso desde esta lujosa estación de esquí se divisa el paisaje en ruinas.

Chetna Sinha. / el periódico

CHETNA SINHA. Mumbai, 1952. Preside el Mann Deshi Bank

La banquera de los pobres

¿Recuerdan al economista Mohamed Yunus? ¿Aquel que ganó en el 2006 el Nobel de la Paz por haber impulsado un banco de microcréditos para gente sin recursos que luego fue acusado de haberse convertido en un instrumento de usura despiadada, de banquerizar y asfixiar a personas sin recursos y de desviar fondos a paraísos fiscales? Pues sin tantas tormentas ni premios bombásticos, Chetna Sinha –presidenta y fundadora del Mann Deshi Bank, que proporciona microcréditos a mujeres de la India rural– llega al panel de mando de Davos con un abultado currículum. Según esta entidad también dirigida por mujeres, cada año prestan servicios –de préstamos a pensiones y seguros– a 25.000 clientas; la tasa de retorno es del 98%; y tienen una escuela de negocios a medida para, por ejemplo, futuras ganaderas o panaderas, y un orden del día que va de construir presas para luchar contra la sequía a lograr mayor peso para los granjeros en el sistema de comercial.

El primer ladrillo de esta catedral, suele recordar Sinha, fue una frase tan pueril como "¿dónde está el lavabo?", que lanzó esta economista de familia acomodada al instalarse con su marido, granjero, en una de las zonas rurales más pobres del país. "Ve al campo y llévate un palo por si vienen los cerdos", le dijeron. "Aquel lugar necesitaba algunos cambios, al igual que mi agenda: pasé de proclamar ‘abajo el capitalismo’  a trabajar para que hubiera lavabos, electricidad y transporte". 

Luego animó a un grupo de mujeres a formar una cooperativa de crédito con el depósito de sus ingresos. Pero el banco de la reserva india les negó la petición. ¿Cómo iban a dársela –decían– si en los papeles de la solicitud en lugar de firmas había huellas dactilares y las casillas de formación estaban vacías? Cinco meses después volvieron con un desafío. Si lograban calcular la tasa de interés más rápido que el señor funcionario, ¿les dejarían constituirse en banco?

En octubre, la revista 'Forbes' celebraba los 20 años de la fundación de la entidad, que ha contribuido a que 300.000 mujeres aumenten sus recursos e independencia, con un artículo titulado 'La cruzada silenciosa' que venía a insistir en ese estribillo que, contra toda evidencia, dice que las herramientas del capital bastan para luchar contra la desigualdad y la pobreza. 

Ginni Rometty. / el periódico


GINNI ROMETTY. Chicago, EEUU, 1957. CEO de IBM

Del suburbio al timón de IBM

Si una cosa le gusta a Ginni Rometty, CEO de IBM desde el 2012, es describir parábolas de personas hechas a sí mismas en las que ella es la protagonista. Por ejemplo: "Cuando era joven, mi padre se fue y dejó a mi madre con cuatro hijos a cargo y sin dinero, ni casa, ni comida –dijo hace poco en un sanedrín de tecnológicas–. Y mi madre, sin título universitario, volvió a la escuela y nos dijo: ‘Esto no va a acabar así, tendréis una oportunidad’. De ella aprendí  que no debes dejar que otra persona te redefina".

Sobra decir que ese "te redefina" de Rometty es altamente polisémico. En su caso, lo mismo sirve para evocar cómo una chica de los suburbios de Chicago escapó a su destino graduándose con altos honores en computación e ingeniería, que para explicar cómo se las apañó para romper el techo de cristal y convencer a inversores y analistas de que el gigante que pilota tiene tanto futuro como pasado.

Casada con el inversor petrolero Mark Anthony Rometty y sin hijos, empezó a trabajar en IBM en 1981 como ingeniera de sistemas, y pasó por ventas y management. Desde que ocupa el primer sillón, el fabricante de ordenadores ha profundizado en los servicios: se ha adentrado en el internet de las cosas con la plataforma de meteorología The Weather, que genera cuatro gigas de datos por segundo, y en la inteligencia artificial con Watson, que permite tomar decisiones a partir de datos. "El gran reto –dice– es cómo converir el big data en inteligencia".  O sea, cómo rentabilizar la información que vamos regalando a golpe de clic.

