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EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Javier Gutiérrez: el pelotazo del perdedor

El actor, que tiene "alma de 'loser'", opta a los principales premios del cine español con la película 'El autor' y la serie 'Vergüenza'

Olga Pereda

Su talento es descomunal, pero él sigue teniendo, asegura, «alma de 'loser' y jubilado». Lo dice porque le van más los personajes perdedores, esos que nunca juzga y siempre defiende. Desde el entrañable Sátur de 'Águila Roja' hasta el cretino Álvaro de 'El autor', película en la que pone –literalmente– los genitales en una mesa. Javier Gutiérrez es el actor del año. Está nominado a los premios Forqué y los Feroz (donde hace doblete por 'El autor' y 'Vergüenza', formidable serie de Movistar). Con toda probabilidad, lo estará también en los Goya. La industria del cine tardó en confiar en él, pero ahora le quiere con locura. El amor es recíproco. Pero Gutiérrez tiene el corazón dividido entre su profesión y su familia. Su hijo, Mateo, es la persona por la que vive y respira. Es un actor soberbio, pero a padrazo no le gana nadie.

Chico de barrio 

Nacido en Asturias en 1971, se trasladó de pequeño a Ferrol, a un barrio castigado por el paro y la delincuencia. Salió de allí con 18 años y la ilusión de convertirse en cómico. Su novela preferida es 'El viaje a ninguna parte', donde Fernando Fernán Gómez dibuja una vida de actor con hambre, privaciones y pasión por el oficio. Desembarcó en Madrid y se rascó el bolsillo para patearse como cliente todos los teatros. Con entusiasmo, se apuntó a muchas compañías independientes hasta que encontró el trampolín perfecto: Animalario, laureada, imaginativa y combativa compañía con la que aprendió todo de la profesión de la mano de directores como Andrés Lima y compañeros como Alberto San Juan y Willy Toledo.

Tiene un hijo que se llama Mateo y no acude a ninguna entrevista antes de llevarlo al colegio

Hace ahora 12 años, viéndole en una obra de Animalario, el director Manuel Martín Cuenca se quedó boquiabierto. Desde entonces ha querido trabajar con él. La oportunidad ha llegado con 'El autor', donde el artesanal cineasta –habitualmente intenso– se zambulle en la piscina del humor y la ironía de la mano de una sátira sobre la importancia que se dan los creadores, gente que se suele tomar a sí misma demasiado en serio, seres que están convencidos de la trascendencia de su trabajo.

«Hostias sin miramientos» 

Gutiérrez –que bordó a un delincuente toxicómano en 'Plan de fuga'– es humilde y no piensa que su profesión sea una cima solo alcanzable para unos pocos. Eso sí, advierte de que no todo el mundo puede ser actor. Hay que prepararse y estudiar mucho. Y currar más. Cuando da charlas en institutos y escuelas de interpretación lo primero que dice es que aquí se viene a trabajar con ilusión y ganas porque la profesión te ocupa las 24 horas del día.

Dueño de un físico y un rostro del que no se puede desprender –palabras textuales–, Gutiérrez se metió en la piel de un villano con parche en el ojo en 'Zipi y Zape y el club de la canica' (Oskar Santos, 2013), donde interpretaba al director del correccional. Gutiérrez –que ha interpretado dos veces al dictador Franco– se educó en un colegio de curas en el que se soltaban «hostias sin miramientos» y se golpeaba a los críos con cañas de bambú, así que tiró de ese pasado para construir su (brillante) personaje. Como padrazo que es, está convencido de que los niños tienen que ser niños, tienen que «divertirse y saltarse las normas». Luego ya vendrá la vida de verdad, «la de la madurez y las obligaciones».

Sentirse como "un mono en el zoo" 

Su gran salto llegó en el 2015 con 'La isla mínima', una apuesta arriesgada de los productores y el director, Alberto Rodríguez, que confió en una cara como la suya para un personaje tan dramático y con esa hondura. No solo arrebató el premio Goya al mejor actor a su compañero de reparto, Raúl Arévalo, sino también a un Dios del cine como Ricardo Darín, que competía ese año con 'Relatos salvajes'. «Viva la madre que te parió», le soltó a Alberto Rodríguez en pleno discurso de agradecimiento por el galardón, en el que mencionó con infinito cariño a las mujeres de su vida: su madre, sus hermanas y su pareja.

Manuel Martín Cuenca lo descubrió en una obra de Animalario y, 12 años después, lo ha dirigido en 'El autor' 

Es exigente como pocos. Y profesional hasta decir basta. Incluida una parte de su trabajo que muchos colegas desdeñan: la promoción y las entrevistas con la prensa. Sencillo, educado, agradable y exquisito en sus respuestas, atiende todas las peticiones, aunque pone una única  condición: que le dé tiempo a llevar a su hijo al cole. 

A pesar de su popularidad, admite que puede ir a cualquier bar y tomarse un café tranquilamente. Si viene alguien y le pide una foto, raro es que le diga que no. Y eso que a veces se ha sentido como «un mono en un zoo», con miradas incómodas (no de admiración precisamente) por parte de alguna gente. Esa gente, quizá, no sepa que está delante de uno de los mejores actores de la industria española. Un tipo que se ha codeado con Michael Fassbender. Y eso que a Gutiérrez le van los perdedores. Por eso –y rematamos con fútbol– es fan del Racing de Ferrol, un equipo pequeño que sueña en grande. Como él. 
 

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