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MODOS DE SORTEAR LA INESTABILIDAD LABORAL

Los mil 'oficios' de los actores

¿Qué hacen cuando no están rodando o pisando un escenario? Nueve de ellos nos lo cuentan

Carme Escales

En la maleta del actor hay alas para sobrevolar el mundo en la piel de quien sea. Incluso más allá del guion. Puede interpretar e improvisar tantos oficios, caracteres y vidas como la mente sea capaz de imaginar. ¿Y fuera de escena? ¿Qué pasiones cultivan y disfrutan los profesionales de la interpretación mientras no actúan? Tras hablar con algunos de ellos, descubrimos cómo, entre bolos y películas, van escribiendo el guion de sus vidas llenando vacíos con actividades, retribuidas o no, hasta que llega el próximo contrato. 

El verano del 2009 el actor Fèlix Pons (foto en cabeza) había terminado de rodar su interpretación del doctor Jacobo Muñiz en la serie 'Hospital Central' (Tele 5) y embarcaba en un avión con destino a Londres. Se había inscrito en la Saint Martin’s School, la prestigiosa escuela de arte donde sería alumno de escultura y pintura.

Fueron tres semanas. Suficientes para cargar las pilas de una afición que el actor catalán deja fluir tantas horas como puede en su taller del Poblenou. Es un espacio en el interior de una nave industrial que comparte con otro artista. «Depende del día, me puedo pasar aquí de cuatro a ocho horas», dice Pons. «Siempre tuve la duda de si dedicarme plenamente a las bellas artes. Me siento creador antes que otra cosa, lo llevo dentro».

Fèlix Pons: «Siempre tuve la duda de si dedicarme 
plenamente a las bellas artes»

Por eso, empezó la carrera de Historia, pero enseguida entró en el Institut del Teatre.  Y el trabajo como actor no le ha ido nada mal. Además, en el 2013 dirigió su primer espectáculo, 'La tardor barcelonina'. Pero, seguía sintiendo que le faltaba algo, y empezó a compaginar el trabajo de actor y director con su vocación como artista plástico. En su última exposición de pintura, en el Espai Mallorca de Barcelona, expuso cuadros inspirados en las 'teles de llengo', típicamente mallorquinas. Es algodón con líneas de trazo irregular, tras su inmersión en tinte. «Es la primera muestra con la que me vinculo a Mallorca, la tierra de mi padre», dice.

Exposición en Tailandia

El arte son vasos comunicantes por los que Fèlix Pons circula. «Cuando no actúo, ni dirijo, ni produzco, genero espectáculos diversos. Ahora preparo un recital-concierto sobre el poeta y boxeador Arthur Cravan, al mismo tiempo que trabajo en una exposición que haré en Tailandia», expone el actor. Y, para dejar bien clara esa permeabilidad entre artes por las que tan cómodamente se mueve Fèlix Pons, sirvan sus clases en la Escola Massana de la que primero fue alumno. Ahora él imparte las clases del curso que lleva por nombre: 'Artes visuales y nuevas dramaturgias'.

Atreverse

Nadar, ir a comprar al mercado y cocinar acaban de llenar las horas del actor cuando no está actuando. «Las cosas debes hacerlas cuando las sientes. Cuando pinto o preparo una escultura, lo que menos me preocupa es cómo saldrá, lo importante es que le estoy concediendo el espacio para que algo salga. Lo que se lleva dentro, hay que dejarlo salir. Te tienes que atrever» concluye.

Maria Molins: cuando no actúa, escribe y canta. / DAVID RUANO

La actriz Maria Molins por fin se atrevió a apostar por algo que, como Fèlix Pons, también había llevado siempre dentro, pero a lo que no le había dedicado ni tiempo ni atención: su voz.  «Yo había cantado alguna vez, pero de manera muy anecdótica. Y me preparé todo un año con la profesora de canto Ruth Bellido. Después de 20 años de trabajar como actriz, me puse como reto cantar», explica. 

