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EL PERSONAJE DE LA SEMANA

El niño indio que memorizaba los números de teléfono

La Unión Europea ha impuesto esta semana a Google una multa récord por violar las normas antimonopolio. Su consejero delegado, Sundar Pichai, tiene una de esas historias que hacen grande a América.

Ricardo Mir de Francia

El niño indio que memorizaba los números de teléfono

Sundar Pichai no está acostumbrado a las malas noticias. Como consejero delegado de Google, su compañía tiene la segunda mayor capitalización bursátil del mundo, solo por detrás de Apple, con un valor que ronda los 580.000 millones de dólares. Pero esta semana, el mastodonte estadounidense recibió un doloroso varapalo de la Unión Europea. Bruselas le impuso la mayor multa antimonopolio de su historia, una sanción de 2.424 millones de euros por vulnerar la competencia en el mercado de las búsquedas de internet. Concretamente, castigó a su servicio de comparativa de precios, tras acusar a la compañía que dirige Pichai desde 2015 de favorecer sus propios servicios y sus anuncios de pago sin que los usuarios sean conscientes del trato preferencial.

DIPLOMACIA, SONRISA Y LUCIDEZ

Google sobrevivirá. Solo en el último trimestre del 2016, Alphabet, su compañía matriz, ingresó 26.000 millones de dólares, suficiente para pagar hasta 10 multas como la impuesta por la Comisión Europea. Y también lo hará Pichai, el inmigrante indio que dirige Google con dotes de diplomático, sonrisa de anuncio de pasta de dientes y una lucidez sobre el futuro que catapultó su ascenso meteórico entre los 60.000 empleados de la empresa de Menlo Park. Tras unirse a la compañía en 2004 para trabajar en la barra de herramientas de Google, Pichai convenció a Larry Page y Sergey Brin para embarcarse en el desarrollo de un motor de búsqueda, a pesar de la oposición del entonces CEO, Eric Schmidt, quien pensó que sería una carísima distracción. Así es como nació Chrome, el buscador que solo en EE UU acapara el 64% de las búsquedas por internet y es una máquina de generar ingresos publicitarios.

HIJO DE TAQUÍGRAFA E INGENIERO

El ascenso de Pichai es una de esas historias que hacen grande a América, especialmente en la era de Donald Trump, empeñado en restringir la inmigración a Estados Unidos. Hijo de una taquígrafa y un ingeniero eléctrico indios, Pichai creció en Chennai, la capital de Tamil Nadu, el estado más meridional de la India. Se crio en un apartamento de dos habitaciones, sin teléfono en casa ni coche familiar. Dormía en el comedor con su hermano, y los festivos se apretujaba junto al resto de la familia en el scooter Lambretta de su padre para ir a la playa. El teléfono llegó a su casa cuando tenía 12 años y sus padres no tardaron en advertir que el chaval tenía un talento especial: recordaba los números con una facilidad pasmosa. “Mi tío me llamaba y decía ‘he perdido este número de teléfono, pero tú me ayudaste a marcarlo una vez’. Yo se lo daba, aunque no estoy seguro que fuera tan útil”, contó en una entrevista.

200 MILLONES DE DÓLARES ANUALES

Pichai siguió los pasos de su padre estudiando ingeniería, con tanta brillantez que se ganó una beca para Standford. Cuando se embarcó en el avión tenía 20 años y era la primera vez que volaba. El billete le costó el equivalente al salario paterno de un año. Al aterrizar en Estados Unidos, no podía creerse los precios de las cosas. Claramente, no imaginó que con el tiempo acabaría ganando 200 millones de dólares anuales.

Su plan inicial pasaba por estudiar un doctorado y dedicarse a la academia, pero tras licenciarse se puso a trabajar como ingeniero una empresa de semiconductores de Silicon Valley. De allí se fue a Wharton a hacer un máster, otra de las universidades de la Ivy League, por la que pasó también el presidente Trump. Luego trabajó en la consultora McKinsey, antes de recalar en Google en 2004. Su entrevista de trabajo cayó el Día de los Inocentes, y cuando le preguntaron qué pensaba de Gmail, el servicio de correo electrónico que Google acababa de lanzar discretamente en el mercado, pensó que “era una broma”. Por el gesto serio de sus entrevistadores no tardó en comprender que se había equivocado.

SEGUIDOR DEL BARÇA Y LEO MESSI

Una vez en Google, Pichai se erigió en uno de los arquitectos del buscador y de su sistema operativo, que sirvió para desarrollar los Chromebooks, unos portátiles de bajo coste. En 2011, Larry Page lo puso al frente de Gmail y Google Docs, y dos años después pasó a dirigir Android, el sistema operativo para móviles más popular del planeta. “Pichai tiene profundos conocimientos técnicos, un gran ojo para los productos y una tremenda capacidad de emprendimiento”, le ha dicho Page a Bloomberg. “Es una rara combinación, que le convierte en un gran líder”.

Hay también otro aspecto esencial en su personalidad. A diferencia de otros genios de Silicon Valley, no está endiosado, tiende a reírse de sí mismo y derrocha empatía. “Te desafío a que encuentres a alguien en Google que no le guste Sundar o que piense que Sundar es un imbécil”, le dijo a Business Week el vicepresidente de la compañía, Caesar Sengupta. Pichai es del Barça y fan de Leo Mesi. En el último Congreso Mundial de Telefonía aprovechó la visita a Barcelona para irse a visitar La Masía.

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