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ENTREVISTA

Susana Estrada: "Yo debí de ser la primera española con guardaespaldas"

Nando Cruz

Susana Estrada, en una foto de promoción de su nuevo disco.

Susana Estrada, en una foto de promoción de su nuevo disco. / ADRIAN MUSER

Instalada en Benidorm, Susana Estrada se dispone a soportar los calores de este verano adelantado como ella. Hace más de cuatro décadas de la muerte de Franco, pero las canciones que ahora reúne el disco 'The sexadelic disco-funk sound of Susana Estrada' suenan tan rotundas y precoces como las de su homóloga Donna Summer. A sus 67 años, Estrada aún disfruta explicando las batallas que libró en aquella España de esquizofrénica y castrante doble moral.

claves BIOGRÁFICAS

  • Hija de militar, se fogueó como modelo para marcas de ropa asturianas, antes de estrenarse en Madrid con una campaña para El Corte Inglés.
  • Diez meses después de la muerte de Franco, protagonizó el primer desnudo integral sobre un escenario en la obra ‘Historia del strip-tease’. 
  • Pronto sería calificada 'musa del destape’ por su participación en películas como ‘El libro del buen amor’, ‘El maravilloso mundo del sexo’ y Pasión prohibida’.
  • Para la historia queda aquella escena en la entrega de los premios del diario ‘Pueblo’ en la que recibió un galardón de manos de Enrique Tierno Galván, futuro alcalde de Madrid, con un pecho al descubierto.

¿Cómo ha llegado a hacer todo lo que ha hecho si venía de estudiar en las monjas ursulinas? Y tengo muy buen recuerdo de allí, eh. La educación que recibí fue excelente; totalmente equivocada, pero excelente. Yo aprendí a leer con cuatro años. Mis padres se iban al cine y me dejaban en casa con la criada o con una tía. Y si les preguntaba porqué no podía ir yo al cine, me decían: 'la película no es tolerada para menores'. Yo no me fiaba y aprendí a leer para comprobar si era verdad.

¿Aprendió a leer porque no se fiaba de lo que le decían sus padres? Sí, y al aprender tan rápido, las monjas me hicieron hacer la comunión con siete años. Era la ilusión de todas las niñas porque ibas con aquellos vestidos blancos de organza y el velo blanco de tul. Pero yo no quería hacer la primera comunión. 'No me quiero confesar porque no he hecho nada malo', le dije a mi madre y a la monja. De ahí en adelante, todo lo mío ha sido bastante diferente.

¿En qué sentido? Yo observaba el mundo de los mayores y todo lo que te decían que no debes decir, no debes hacer y no debes tocar, ellos lo hacían. No me cuadraba nada.

¿Y cómo hizo que le cuadrara? Entendiendo que las reglas que me estaban poniendo no me servían y yendo por libre. Me casé al mes y un día de cumplir los 16 años para poder irme de casa. Me separé al año y medio con un hijo y embarazada de otro. Y mira por dónde, me rodeé de una gente intelectual con una forma de pensar, de dialogar y de intercambiar ideas que nada tenían que ver con lo establecido.

¿Qué ambiente se respiraba en el Ateneo Jovellanos de Gijón, donde trabajó como bibliotecaria? Allí se reunía la flor y nata de la intelectualidad: escritores, pintores, actores… Gente con inquietudes que representaba obras prohibidas como 'Corrupción en el Palacio de Justicia'. Yo me movía en un mundo que no era el de 'ay, Mari, el niño se me ha puesto con fiebre' o 'mi marido cada día llega más tarde a casa'.

Insiste en que lo suyo no era solo destape, sino un desafío a aquella España falta de libertades. ¿Qué capacidad de decisión tenía usted? En mis espectáculos, toda: yo era la productora. En 'Machos', yo contrababa al coreógrafo, a los técnicos, a los sastres de compañía… Y yo les pagaba.

¿Ya en su primer espectáculo, 'Historia del strip-tease'? No, ahí aún era artista contratada. Y en 'Muñecas', también.

¿Y en el cine? Ahí te daban un guion y tú no tenías ni arte ni parte. Decías 'esto no lo quiero hacer' o 'por esto quiero tanta pasta' y ya está. Muchas mujeres acabaron haciendo cine de destape porque les tocó esa época. Dicen que lo hacían 'por exigencias del guión' o 'porque tenían que mantener a la familia'. Y lo pasaron 'tan mal, tan mal' que se iban a casa llorando. No es por darme lustre, pero yo lo hice porque me daba la gana y porque tenía motivos para hacer una cruzada. Todo aquello era decir 'basta ya'. Basta ya de que no se pueda hablar, de que no se pueda respirar, de que los hombres tengan derecho a todo, de que las mujeres no tengamos derecho a nada. Pero yo lo hice de otra manera.

¿Dónde salió aquel espectador con una pistola a medio espectáculo? En Bilbao, con 'Machos'. Y empezó a gritar: '¡Viva Cristo Rey!'. Mis técnicos reaccionaron muy bien: cerraron las luces de la sala para que pudiéramos salir del escenario. Y no llegó a disparar porque los camareros se fueron a por él. Había ultras en todas partes. Con 'Historia del strip-tease' recibí muchísimas amenazas. Llegaba un paquete a la sala y era el clásico Cristo con el corazón fuera, rodeado de la corona de espinas y una nota diciendo que me redimiera.