Entre bolo y bolo

Todo empezó en sus días de sequía laboral. Buscaba ratos para cantar, y para escribir, y hoy con ello sube a escena. «Era un proyecto que tenía en mente hacía cinco años. 'Cabaret (A)' es un espectáculo realizado con Bárbara Granados. Yo escribí los textos y ella compuso las melodías. Y el Festival Grec nos lo compró. Estrenamos y nos salieron muchos bolos. El 12 de diciembre hacemos una actuación benéfica en la Sala Muntaner, para recoger fondos para la investigación del cáncer de mama, con la asociación Àgata», explica. Maria Molins demuestra que el trabajo es como un dinamo, cuanto más hay, más llega. Este es uno de sus años más fructíferos de su carrera profesional: ha sabido dar cuerda también a su afición de cantar. Está en la película de Sílvia Munt 'Vida privada', inspirada en la novela de Josep Maria de Sagarra. Y ahora rueda una película dirigida y escrita por Julio Medem. Pero en su tiempo libre, su canto ya no cesa nunca, tampoco en la ducha del gimnasio, esa válvula de escape y plataforma para estar en forma. Los cursos de cocina y el intercambio de inglés-castellano con una profesora de inglés en una cafetería van ocupando su tiempo, también, entre bolo y bolo y entre rodaje y rodaje.

Maria Molins: «Después de 20 años  de trabajar como actriz, me puse como reto cantar»

De La Cubana a guía turística

Así es como también la actriz Ota Vallès, que fue durante 10 años miembro de La Cubana, va dejando fluir su pasión: guiar visitas al patrimonio histórico de Terrassa, su ciudad. «Además de mi formación actoral en dramaturgia, estudié Historia del arte, y nunca he dejado de hacer cosas vinculadas con el arte. Solo las temporadas largas de gira tuve que aparcarlo. Pero siempre me tienen de retén», apunta la intérprete. «Me gusta muchísimo comunicarme con la gente, expresarme, y explicar cosas me encanta».

Ota Vallès, en su faceta como guía turística. / ELISENDA PONS

Ota Vallès: «Además de interpretación, estudié Historia del arte, y nunca he dejado de hacer cosas vinculadas con el arte»


Ota Vallès también imparte clases de interpretación a niños y adolescentes en escuelas de teatro y de vez en cuando a adultos. Pero adora bajar a la calle –vive junto al castillo cartujano y las iglesias de Sant Pere de Terrassa– y encontrarse con personas interesadas en la historia de esos muros. «La gente también me explica muchas cosas, se crea un diálogo interesante, es algo muy agradecido», dice.

Pasear a caballo

La vida de un actor es un abrigo reversible. Y el de Josep Julien se da la vuelta en el campo. Concluida la temporada en el Teatre Condal con la obra 'Los vecinos de arriba', y con un pie en la tele a través de la serie 'Com si fos ahir' (TV-3), mientras valora otros proyectos, experimenta la creación de cuentos. «Durante unos años escribí guiones. Hice unas cuantas piezas y gané algún premio. Pero mi escritura ha ido derivando a la narrativa», explica. «Después de más de 25 años de carrera, hace tiempo que aprendí que, en periodos de calma de trabajo, de ti mismo puede surgir trabajo», comenta Julien. «Me di cuenta durante un tiempo en el que pasé un año y medio sin trabajar. Tuve la suerte de organizarme y llevarlo con mucha dignidad. Escribí el monólogo de 'El bon pare'. Surgió de la 'teórica' inactividad. Aquello me demostró que no tener trabajo es una oportunidad, por eso ahora le he perdido bastante el miedo al paro», admite. Y lo hace entre las viñas de Torrelavit, donde disfruta de largos paseos junto a su perro y a veces también a lomos de un caballo. «Acompaño a mi hija a hacerlo, que se le da muy bien. Yo solo paseo». Son sus maneras de meditar y relajarse. «En una zona tan rural, la tierra la tienes cerca quieras o no. Y a mí el campo de cultivo me hace pensar también en el trabajo orgánico del artista», comenta.

