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EL FIN DE UNA ERA DE LA MÚSICA MODERNA

Los viejos rockeros se jubilan (o eso dicen)

Jordi Bianciotto

Los viejos rockeros se jubilan (o eso dicen)

Charles Sykes

Tras anunciar su separación, en los años 80, los Eagles aseguraron bromeando que se reunirían solo «el día que el infierno se congelara», pero, años después, nuevas motivaciones, en paralelo al tintineo de la caja registradora, volvieron a lanzar a la carretera a los creadores de 'Hotel California'. Y como ellos, tantos otros: donde dije digo, digo Diego. Pero, ¿hasta cuándo? El desgaste de los materiales y el mismo fin del ciclo vital envuelven ahora en el crepúsculo las carreras esenciales de la música moderna, los pieronero que, en los 60 y 70, establecieron las bases de la cultura pop: The Who, Eric Clapton, Deep Purple, Aerosmith y unos cuantos más oficializan este año su retirada o el comienzo de ella.

LA MUERTE VA EN SERIO

¿Habrá que creerlos? Bien, aunque el repaso a los currículos de los grandes de la música aconseja prudencia (abundan los conciertos de despedida que al final no lo fueron) y conviene que ir caso a caso, todo trayecto vital tiene su punto de expiración. Incluso en un mundo, el del pop, en que se ha jugado a camuflar las edades y el envejecimiento, mostrando estrellas instaladas en una eterna juventud. Pero, caídos en los últimos años algunos mitos 'bigger than life', que rompían escalas y parecían sobrehumanos, como Michael Jackson, David Bowie o Prince, se impone la evidencia: amigos, lo de la muerte va en serio y nadie se libra. 

Caídos algunos mitos que rompían escalas, el pop ha demostrado que no es sobrehumano

En materia de bandas de rock, todas descubrieron hace tiempo que su marca era más poderosa que cualquiera de sus individualidades, y por eso Mick Jagger tuvo que hacer marcha atrás en su sueño de convertirse en estrella multimedia en solitario y acceder al retorno de los Rolling Stones, en 1989, con 'Steel wheels', sentando las bases de sus futuras y lucrativas giras mundiales. El 27 de septiembre actuarán en el Estadi Olímpic barcelonés y, aunque Jagger y Richards ronden los 74 años, nadie se atreve ya a hablar de «última vez». Pero ese 'tourfinal llegará y, seguramente, más pronto que tarde.

FALSAS DESPEDIDAS

De hecho, los Stones, aunque tengan fama de lo contrario, son una excepción en el folclore de los falsos adioses: nunca han anunciado una gira con el reclamo de 'Farewell tour', a diferencia, por ejemplo, de su amiga Tina Turner (eso decía el subtítulo de su gira 'Foreign affair', que pasó en 1990 por la Monumental, expedición a la que siguieron otras cuatro hasta su aparente despedida ya en el 2009). Y, fuera del ámbito del rock, están los estridentes casos de los ya fallecidos B. B. King y Chavela Vargas, artistas que apuraron sus últimos años de actividad anunciando giras de adiós que quedaban desmentidas al verano siguiente.

Los retiros precipitados, corregidos al cabo de un tiempo, son un clásico del rock desde que, en 1973, David Bowie anunció su concierto en el Hammersmith Odeon, de Londres, con los Spiders from Mars, como el último de su carrera. Bien, un poco antes, en 1970, Joni Mitchell presentó su recital del Royal Albert Hall como el de su retiro. Y Cream, el grupo de Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker, inmortalizó su 'Goodbye', disco y película, en 1969, y cumplió, aunque en el 2005 el trío ofreció conciertos de reunión en Londres y Nueva York. Última oportunidad, puesto que Bruce murió en el 2014 y Clapton ha anunciado recientemente su imposibilidad de seguir tocando. Un caso flagrante: The Who, que solo siete años después de su 'Farewell tour' de 1982 volvieron a las andadas, y hasta hoy.

LOS BEATLES: LA CONSERVACIÓN DE UN SUEÑO

En un sentido inverso, los Beatles representan la conservación impoluta de un sueño. Separados en 1970, cuando creativamente seguían en un punto álgido (cuatro años atrás ofrecieron su último concierto), la muerte de Lennon, una década más tarde, puso las cosas extremadamente difíciles a quienes desearan fantasear con las segundas partes. En su caso, no significó no, y el ya tardío encuentro de Paul McCartney, George Harrison (fallecido en el 2001) y Ringo Starr se limitó a completar en el estudio un par de canciones que Lennon había dejado inconclusas, 'Free as a bird' y 'Real love', para la serie 'Anthology'. Salir de gira con el nombre de los Beatles habría sido un disparate, aunque con los años, y salvando distancias, hemos asistido a polémicas reconstrucciones de bandas que habían perdido a líderes carismáticos: aquellos The Doors of the XXI Century que, tres décadas después de la muerte de Jim Morrison, sacó adelante el teclista Ray Manzarek, ese Creedence Clearwater Revisited que John Fogerty llevó (sin éxito) a los tribunales o, a una escala mayor, las refundaciones de Queen con Paul Rodgers o el joven Adam Lambert reemplazando al irreemplazable Freddie MercuryThe Band se despidió en 1976 con 'The last waltz', pero tuvo otra vida posterior sin Robbie Robertson.