¿No se echaba a llorar de miedo? No, pero decía que en el escenario estaba muy indefensa y cuando te quieres dar cuenta tienes una persona encima y no sabes si te va a apuñalar, a pegar un tiro o yo qué sé. Mi empresario, como ganaba tantísimo dinero, contrató a un guardaespaldas. Debo haber sido de las primeras personas de este país que tuvo uno. Franco llevaría su escolta, pero, ¿guardaespaldas? Hablo del año 76.

¿No le parecía un poco suicida todo lo que hacía? La única forma de ser un revulsivo social es que lo que hagas se note mucho.

¿Sintió apoyo del gremio de artistas? Alguna gente vino a verme al teatro: Antonio el bailarínJosé María Rodero, Lola Flores… Otras fueron, pero disfrazadas. No quiero dar el nombre porque está muy enferma, la pobre. Pero no podían sustraerse de ver lo que pasaba en ese sitio en el que siempre había colas. Para la mayoría, yo no era actriz ni era nada. 'Una actriz no se desnuda', decían. Pero todas acabaron desnudándose más pronto que tarde, así que escupieron al cielo y les cayó en la cara.

Hábleme de 'Quítate el sostén'. La letra de esa canción me surgió al ir a discotecas. Si una chica iba vestida más atrevida de lo normal o tomaba la iniciativa, oías a los chicos decir: 'esa es un pendón, esa es fácil'. 'Quítate el sostén' era quítate los corsés de la cabeza y pisa fuerte. Yo nunca me he quedado sentada esperando a que un hombre me dijera: ¿bailas? O iba yo y le preguntaba a él si quería bailar o salía yo sola a la pista a bailar.

Como responsable del consultorio sexológico de la revista 'Play lady', ¿qué patologías presentaba la España de los años 70? Tenía muy mala vida sexual. Ellas, en términos generales, se quejaban de que tenían cinco, seis o siete hijos y jamás habían tenido un orgasmo. Y de que les daba un asco absoluto el sexo. No me extraña, si solo te sientes un objeto que abre las piernas cuando el señor quiere y 'ta-ta-ta-tá' como los conejos. Encima, luego sufrían las consecuencias: tener una barriga, parir un hijo más, cuidar a un hijo más y ser la mula de carga de toda la casa. En cuanto a ellos, los había que llevaban 40 años casados y no habían visto a su mujer desnuda.

"No es por darme

lustre, pero yo hice

destape porque me

daba la gana y

porque tenía motivos

para hacer 
una cruzada"

¿Qué pensaba entonces de esa modélica democracia bajo la cual se le procesó hasta 14 veces por escándalo público? Era una democracia muy 'light'. Cuando Felipe González ganó las elecciones, estuve sin pasaporte ni derecho al voto. ¿Eso era una democracia puta madre? ¿De qué servía vivir en ese socialismo? Estuve así hasta el año 1987 o 1988. Tenía que ir cada día 1 y 15 al juzgado a demostrar que no me había fugado. Llegaba y los funcionarios me decían: 'Susana, si te acuerdas, la próxima vez que vengas tráeme un póster'. ¡No me dirás que no era todo una comedia!

Pero sus primeros procesos empezaron durante el mandato de UCD. ¡Qué va! Los procesos empezaron en 1978. Adolfo estuvo muy poco tiempo. ¿Cuándo salió Felipe González?

En 1982. Ah, pues… Con Súarez sí tuve algún proceso porque escribí una carta abierta en 'Interviú'. El titular era: 'Adolfo, ya no te quiero'. Le decía que con los ensayos de 'Muñecas' se me olvidó ir al juzgado. Al acabar la función, la policía estaba esperándome y me llevaron a la Dirección General de Seguridad. Como el teatro Muñoz Seca está al lado de Sol, fui andando escoltada por la policía. Me sacaron las fotos de frente y de lado y me hicieron tocar el pianín. Así llaman allí a sacarte las diez huellas digitales. Me bajaron al calabozo y cuando me vio el policía me dijo: 'No te preocupes, te voy a poner en una celda sola'. Ahí pasé la noche, con las paredes llenas de sangre, con un abrigo de zorro que llevaba...

¿Respondió Adolfo Suárez a esa carta? No me contestó en la prensa.

¿Y en privado? ¡Tú quieres saber mucho! Adolfo Suárez era un caballero. Y ahí lo dejamos.

Teniendo en cuenta su experiencia con la justicia, ¿qué piensa de todos los juicios que se están abriendo ahora contra titiriteros, tuiteros y raperos? Por enaltecimiento del terrorismo, por ofensas a la Corona... De la Casa Real me lo espero todo. Seguramente hice mal en las respuestas que di a los jueces cuando me procesaron. Tendría que haber dicho que lo hice todo por amor, que estaba muy enamorada de mi marido y confiaba en él. ¡Esto es reírse de los españoles! Evidentemente, las leyes están obsoletas, pero los españolitos de a pie tenemos nuestra responsabilidad y podemos obligarlos a cambiarlas. Tenemos un gran defecto: protestamos mucho, pero no actuamos.

Después de tantos años sin poder votar, ¿usted ahora vota? No. ¿Qué votas si no crees en nadie? Me estaría traicionando a mí misma. Y si no engaño a un hombre, ¿cómo me voy a engañar a mí misma? 

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