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EL REGRESO DE UNA SERIE MÍTICA

'Twin Peaks', en el ADN de las teleseries

Nando Salvà

El reparto de actores de la serie original, estrenada en el año 1990.

El reparto de actores de la serie original, estrenada en el año 1990.

Cuando el episodio piloto de 'Twin Peaks' vio la luz el 8 de abril de 1990, nadie esperaba ver ese tipo de ficción en la pequeña pantalla, del mismo modo que nadie espera ver un 'picasso' colgado en la pared de un taller de chapa y pintura. Dicho de otro modo: David Lynch y Mark Frost, creadores de la serie, redefinieron los límites de lo que la televisión podía ser. Hoy, casi cualquier entretenimiento serializado que se precie transporta el código genético de 'Twin Peaks': decir de cualquier nueva teleserie que está influenciada por el trabajo de Lynch y Frost es tan perogrullesco como describir un plato de paella diciendo que lleva arroz. Lo interesante, en todo caso, es ver de qué manera se ha concretado esa influencia.

ROMPECABEZAS

Puede que la principal pregunta que 'Twin Peaks' lanzó al público fuera «¿quién mató a Laura Palmer?», pero el dilema con el que se lo metió en el bolsillo era otro: ¿Qué diablos está pasando aquí? ¿Qué significaban las profecías de la mujer del tronco? ¿Qué pintaban los extraterrestres en el misterio? Por su capacidad única para estimular enrevesadas teorías y un escrutinio obsesivo, la serie se anticipó en al menos una década el tipo de consumo de ficción televisva que impera hoy en día. Las cintas de VHS en las que grabábamos se nos quemaban de tanto rebobinarlas. De haberse estrenado hoy, las discusiones sobre la alocada imaginación de Lynch habrían acaparado Reddit. Internet literalmente se habría colapsado -de hecho, a partir de mañana quizá lo haga-. En ese sentido, 'Twin Peaks' allanó el camino a 'Perdidos', 'True detective', 'Mr. Robot' y 'Westworld', por nombrar solo a algunas de las ficciones actuales concebidas a modo de puzle. El espectador no debe solo contemplarlas; debe resolverlas.

CEREBROS

Los 'showrunners' de las teleseries han llegado a ser tan famosos como los actores que las protagonizan. Todo el mundo sabe que 'Breaking bad' era la criatura de Vince Gilligan, y que 'Mad men' fue creada por Matthew Weiner. Nic Pizzolato es el cerebro tras 'True detective', y 'Fargo' lleva el sello de Noah Hawley. Pero cuando 'Twin Peaks' vio la luz, que un programa de televisión podía ser el trabajo específico de uno o dos talentos visionarios era algo casi inconcebible. En general, a la televisión no se la miraba con buenos ojos. Era el sitio donde los directores se curtían antes de intentar dar el salto a la pantalla grande. Si hoy en día cineastas consagrados caminan en sentido contrario -Jane Campion a bordo de 'Top of the lake', Steven Soderbergh con 'The knick'- es en buena medida porque Lynch les enseñó a perder los complejos.

PREGUNTAS

Antes de 'Twin Peaks', la cohesión de una teleserie a lo largo de una temporada no era tan importante como la de cada episodio por separado. Incluso las ficciones más ambiciosas acostumbraban a empezar y acabar cada una de sus historias en el transcurso de una sola emisión. Lynch se reveló contra esa dictadura de las resoluciones rápidas. Él decidió que era perfectamente aceptable que un episodio y hasta una temporada entera llegara a su fin sin dar respuestas al misterio, y quizá no sea coincidencia que es cuando le obligaron a resolver ese misterio en la segunda temporada que la serie perdió a su audiencia. Hoy en día, esa estructura narrativa se ha convertido en canon: un misterio cuya investigación se prolonga durante varios años, y que en su transcurso es aderezada por subtramas episódicas que avanzan la narración. Entre los grandes nombres de la ficción televisiva actual, J.J. Abrams es particularmente hábil a la hora de mantener vivo el interés de la audiencia respondiendo preguntas con más preguntas. Sabemos quién le enseñó a hacerlo.

ONIRISMO

Las visiones, las pesadillas y los borrosos augurios eran parte integral de 'Twin Peaks'. El agente del FBI Dale Cooper protagonizaba sueños que transcurrían en una habitación roja en la que de vez en cuando un bailarín enano le hablaba raro, y voces distorsionadas decían cosas con acento ruso. Entre las pistas sobre el asesinato de Laura que recibía en el mundo onírico había declaraciones como «En el lugar de donde venimos, los pájaros cantan una bonita canción» o «Ese chicle que te gusta volverá a ponerse de moda». Con el tiempo nos acostumbramos a ver a Tony Soprano protagonizando escenas de sueños con espíritus errantes y peces que hablaban, y a Don Draper sorprendiendo a los espectadores con una escena -sin duda fabricada por su mente- en la que parecía asesinar a una mujer. Y no hablamos solo de sueños. Gracias a la influencia de 'Twin Peaks', también la psicodelia y el surrealismo son comunes en la televisión en 2017.

OSCURIDAD

Lynch intoxicó su universo televisivo de una sordidez y una crueldad que nos perseguirán para siempre vehiculadas por los recuerdos del demonio Bob, y la Logia Negra, y Windom Earle. En 1990 la oscuridad todavía no se había convertido en seña de identidad de la televisión de calidad. Pero tres años después de que el cuerpo de Laura fuera descubierto envuelto en plástico, los guiones de 'Policías de Nueva York' se llenaron de palabrotas y desnudos, y 'Expediente X' tomó el misterio, la violencia y el vitriolo de 'Twin Peaks' como modelo. Desde entonces nos hemos acostumbrado a simpatizar con la mafia ('Los Soprano'), hemos visto cómo el dos por ciento de la humanidad desaparecía ('The leftovers') y la pantalla de casa se ha llenado de imágenes de doctores nazis y bebés Frankenstein ('American Horror Story'). Ni nos inmutamos al ver cómo Jon Snow volvía a la vida tras ser estoqueado por casi todos los miembros de la Guardia de la Noche.

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