Josep Julien: «El campo de cultivo me hace pensar también en el trabajo orgánico del artista»

Cultivar el huerto

Miquel Sitjar le encanta viajar a su infancia comiendo guisantes y otras verduras que él mismo produce. «Compartimos con unos amigos una masía en el Montseny, y a mí lo que más me gusta es trabajar en el huerto, me desestresa muchísimo. Y puedo comer tomates, habas, guisantes y judías, calabacines o pepinos como los que hacía 20 años que no comía», revela. «También experimento. Pruebo a ver si me salen buenos melones, por ejemplo», añade el actor, que ahora sube a escena en el Club Capitol con la impactante comedia 'Sota teràpia'.

Pues bien, cuando no está actuando, ni cuidando de su huerto, puede que esté puliendo alguna madera. «Soy muy mañoso. Me gusta mucho hacer cosas con las manos. Ahora hago muebles de jardín, pinto, aíslo, trabajitos de la casa, para hacer cómoda la masía», dice Sitjar. También da clases de teatro a adultos en la escuela Complot Escénico y a jóvenes en el centro Més que teatre de El Masnou. «Eso me aporta estabilidad en esta profesión tan inestable y me resulta muy gratificante», concluye Sitjà.

En el caso del actor Xavi Sáez, la actividad no surgió de una afición, sino de la necesidad de trabajar, lo que lo llevó a descubrir el oficio de celador. Entre los 20 y hasta más allá de los 30 años, siempre tuvo su plan B, para los tiempos muertos del teatro. «Mientras estudiaba y, entre obra y obra, hice de todo: trabajé en una perrera, fui chófer y camarero», recuerda. Su madre había sido enfermera en el Hospital del Vall d’Hebron y le informaba de cuándo abrían la bolsa de trabajo para convocar a celadores. «Estuve en traumatología mucho tiempo. También me enfrenté con la muerte, tienes que llevar a la nevera los cuerpos, y eso te hace reflexionar sobre la fragilidad de la vida», rememora. «En un hospital, un actor también puede aprender muchísimo,  porque ve a todo tipo de personajes», dice. «El primer año me sentía muy útil cambiándole el cojín a un paciente con tetraplejia. Pero al cabo de un tiempo me subía por las paredes. Quería ser actor. Y me puse a tope con ello, pero mis horas de celador no las olvido», asegura el actor, que ahora actúa en La Villarroel en 'La calavera de Connemara'.

Viajar, caminar, leer

Aprender a relajarse es de las primeras cosas que Mercè Sampietro admite que aprendió a hacer en épocas en las que el trabajo disminuía. «Como creo que debe pasarle al 90% de los actores, yo lo primero que hago cuando termino un proyecto es preocuparme por si llegará otro pronto», apunta la actriz que ha cerrado ya su larguísimo compromiso con 'La Riera' (TV-3). Ahora rueda en Madrid una serie de televisión que se emitirá a partir de abril. Para ella, viajar a ciudades como Londres, Nueva York o Buenos Aires forma parte de sus planes para darle la vuelta a una época con menos trabajo. «Y mirar películas de cine y series, eso me encanta. Pero también caminar, leer, entretenerme cocinando y perder el tiempo, sentarme en la terraza de casa a tomar el sol», afirma. «Dos veces al año procuro hacer una desintoxicación haciendo dos días de ayuno. Aunque me gustaría cuidarme más, y hacer algunas clases, por ejemplo, de pilates», añade la actriz y vecina de Sant Andreu. Cuidarse y relajarse, labores cotidianas y muy caseras ayudan a compaginar tiempo de menos actividad profesional.

Mercè Sampietro: «Lo primero que hago cuando acabo un proyecto es preocuparme por si llegará otro pronto»

La actriz Annabel Totusaus lo sabe bien. Ella le cogió afición a la costura y ahora no hay quien la desenganche de su máquina de coser. «He hecho algún curso de costura en la Escola de la Dona. Curioso, porque allí donde aprendía a coser con la máquina, me enseñaron antes teatro», explica. Eso fue antes de entrar a formar parte de la compañía teatral La Cubana, cuando tenía 29 años.

