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LOS RITMOS DE LA LENGUA

¿Por qué decimos 'cura sana, culito de rana?

Juan Fernández

El lingüista José Antonio Millán.

El lingüista José Antonio Millán. / DAVID CASTRO

Las nanas suelen contener pautas métricas tan parecidas entre sí como semejante es la cadencia de los lemas que corean unos manifestantes. De forma similar, hay un código lingüístico que conecta las rimas que declaman los niños en sus juegos con los eslóganes publicitarios, los refranes más antiguos y los latiguillos más populares. Un código que no tiene que ver con el mensaje, sino con la musicalidad, los acentos y la longitud de las frases. El ritmo es una cualidad de la lengua que aprovechamos sin darnos cuenta. Cada vez que decimos «cero patatero» o «cura sana, culito de rana», apelamos a una cadencia sonora que tiene sutiles efectos en la comunicación. El lingüista José Antonio Millán ha investigado el porqué de esas pautas y su conclusión tiene que ver con la condición humana. «El ritmo es intrínseco a nuestra naturaleza. No en vano, nacemos oyendo el corazón de nuestra madre. Esto explica que nos satisfaga dar juego al potencial rítmico que tiene el lenguaje y que nos gusten tanto los pareados, las cancioncillas y las frases redondas».

A OTRA COSA, MARIPOSA

«El ritmo le añade a la lengua un elemento lúdico. De ahí que a los niños les encanten las rimas y que tan pronto aprenden a hablar disfruten pronunciando acertijos con musicalidad», razona Millán. En su libro 'Tengo, tengo, tengo' (Ariel) -cuyo título juega con los versos de la popular cancioncilla infantil de las ovejas que dan lana «para toda la semana»-, ha recopilado una larga lista de dichos y giros del habla popular que tienen en común respetar una particular cadencia sonora, como «A otra cosa, mariposa». Esa pauta, según él, lleva el lenguaje a generar empatía. «Cuando decimos 'hola, caracola', 'hasta luego cara huevo' o 'la cagaste Burt Lancaster', creamos un clima que promueve la confianza. Y esto es universal, como prueba el 'see you later, alligator' del inglés y otros casos similares en otros idiomas», advierte. En su opinión, el ritmo hace que el lenguaje sirva para algo más que para comunicar. Y que estribillos como el del 'Aserejé', puro ritmo sin sentido, se hagan tan populares demuestra el éxito que tiene la vis juguetona de la lengua.

CURA SANA, CULITO DE RANA

¿Qué tiene que ver el culo de una rana con la mejoría de un niño accidentado? ¿Qué significa 'mondo y lirondo', 'pera limonera' o 'chisgarabís'? ¿Por qué valoramos con 'un cero patatero' lo que no apreciamos? Millán sostiene que debemos renunciar a buscar sentidos literales a las frases hechas. «Su razón de ser no tiene que ver con lo que dicen, sino con cómo lo dicen y con el estado de ánimo que generan gracias a su musicalidad», explica. Esta cualidad se expresa de manera elocuente en los trabalenguas y juegos de palabras. Todos los idiomas tienen su propio «cielo enladrillado» pendiente de que alguien lo «desenladrille» y su utilidad, según él, es más gimnástica que comunicativa. «Un trabalenguas es una trampa lingüística que solo persigue entrenar en el uso de la lengua. Si te equivocas al decir 'Los cajones del obispo, / los cojines del abad, / qué cojines, qué cajones, / qué cajonazos tendrán' puedes soltar una burrada, pero si lo dices bien, mejoras tu manejo del idioma».

OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE

Los refranes son composiciones lingüísticas cuya eficacia comunicativa va más allá de la literalidad del mensaje que transmiten y está emparentada con el ritmo que contienen y la evocación a la tradición oral que sugieren. «Si a un amigo le digo: 'debes dejarte acompañar por buena gente', no causaré el mismo efecto en él que si le suelto: 'El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija'. El refrán tiene el prestigio que le da provenir de la antigüedad. Su credibilidad es mayor porque otros dijeron lo mismo en el pasado en situaciones parecidas», apunta Millán.