Grupos como Scorpions y Judas Priest apuran sus trayectorias y sus largas «giras de despedida»texto destacado

RETORNOS FRUSTRADOS

Llama la atención que uno de los grupos cuya reunión, o gira a la vez de reencuentro y despedida, manejaría cifras con más ceros, y que sigue resistiéndose 'ad eternum', sea un nombre asociado al pop más frívolo y comercial. Hablamos de Abba, cuarteto al que han llegado a ofrecer 1.000 millones de dólares por un 'tour'. En cambio, bandas que abanderaban cierta ética punk, antilucro, como The Velvet Underground  y Sex Pistols, sucumbieron a las ofertas, por no hablar de tantas y tantas bandas de rock alternativo que reflotan en el circuito de festivales. Otros regresos que han sido tanteados sin éxito por la industria son los de Led Zeppelin y Pink Floyd, mientras que se conservan en el territorio de lo improbable los de Talking Heads (objeto del deseo número uno del Sónar) y The Smiths, que en el 2009 rechazaron una oferta de 50 millones de libras (57 millones de euros).

En el mundo de los cantautores, un referente de actitud fue el lapidario concierto final de Jacques Brel, el 15 de mayo de 1967 en la localidad de Roubaix (Francia), que fue anunciado como tal. El autor de 'Ne me quitte pas' tenía solo 38 años, pero deseaba concentrar sus energías en la obra discográfica y en el cine. También para Lluís Llach era pronto para dejarlo, pero, 10 años después de su último recital en Verges, en marzo del 2007, cuando tenía 58 años, mantiene la palabra. Y todo apunta a que el adiós a los escenarios (y a los discos) al que se ha comprometido Raimon, tras su tanda de 12 recitales el pasado mayo, es fiable.

Hoy es muy difícil establecer vínculos tan duraderos y transversales: todo va rápido y los gustos están mucho
más fragmentadosexto destacado

EL NEGOCIO DEL ÚLTIMO 'TOUR'

Sí, anunciar una última gira es una buena jugada financiera: precipita la ansiedad colectiva y las ganas de ver a un artista de referencia antes de que sea demasiado tarde. Y en los últimos años ha habido auténticos profesionales de la perpetuación de ese ritual del adiós. Muy particularmente en el campo del rock duro y el metal. Ahí tenemos a Kiss, que ya en el 2000 oficiaron un 'Farewell tour' por medio planeta que, para pasmo de sus fans, dio pie a nuevos itinerarios e incluso un par de discos. «No nos quedan más montañas que escalar. Queremos retirarnos con estilo», dijo entonces Gene Simmons poniéndose melodramático. «¿Por qué volvemos, por el dinero o por los fans? Por ambas cosas», replicó años después su colega Paul Stanley.
    Otros que tal son Judas Priest Scorpions. Los primeros se hartaron de vender entradas de su 'Epitaph tour' (2011-12) con el reclamo de la última gira. Alegaron cansancio e inquietudes que se proponían desarrollar en solitario, pero, al final, el camino se despejó tras la marcha de uno de los miembros históricos, el guitarrista K. K. Downing. Desde entonces, los autores de 'Breaking the law' han seguido girando y grabando: en el 2014 lanzaron 'Redeemer of souls' y ahora ultiman un nuevo trabajo. En cuanto a Scorpions, en el 2011 anunciaron tour de despedida, así, con todas las letras, un itinerario que ha estado vivo durante un lustro.  «Después del Farewell tour ya no quiero volver a hablar de giras de despedida ni quiero hacer predicciones», resolvió con alegría Rudolf Schenker ante las preguntas de la prensa. El suyo es un caso de gira de nunca acabar, ampliando mercados y tocando en lugares que nunca habían soñado con poder verles: este verano, Scorpions actuarán, por ejemplo, en Torrelavega (12 de julio) y Mérida (14).

ÍDOLOS TRANSVERSALES

Pero, aunque se empeñen en estirar sus vidas escénicas tanto como el mercado se lo permita, hablamos de una generación de artistas que poco a poco va tocando a su fin. Una quinta que estableció los parámetros del star system del rock y de la moderna cultura popular, ídolos totales, transversales, con los que se identificaban capas extensas de público. 
Los Beatles, Bowie, Cohen, Pink Floyd, Deep Purple. Quien fuera joven en 1972 muy probablemente sería simpatizante, cuando no fan, de alguno de ellos. O de todos. Esa capacidad de establecer vínculos emocionales a gran escala y duraderos está en duda a estas alturas del siglo XXI, cuando los gustos están tan fragmentados y todo va tan rápido, cuando los carrerones pueden ser supersónicos para entrar al poco tiempo en crisis y ser suplidos por nuevos fenómenos. Otros tiempos, otra clase de retos y de liderazgos, y nuestro deber es resistirnos a la melodía complaciente de que cualquier tiempo pasado fue mejor.