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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

La tuatara.

¿Le agobia el 'procés'?

Juan Carlos Ortega

Si el tema catalán empieza a cansarle, creo que hará bien en leer estas breves líneas. Es mi pequeña aportación al mantenimiento de su salud mental, amable y saturado lector de prensa. Para compensar tantísima información acerca del asunto, hoy le quiero hablar de todo lo contrario.
Por tanto, alejémonos del tema todo lo posible. ¿Cómo? En primer lugar, vayamos a las antípodas. Catalunya se encuentra a 41,3 grados de latitud norte y 2,1 de longitud este. Su antípoda es una bonita ciudad de Nueva Zelanda llamada Waitangi, un importantísimo lugar para conocer a fondo la cultura maorí.

Para compensar tantísima información sobre el asunto, hoy le quiero hablar de todo lo contrario

Hablemos, pues, de Waitangi. ¿Pero, de qué tema de los muchos que puede sugerirnos ese lejano lugar? Ya que hemos localizado la antípoda geográfica, busquemos también la cuestión opuesta. Si es la independencia en Catalunya lo que nos agobia, hablemos de la dependencia en Waitangi.

Dicho así, puede parecer complicado, pero es posible lograrlo a poco que nos esforcemos. La independencia catalana es algo entre humanos. Para alejarnos de la cuestión, hablemos de la dependencia en animales y ya tendremos el tema del artículo: la dependencia animal en Waitangi. ¿Se dan cuenta? Hemos encontrado la cuestión más alejada posible al 'procés' soberanista. Pensar en ello nos ayudará a alejarnos del conflicto catalán y relajar así nuestros aturdidos y maltratados cerebros. Empecemos, va, que nuestro objetivo merece la pena.

¡Waitangi, qué precioso lugar, Waitangi, qué riqueza visual, cuánta flora y cuánta fauna! Aguas azules y un cielo maravilloso nos recuerdan que el mundo puede ser algo estupendo. ¡Cuánta paz! Allí encontramos un curioso reptil, la tuátara. Gracias a la frialdad de su sangre y a los lentos procesos de su metabolismo, puede llegar a vivir un siglo. Se alimenta principalmente de grillos, a los que devora con entusiasmo. La dependencia de la tuátara (tema de este escrito) está relacionada, por tanto, con el grillo.

La antípoda de Catalunya es Waitangi; en lugar de hablar sobre la independencia entre humanos, hagámoslo sobre la dependencia animal en esta ciudad neozelandesa

Los grillos en Waitangi cantan igual que los nuestros. Si usted viviera allí y abriera una ventana por la noche después de una esforzada jornada de trabajo, podría relajarse escuchando su hipnótico sonido. Cri-cri-cri. Cierre los ojos e imagínelo: cri-cri-cri. Esos lindos animalillos le recordarían, con amor, que ya se ha hecho de noche: cri-cri-cri, igual que aquí, en Catalunya, a esa misma hora, escuchamos el clon-clon-clon, de las caceroladas que en muchos balcones... ¡Mierda, perdón!

¡Lo siento, lo siento, lo siento! Me sabe fatal, querido lector. Sé que la lejanía le había hecho olvidar la maldita cuestión y yo, por estupidez, he tenido que recordársela. De verdad que ha sido sin querer. Se me ha escapado, le doy mi palabra.  No sé que puedo hacer para que me perdone. Es que últimamente solo pensamos en eso y es muy difícil que el cerebro no nos juegue una mala pasada.

Si yo fuera millonario, regalaría a cada lector un viaje a Waitangi, pero como no lo soy, tan solo puedo aconsejarles que desconecten de la actualidad un rato, que salgan a la calle con su familia y pasen un bonito día.

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