La inmensa mayoría de los refranes, si no todos, son pareados o siguen formas sonoras pautadas. «El ritmo refuerza la solemnidad del refrán», opina. Algunos refranes sin rima derivan de fórmulas que originariamente sí la tenían. «El actual 'a falta de pan, buenas son tortas' proviene del antiguo 'a falta de pan, buenas son tortas de Zaratán', que es una aldea de Valladolid. Lo mismo le pasa al clásico 'verde y con asas': con el paso de los siglos perdió la segunda parte del pareado, 'alcarraza', que es una suerte de botijo que aparece en los cuadros de Velázquez», explica.

ABRACADABRA, PATA DE CABRA

El lenguaje tiene una demostrada capacidad para evocar dimensiones mágicas de la realidad, facultad que se ve reforzada por la musicalidad que contienen algunas palabras y expresiones de uso reverencial. No es casual que brujos, magos y sacerdotes declamen más que hablan cuando pronuncian sus conjuros, ni que ciertas palabras y sentencias a las que se atribuyen poderes sagrados suenen con la solemnidad de un órgano catedralicio. Parecida observación puede hacerse de los cantantes de hip-hop, que también sacan punta a la musicalidad del lenguaje. El ejemplo de libro del uso mágico del vocabulario a través del ritmo es abracadabra, palabra dotada de una marcada rima interna -la 'a', repetida cinco veces, es su única vocal-, y a la que se atribuyen poderes fabulosos. Su origen se remonta al latín y ofrece versiones en otros idiomas, como el inglés 'hocus-pocus', que también contiene una cadencia fónica. El propio 'cura sana, culito de rana' o el cantarín 'santa Rita, Rita, Rita, / lo que se da no se quita' invocan a los poderes mágicos, míticos o religiosos, para conseguir favores. «Esas mismas expresiones no causarían el mismo encantamiento en el oyente si no siguieran pautas lingüísticas dotadas de ritmo», compara Millán.

LUEGO DIRÉIS QUE SOMOS CINCO O SEIS

La facultad empática que el ritmo aporta al lenguaje se observa claramente en las frases destinadas a movilizar a individuos o masas. Solo hay que acudir a una manifestación y escuchar los cánticos que profiere la muchedumbre para comprobarlo. «Los lemas no solo consiguen unir a los manifestantes en un único grito. Además, suelen seguir pautas fonéticas que invitan al movimiento y acaban marcando el ritmo de las marchas», explica el lingüista.

Esta fórmula no parece cambiar con el paso de las décadas ni con la evolución en los modelos de agitación social. Al legendario el pueblo unido / jamás será vencido le han sucedido en los últimos tiempos otras proclamas de nuevo cuño, pero tan rítmicas como las antiguas. «El 15-M supuso una eclosión de lemas, algunos muy ingeniosos, como el irónico 'luego diréis / que somos cinco o seis' o el descriptivo 'no hay quien resista / siendo mileurista', pero todos siguen cadencias muy marcadas», destaca Millán.

De forma parecida actúan las divisas que se escuchan en los estadios de fútbol. «Pocas cosas unen más que un 'Alirón, alirón, el Athletic campeón', que es puro ritmo», subraya el experto.

PÓNTELO, PÓNSELO

La publicidad suele relacionarse con los ritmos de la lengua como un adicto con su droga favorita. Pocas cosas entusiasman más a un redactor publicitario que dar con un eslogan redondo que defina con compás y métrica ajustada las bondades de una marca. Los anuncios son una fuente inagotable de pareados, coplillas y sentencias cadenciosas y pegadizas, muchas de las cuales acaban formando parte del lenguaje de la calle. El ritmo, y no otra gracia, es el que está detrás del éxito alcanzado por lemas comerciales como 'El frotar se va a acabar', 'Cuate, aquí hay tomate', 'Qué bien, qué bien, hoy comemos con Isabel', 'Para todo lo demás, Mastercard', 'Póntelo, pónselo' o 'A mí plin, yo duermo en Pikolín'.

La querencia de los creativos publicitarios por las frases rimadas no es gratuita, sino que responde a una de las ventajas que el ritmo añade al lenguaje. «La musicalidad potencia el carácter nemotécnico del lenguaje. De hecho, está comprobado que los eslóganes que tienen forma acompasada se recuerdan mejor que los que no riman», observa José Antonio Millán. Incluso cuando se somete a fines comerciales, el ritmo se comporta con la lengua como una verdadera mina de oro. 

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