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Jorge Verstrynge: maldita memoria

Juancho Dumall

De todas las evoluciones ideológicas habidas en la democracia española la más llamativa es la de Jorge Verstrynge. No solo porque sea de derecha a izquierda, cuando lo habitual es viajar de las juveniles posiciones izquierdistas a las conservadoras de la madurez. Lo llamativo en el caso del exsecretario general de la Alianza Popular de Fraga en los 70 y lo 80 a ideólogo de Podemos hoy es que parece haber llegado a una fusión imposible entre unas ideologías y otras. La pasada semana lo demostró al hablar en La Sexta de las elecciones francesas para decir que nunca votaría a Macron, y dejar en una nebulosa si sería capaz de votar por Le Pen. Para arreglarlo, dejo una afirmación académica: «El Frente Nacional francés no es un partido fascista», y una frase para la historia: «Se lo puedo decir yo, que he sido fascista».

Jorge Verstrynge Rojas (Tánger,1948) empezó su carrera política en la extrema derecha, concretamente, en posiciones cercanas a la Cedade, de infausto recuerdo. Tras la muerte de Franco y con los nuevos aires de democratización en España, quiso jugar un papel. Lo hizo, otra vez, en el lado duro de la derecha. Fue fundador de Reforma Democrática, la plataforma creada por su admirado Fraga Iribarne que fue el embrión de Alianza Popular.

Con Fraga forjó el joven Verstrynge -tenía 28 años cuando nació Reforma Democrática- su ideario político profundo. Admirador de De Gaulle, antiamericano y defensor del Estado fuerte y centralizado, encontró en el exministro gallego de Franco al hombre en cuyo proyecto encajaba. Y ese fue Alianza Popular, un partido autoritario, profundamente conservador y que nunca se atrevió a romper de una manera simbólica con el franquismo.

ANIMAL POLÍTICO

Fue allí, en Alianza Popular, el partido de la rojigualda hasta en los tirantes, enemigo de las autonomías desintegradoras y amigo del orden en las calles, el partido que hacía peligrosos aspavientos con cada atentado de ETA y que recelaba de la legislación progesista de la UCD (divorcio, aborto, reforma fiscal) donde el joven Verstrynge, un proyecto de animal político, encontró el camino al estrellato.

En unos pocos años pasó de secretario de Acción Territorial (1976-1978) a secretario de Organización (1978-1979) y de ahí a secretario general (1979-1986), es decir, a número dos del patrón. Entre sus logros estuvo llevar al partido de los diez diputados obtenidos en 1979 a los 106 de 1982. Aunque en ese resultado pesó el hundimiento de la UCD, es cierto que el joven Verstrynge logró esos años vertebrar el partido en toda España. Luego vino el desengaño.

Defiende el régimen 

venezolano, está
por el derecho a

decidir y no se

esconde al recordar

su pasado fascista

Si Verstrynge tituló 'Memorias de un maldito' la autobiografía que publicó en 1999 fue, en buena medida, por su humillante salida del partido al que se había entregado en cuerpo y alma. Su coqueteo con la idea de que Fraga debía optar a alcalde de Madrid para atacar luego la Moncloa (la llamada 'Operación Chirac') fue su tumba por los recelos causados en un jefe de armas tomar. A partir de ahí le quedaba una travesía del desierto, en la que llamó a las puertas del PSOE, en 1988. Pero el carnet del puño y la rosa fue negado hasta 1993 a quien había admirado en sus años mozos a a los fascistas franceses y españoles.

UNA NUEVA PIRUETA

Incapaz de encontrar un lugar en el sol dentro del PSOE, Verstrynge hace una nueva pirueta y reaparece como asesor de Francisco Frutos, sucesor de Julio Anguita, en el PCE y en Izquierda Unida.

Ya era  el maldito oficial cuando entramos en el siglo XXI. Así que, de perdidos al río, se convierte en asesor del presidente venezolano Hugo Chávez y en activista del 15-M y todo lo que rodea a ese movimiento. No en vano Verstrynge había sido profesor de algunos de los que luego se convertirían en dirigentes de Podemos, entre ellos, Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero.

En su faceta de activista maduro (por la edad, no por Venezuela), Verstrynge conoce también lo que es ser detenido por la policía. Le pasó en junio del 2014 cuando se manifestaba por la tercera república el día de la coronación de Felipe VI. También fue sancionado en abril del 2013 por haber asistido al escrache contra la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sánez de Santamaría, en una acción de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

UN FIJO DE LA SEXTA

Pero su faceta más destacada en los últimos años es la de comentarista políticos en programas de televisión de gran audiencia. Se ha convertido en una de las estrellas de 'Al rojo vivo', el carrusel político de las mañanas de La Sexta que dirige Antonio García Ferreras, y también se asoma con frecuencia a 'La sexta noche', el programa político de la noche de los sábados.

Allí suele hacer encendidos comentarios sobre la actualidad. Un hombre sin pelos en la lengua y con un importante bagaje político. Eso sí, su condición poliédrica le hace ser siempre discutido. Por ejemplo, está a favor del derecho a decidir de Catalunya, defiende elrégimen venezolano, es antinorteamericano y puede mantener una sosegada conversación con su amigo Luis Bárcenas minutos después de haber hecho un encendido alegato contra la corrupción.

Su último posicionamiento contra Macron fue un terremoto en las redes sociales. Otro más. Sobre todo cuando viene precedido de un «si lo sabré yo, que he sido fascista».

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