Durante más de cinco años, la ganancias de IBM cayeron, lo que llevó a 'The Wall Street Journal' a calificarla de "CEO de bajo rendimiento". Los últimos resultados, sin embargo, han sido positivos, lo que está permitiendo que esta clásica en las listas de personas influyentes de Bloomberg y Forbes –y una de las tres mujeres con derecho de admisión en el club de golf Augusta National– se apunte una muesca más en su lucha contra las adversidades.

Isabelle Kocher. / gonzalo fuentes (reuters)

ISABELLE KOCHER. Neuilly sur Seine, 1966. CEO de Engie

Hacia la energía verde

Isabelle Kocher, CEO de Engie, la eléctrica no estatal más grande del mundo, ha dado nuevos argumentos a ese viejo dicho que mantiene que las mujeres tienen más posibilidades de dar el gran salto en momentos de turbulencias. La metáfora, sin embargo, seguramente se queda corta para describir el ambiente desesperado y apocalíptico que debió de rodear a su nombramiento en mayo del 2016, tras un ejercicio en el que Engie había registrado pérdidas por valor de miles de millones.

Con su ascenso, esta hija de un director financiero de Alcatel y de una periodista y autora de obras sobre la Biblia también se convirtió en la primera CEO del Ibex 35 francés, un 'old boys club' de manual. Divorciada, madre de cinco hijos y con una colección de diplomas en física e ingeniera logrados en las escuelas más prestigiosas de Francia, Kocher llegó al primer puesto de Engie tras ir subiendo en el organigrama de la compañía y, antes, haber asesorado a Lionel Jospin en materia industrial.

Cabe decir, sin embargo, que estos 20 meses al mando de Engie le han valido el apodo de 'la resiliente'. "El siglo XXI será el de la energía sin culpa", dice ella en una retórica que sus detractores califican de "mesiánica", en alusión a sus planes de dejar atrás los hidrocarburos, y apostar por la energía solar y eólica. Sin faroles: en tres años, se propone desinvertir en activos vinculados a los combustibles fósiles, y ya en mayo acordó vender por 3.900 millones de dólares su participación mayoritaria en un negocio de gas y petróleo. Al tiempo, compró una empresa holandesa con 40.000 estaciones de carga para vehículos eléctricos.

Adivinarán que la ambiciosa reestructuración de Kocher –que también se propone garantizar que el 35% de puestos de "alto potencial" los ocupen mujeres– ha provocado recelos entre los sindicatos ante los efectos de la reconversión, y amagos conspiratorios de una facción de directivos que de momento están desactivados por los buenos números de la compañía.

Fabiola Gianotti. /  MAXIMILIEN BRICE

FABIOLA GIANOTTI. Roma, 1962. Directora del CERN

La llave de los secretos del universo

De Fabiola Gianotti se suele decir que tiene las llaves de los secretos del universo. Y de ella se habla en términos tan grandilocuentes porque esta física lideró el proyecto Atlas, que en el 2012 dio con el bosón de Higgs –la llamada 'partícula de Dios' buscada durante décadas y con un papel fundamental en el mecanismo que origina la masa–, y porque desde el 2016 dirige la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), que con sus aceleradores de partículas anda intentando resolver ese gran rompecabezas que es la materia y la energía oscuras del universo.

¿Sabían que las estrellas y galaxias que vemos sobre nuestras cabezas apenas conforman un 4% del universo?, suele apuntar esta física que colecciona más de 500 artículos, decenas de reconocimientos y adjetivaciones del corte "una de las 100 mujeres más inspiradoras del mundo" ('The Guardian') o "la científica más influyente" (BBC). El  96% restante, le gusta explicar, pertenece a lo que llamamos oscuro por "el misterio" que entraña y porque "no interactúa con los instrumentos que tenemos, como los telescopios".

Que ella recuerde, la curiosidad y el gusto por lo oculto la acompañan desde niña. Su madre, especialista en música y literatura, la acercó al misterio de las artes y centró su educación en la danza, el piano y las humanidades clásicas. Mientras, su padre, geólogo de profesión, se la llevaba de excursión al campo y le hablaba de otros enigmas: los de la naturaleza. Finalmente, llegada la encrucijada universitaria, se decidió por la física, pensando que le brindaría "la posibilidad de satisfacer esa búsqueda de preguntas y respuestas".

