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Sé cursi

Risto Mejide

Sé cursi

Sé cursi. Sé cursi. No tengas miedo, que es bueno, qué digo bueno, es buenísimo y hasta necesario. Créeme, sé de lo que hablo. Tú hazlo y verás que ser cursi no desgrava pero la sensación es casi la misma. Tú atrévete a ser cursi y todo lo demás te acabará dando igual.

Para empezar, porque ser cursi significa que hay alguien por quien vale la pena serlo. Hay alguien por quien vale la pena dejar de mirar afuera y mirarse dentro. Hay alguien por quien vale la pena olvidarse del qué dirán. Sólo por eso ya debería haberte convencido. Y es que el qué dirán es la forma que tiene la gente que no te quiere de intentar interferir en tu vida y dirigirla. Si tú decides hacerles caso, les estás entregando el timón de tu existencia, te estás dejando gobernar por quien no lo merece ni lo merecerá jamás.

Sé cursi. Ser cursi no es un estado, ni tan siquiera una emoción, se parece más a un nuevo lugar. Y es que la cursilería no se tiene, en la cursilería se está. De pronto las cosas cobran otro sentido, otro matiz, otra perspectiva. No es que se vea todo distinto, es que se ve mejor. Es como ir siempre con gafas de sol, de pronto todos estáis más morenos y más guapos, para qué nos vamos a engañar. Incluso el mundo entero se hace más bello. Lo han comprobado muchos, desde Don Juan Tenorio hasta Ulises, desde Bernie Taupin hasta Leonard Cohen, desde Benedetti, Kundera o Lorca hasta Neruda o Baudelaire. Y como te decía, es un sitio del que además nunca querrás mudarte. Un sitio que querrás que se convierta para siempre en tu nuevo hogar.

Jamás puede ser malo que dos personas construyan algo bello. Ni mucho menos perjudicial. Y a quien no le guste que no mire

Ser cursi no es andar todo el día afectado. Ni repetir las chorradas que escuchaste en esas películas que acaban siempre con una declaración en el aeropuerto y un vuelo a punto de despegar. Ser cursi es el derecho universal del ser que ama. Es hablar un idioma que nadie más entiende ni entenderá. Un idioma que no se traduce en palabras, sino en un estado emocional. Ser cursi es la forma que tiene de liberarse la intimidad. Porque lo contrario es una intimidad encarcelada, clandestina, prohibida, o peor, acallada. Por eso, una intimidad libre siempre molesta. Porque les recuerda a algunos que el amor siempre encuentra las vías para alcanzar la libertad. Por no hablar de que pone en evidencia a quien no se siente del mismo modo. Por eso y porque, como te decía, nadie más la comprende. Es tan incómoda que nadie más la sabe manejar. Así que si te llaman cursi o se ríen de ti por serlo, no lo hacen con mala idea, lo hacen por ignorancia, lo hacen porque no entienden un carajo, como el crío que se ríe de una palabra en otro idioma muy difícil de pronunciar.

Sé cursi a tu manera. Sin cortapisas. Sin autocensura. Y sobre todo sin censura de los demás. Por muy torpe que creas ser, lo que te sale de dentro no puede ser malo si viene del amor y del cariño hacia alguien. Siempre habrá el típico capullo que se crea legitimado y con autoridad para juzgar tus sentimientos. Pasa, tú a lo tuyo. Está quedándose con la cáscara, con el envoltorio, no pasa del aspecto puramente formal. Tú apuntas a la luna y él se queda mirando el dedo. Lo tuyo va de emociones y de emocionar. Y si emocionas a la persona correcta, ya habrás triunfado, ya está. Al otro, le dices de mi parte que no es que no sea target, es que es gilipollas. Que se meta en sus asuntos, o mejor aún, que joda menos y folle más.

Negaré que lo he escrito, pero el mundo necesita más cursis y menos de todo lo demás. Necesita más cosas bellas aunque sólo lo sean para dos personas. Sobre todo si son sólo para dos personas. Jamás puede ser malo que dos personas se construyan algo bello. Ni mucho menos perjudicial. Y a quien no le guste que no mire. Que para eso se ha inventado el mando a distancia, el click del mouse o más recientemente, la app.

Tú sé cursi. Sin miedo, que ser cursi no te hace más débil. Más bien todo lo contrario. Te fortalece, te hace más difícil de atacar. Cuanto más vulnerable te muestras, más difícil es encontrarte una debilidad. Porque la debilidad es lo que uno esconde. En cuanto la muestras al mundo ya no es flaqueza, sino vulnerabilidad. Y si la mantienes a la intemperie, ya verás como poco a poco deja de transformarse en una puerta de entrada para todo aquello que quieran imponerte, simplemente por el hecho de que esa puerta será de salida, pues estará siempre ocupada en sentido contrario por las cosas que tú hayas decidido liberar.

En definitiva, sé cursi porque es lo que te sale. Porque es natural. El amor no lo es si no es espontáneo. Y por eso molesta tanto.

Porque o se hace o no se hace.

Jamás se puede preparar.

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