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UN FESTIVAL GEOPOLÍTICO

Ruslana Lyzhychko: «Eurovisión dará un impulso a nuestras revoluciones»

Irene Savio

Ruslana Lyzhychko: «Eurovisión dará un impulso a nuestras revoluciones»

IRENE SAVIO

Se sienta en el filo de la butaca, vivaracha y entusiasmada, inclinándose hacia adelante como quien quiere transmitir interés y no perderse ni una pregunta. Su actitud es pasional, impulsiva. Incluso antes de que comience la entrevista, ante un pequeño grupo de periodistas extranjeros, la cantante ucraniana Ruslana Lyzhychko (Lviv,1973) adelanta que habrá una sorpresa durante la conversación: escuchar por adelantado su última canción inédita, que presentará  -como invitada externa a la competición- durante el festival de Eurovisión. «Decidí titularla 'It's magical' ('Es mágico'), pues me inspiró lo que ha vivido Ucrania, su lucha por sobrevivir, sus anhelos y sus fracasos», cuenta la ganadora de Eurovisión en 2004.

La Ruslana artista-activista es así. Habla como una ametralladora. Las ideas le salen tan a borbotones que ni siquiera se molesta en terminar las frases. A ratos, imitando el acento estadounidense, suelta un «'It's cool, guys!'», que no deja de sonar raro en una antigua artista de la Unión Soviética. Pero también se pone seria, y rápida como una bala, no escatima en críticas a diestro y siniestro. Pues ella, tan menudita y aparentemente frágil, también es en cierto sentido una figura política en su país, tropezones incluidos.

CARRERA POLÍTICA

Participó, en el 2004, en la llamada Revolución Naranja, llegó a ocupar un escaño en el Parlamento ucraniano y, en el 2010, también respaldó a la controvertida Yulia Timoshenko. Pero luego renegó de aquello y, en el 2013 y el 2014, fue uno de los símbolos de la llamada Eurorevolución. Esta fue la protesta que en principio sacudió a Kiev, luego provocó el derrocamiento del presidente prorruso Víctor Yanukóvich y, posteriormente, condujo a las revueltas rusofónas y secesionistas de Crimea y de las regiones orientales de Donetsk y Luhansk, y, en consecuencia, un duro onflicto con Rusia que se mantiene desde entonces.

«Es cierto, participé en ambas revoluciones y no me arrepiento. Aunque la primera fue un fracaso, nada cambió en Ucrania. Y la segunda empezó como algo pacífico y luego se transformó en otra cosa. Los manifestantes fueron atacados, empezaron a disparar contra ellos, hubo muertos…», recuerda ahora Ruslana. «Yo estaba en la plaza de las protestas, estuve allí 90 largos días. Usé el micrófono para muchas cosas, animé a la gente, hice conciertos y los calmé», añade. «Fue duro, perdí la voz dos veces. Teníamos la sensación de que íbamos a cambiar el mundo. Queríamos mostrarnos dignos y solidarios. Luego, vi a mis amigos morir [por los disparos de los francotiradores enviados por Yanukóvich, quien hoy vive exiliado en Rusia]», evoca.

EL 'CASO SAMOYLOVA'

Las palabras de Ruslana transmiten  amargura. «Estamos muy cansados por lo que ha ocurrido en estos últimos tres años. No lo necesitábamos, no lo quisimos, nuestro ejército no estaba listo para esto», afirma, refiriéndose a la guerra que sigue en las regiones orientales de Ucrania. «Rusia no quiere dialogar con nosotros, el caso de Yulia Samoylova [la cantante propuesta por Rusia en Eurovisión] lo demuestra, pero nuestras élites políticas tampoco están a la altura y siguen traicionado nuestras ideas», asegura. «Lo que ha cambiado es la mentalidad de la gente, ahora en Ucrania hay mucho más activismo social», observa.

«Lógicamente, no todo es culpa de Rusia. Pero hay que entender que Ucrania es Europa, lo somos también a nivel psicológico, mental… Y, por eso, me siento feliz ahora, creo que Eurovisión le dará un empujón a nuestras revoluciones», reflexiona.

Y cambia de tercio para hablar de música. «Grabamos mi nueva canción en los montes Cárpatos en medio de una tormenta», confiesa esta artista, también embajadora de UNICEF y que, ya iniciado el conflicto armado, viajó hasta la zona de los enfrentamientos para mediar por la liberación de unos 40 soldados ucranianos capturados por los rebeldes secesionistas. «Esto es lo que soy, ¿me entienden?», afirma cuando de repente los altavoces se inundan de música pop. Entonces, otros sonidos se adueñan de la habitación y ella vuelve a ser solo Ruslana, la cantante. 

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