Y en ello sigue. Su mandato en el CERN –en el que ha impulsado, dice, una "democracia popular" y "la diversidad de género, cultura y edad"– expira en el 2021. Luego, asegura, volverá a la investigación y seguirá "estudiando lo infinitamente pequeño para llegar a lo infinitamente grande".

Erna Solberg. / shawn thew (EFE)

ERNA SOLBERG. Bergen, 1961. Primera ministra noruega

La (otra) ‘premier de hierro’

La sombra de Margaret Thatcher es tan alargada y la prensa suele ser tan parca en ideas que a la primera ministra noruega, básicamente por ser mujer y conservadora, suelen llamarla 'Erna de hierro'. Como la premier británica, Erna Solberg creció en una familia de clase trabajadora –su madre era oficinista, y su padre, empleado de la compañía municipal de transportes– y llegó al Gobierno con una agenda neoliberal que, en su caso, hablaba de bajar impuestos, impulsar las privatizaciones y endurecer la política migratoria. Y como Thatcher también solía hacer, para gobernar se dejó en casa los escrúpulos: rompió el acuerdo que habían mantenido las fuerzas políticas y pactó con el xenófobo Partido del Progreso.

En septiembre pasado, su capacidad negociadora y la recuperación económica del país tras el golpe por la caída de precios del petróleo le ayudaron a revalidar la confianza de los noruegos, algo que su partido, el Hoyre, no había logrado en los últimos 30 años. Toda una proeza para una mujer que lidera a los conservadores desde el 2004 y que al principio capeó no pocas intrigas por los malos resultados electorales.

Nacida en Bergen, Solberg se acercó al partido en su época de estudiante, y con apenas 18 años, ya se movía en la política local. Tras licenciarse en Ciencias Políticas y Sociología, en 1989 saltó al Parlamento y en el 2001 fue nombrada ministra de Administraciones Locales y Regionales. Fue en ese sillón desde el que se ganó el apodo de 'Erna de hierro' por su línea dura en inmigración, que le llevó a presionar a Extranjería para echar del país al mulá kurdo Krekar y a negarse a dar asilo al científico israelí Mordechai Vanunu, que había filtrado información sobre el programa nuclear de su país.

En ese clásico del manual conservador, Solberg, madre de dos niños, también practica el campechanismo: suele hablar de sus problemas de sobrepeso y la han pillado jugando al Pokémon Go en el Parlamento.

Sharan Burrow. / el periódico

SHARAN BURROW. Warren, Australia, 1954. Líder sindical mundial.

La andanada sindical

Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (CSI), llega a Suiza esperando que su impugnación al sistema laboral y económico no se disuelva como un azucarillo en esa cumbre del poder que se celebra en la estación de esquí de Davos. Voz y representante de 180 millones de trabajadores de 162 países diferentes, a esta maestra australiana criada en una familia obrera y con un abultado historial sindical a sus espaldas le tocará plantear y pelear por cuestiones que suelen provocar entre desdén y aburrimiento en la corte corporativa.

"Ha llegado la hora de un nuevo contrato social", abre fuego en un texto publicado este miércoles en la web del foro y que querría ser el primer clavo del ataúd de "riesgos globales" como –recuenta– la codicia empresarial, las complicidades de gobiernos y organizaciones internacionales, la precariedad, el colapso climático, la desigualdad, la amenaza militar, la falta de cooperación y las políticas migratorias.

"La democracia se está convirtiendo en un daño colateral en el que los riesgos globales están siendo ignorados o agravados por quienes tienen el poder de actuar", dispara esta experta en educación, relaciones industriales y políticas sociales que, como el resto de sus compañeras de reparto, también resquebrajó el techo de cristal, en su caso sindical, al ser la primera mujer nombrada primero presidenta (2006) y luego secretaria de la organización internacional de trabajadores (2010).

"La negociación del nuevo contrato social debe poner el foco en la responsabilidad de las empresas y las nuevas plataformas–sigue la sindicalista–. La 'uberización' de la economía, con la tecnología usada como excusa para rehuir la responsabilidad, no puede ser aceptada como la quilla de la industria 4.0. Los trabajadores no temen a la tecnología, sino a las condiciones laborales".

El desafío, por tanto, de Burrow será cómo ir más allá de las declaraciones de buenas intenciones. 

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