Dándole al pedal

¿Y qué cose Totusaus? Un poquito de todo, y todo lo que le hace gracia. «Puedo hacer un bolso, o unas bermudas, pero también ropa para las obras de teatro en las que trabajo», cuenta. La última ropa para un montaje que ha cosido han sido las fundas para guardar la escenografía de la obra 'Dos familias', con Pau Sastre y Eduardo Telletxea. Es una obra sobre la acogida de menores que ahora va saliendo de gira.  Y hasta que no se estrene 'Llibertí', de Joan Lluís Bozzo, en el Poliorama, a mediados de febrero, Annabel Totusaus podrá darle su tiempo al pedal costurero. «He cosido mucho, me ayuda a evadirme. Si te enganchas a una afición, te da tranquilidad, porque el actor se pone muy nervioso si no venada en el horizonte», admite la actriz, que se ha comprado una bicicleta para pasear junto al mar en el Maresme, donde vive.

Annabel Totusaus, una apasionada de la costura. / DANNY CAMINAL

Roger Coma: «Me levanto antes de  las cinco
para hacer pan: preparo la masa y me vuelvo a la cama»

Y la adicción que es para Totusaus coser, lo es para el actor Roger Coma hacer pan. «Vivo en un barrio, el Born, que está fatal de panaderías. Tenía un libro en casa para aprender a hacer pan, pero no le había hecho caso, hasta que descubrí unos videos tutoriales y me enganché», explica. Se puso muy en serio. «Me levanto antes de las cinco de la mañana, preparo la masa y vuelvo a la cama», dice. «Es adictivo porque vas probando tipos de levadura», dice. «No había tenido nunca un hobby. Y ahora lo tengo, y tiene mucho que ver con la moda de hacerte las cosas tú mismo», cuenta. «Empecé con un chusco común y desde el primer día me salió bueno. Y eso es una putada porque entonces te secuestra. Esto me hace feliz». 

Entre obra y obra, reciclaje

El espíritu creativo que lleva intrínseco la profesión de actor ya determina la mayoría de veces que, en momentos en los que no hay un contrato en marcha, los actores y las actrices se las ingenian para crearse ellos mismos el trabajo o, sencillamente, para reciclarse.

La actriz Annabel Totusaus, por ejemplo, puso en marcha una compañía de teatro, Dos Familias, con otros dos actores: Pau Sastre y Edu Telletxea. «Lo hicimos en una de esas épocas de impase entre contratos, y también pensando en todos los demás momentos en los que estaríamos de impase».

Las opciones B sin dejar la interpretación, de la mano de proyectos personales, son las primeras que se activan cuando no se tiene trabajo, y se suelen alimentar de sinergias y amistades del entorno escénico. Desde la Associació d’Actors i Directors Professonals de Catalunya (AADPC) se promueven tales sinergias. Además de una bolsa de trabajo, organizan actividades, como clases de inglés o talleres para reforzar habilidades escénicas, que hacen diana en ese continuo reciclaje profesional.

La asociación cuenta con más de 1.300 socios, a los que se encarga de promocionar, con iniciativas como las 'Lecturas dramatizadas'. Las organiza cada año la AADPC conjuntamente con las fundaciones Aisge y Romea. Su objetivo es proporcionar trabajo al sector y servir de escaparate para incrementar las posibilidades de contratación de las actrices y actores asociados. Además, proporciona un material gráfico que los actores y los directores pueden utilizar para ampliar y potenciar su currículum y dar visibilidad a sus proyectos.

Aunque es una cifra difícil de valorar exactamente, por la temporalidad que conlleva el trabajo en la profesión de actor, desde el propio sector se estima que en Catalunya hay unos 3.000 actores y actrices profesionales. No todos tienen la suerte de hilar contrato con contrato y de alguna manera se ven obligados –por obligación o devoción– a dar cuerda a la vida fuera de escena.
 

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