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Barcelonidad

Risto Mejide

Barcelonidad

LEONARD BEARD

Vengo de una ciudad que fue concebida como un vinilo. Con su cara A y su cara B. El anverso está lleno de fachadas modernistas, hípsters, erasmus, postureo, moderneces y modernitos. En el reverso se acumulan trasteros y trastadas no previstas ni en las islas verdes de Ildefonso Cerdà. Manteros, comercio, pisos turísticos, saturación, precios, paro, inseguridad ciudadana. Vengo también de un lugar en el que las cosas te suenan porque parece que siempre vuelven y luego hay cosas que se quedan rayadas, en bucle, y parecen no poder nunca salir de ahí. Como la L9. Como la plaza Lesseps. Como las Glòries. Como Rodalies. Como la eterna Diagonal. Como el aeropuerto del Prat.

Gaudí y el Barça vienen a ser nuestros Lennon y McCartney a nivel planetario, a nivel global

Esta obra maestra cualquiera diría que vive de rentas de algo que se marcó en el 92, aunque para ser justos, también es verdad que tiene cuatro o cinco singles que son los que todo turista quiere escuchar. Todos compuestos por Gaudí o por el Barça, que vienen a ser nuestros Lennon y McCartney a nivel planetario, a nivel global. Al turista no le hables de la belleza de las puestas de sol Cadillac Solitario o de las bravas del Tomás, porque ni le interesa, ni te lo va a comprar, simplemente porque no le entra ya ni en la cabeza ni en el ticket consumición. Pero de turistas ni hablemos, que luego parecerá que me subvenciona AirBnB.

El caso es que vengo de una ciudad en la que las cosas se dividen entre lado mar o lado montaña. Todo está situado así. O vives en lado mar, o vives en lado montaña. O te diriges al lado mar, o al lado montaña. Todo baja porque todo sube. Hay un lado sol y otro sombra. Como en los mismos toros que aquí están prohibidos. Menos mal. Negaré que lo he escrito, pero estoy convencido de que eso te configura una manera de pensar. Igual que en su día existió y triunfó la 'Barcelona posa't guapa', hoy podemos asegurar que existe y triunfa la barcelonidad. Sí, iba a decir barcelonismo, pero era demasiado 'tot el camp'.

En qué consiste –para mí– la barcelonidad. Yo diría que es el síndrome que sufre quien ha nacido en una ciudad insuperablemente poliédrica, compleja y bella, no tan grande como para ser considerada un problema, ni tan pequeña como para pasársela. Y en qué consiste ese síndrome, te preguntarás.

Barcelonidad es pensar que tu ciudad es insoportable, pero es la que más te gusta no soportar

Barcelonidad es pensar que tu ciudad es insoportable, pero es la que más te gusta no soportar. Es echar de menos sus calles sobre todo cuando no las sufres. Es quejarte por lo fea que se muestra a veces, pero viajar por el mundo considerándote barcelonés antes que español, europeo o catalán. Es no entender nunca sus cambios, sean cuales sean, sus hoteles vela y sus torres Agbar, pero al poco tiempo, reconocerlos como imprescindibles en el diseño de su 'skyline'. Es no haber estado nunca dentro de la Sagrada Família. Es haber visitado sus museos y monumentos tan sólo en edad escolar. Es hacer siempre escala para poder volar.

Es tratar de vivir en otro sitio, en otras ciudades, y darte cuenta de que, tarde o temprano, volverás. Es vender las excelencias de tenerlo todo cerca, nieve, mar, montaña, playas paradisíacas y, sin embargo, largarte lejos para acabar haciendo lo de siempre: comparar.

Pero sobre todo, es saber que los responsables de su gestión, sean del color que sean, sólo van a hacer una cosa: cagarla una detrás de otra, eso sí, invocando siempre el espíritu de Maragall.

Vengo de una ciudad que en realidad fue concebida como un vinilo. Con su cara A y su cara B. Con una importante salvedad. Éstas no te las acabas en 70 minutos. Enseguida te das cuenta de que esta vez, necesitarás toda una vida, o incluso algo más.

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