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I love Mendoza

Juan Carlos Ortega

Eduardo Mendoza recibe de manos del rey Felipe VI el Premio Cervantes.

Eduardo Mendoza recibe de manos del rey Felipe VI el Premio Cervantes. / AFP / JUAN CARLOS HIDALGO

Que el sentido del humor es una muestra de inteligencia es algo que, afortunadamente, empieza a aceptarse. Aún hay ciertas reservas en algunos ámbitos, claro está, pero eso no es solo culpa de los reticentes: también lo es de la idea que, erróneamente, suele tenerse del humor.

Eduardo Mendoza recibió el pasado jueves el Premio Cervantes de manos del rey Felipe VI. La expresión del escritor al serle entregada la medalla le describe perfectamente; mostró una sonrisa tímida, inteligente, cómplice y bondadosa, como lo es también su obra, aunque en ella la timidez es sustituida por una afortunada falta de pomposidad. Como buen humorista, a Mendoza le avergüenza la cosa grandilocuente.

Comenté a varios amigos lo contento que me puse al ver que el Rey entregaba el Cervantes a un humorista. Todos, intrigados, me preguntaron a quién se lo habían dado. Imagino que en sus cabezas se barajaban los nombres del Gran WyomingDavid Guapo o Eva Hache. Cuando les dije que se trataba de Eduardo Mendoza, mostraron su extrañeza y me aclararon que ese hombre no era un humorista, sino un escritor de prestigio.

Les dije que no me parecían incompatibles ambas definiciones. Para explicarme mejor, no quise recurrir al tópico de Cervantes o Quevedo, tan manido a la hora de hablar de la fusión entre humor y altura literaria. Así que opté por hablarles de mi admirado Chesterton, uno de los más grandes humoristas que han existido y al que, sin saber por qué, comparo un poco con Mendoza.

La expresión del  
escritor al recibir la 
medalla le describe 
perfectamente: 
tímida, inteligente
y bondadosa 

Creo que no logré convencer a mis amigos. Para ellos, el humor es el humor y la literatura es la literatura. Son capaces de aceptar, eso sí, que en algunas novelas se cuela el sentido del humor del autor, pero se niegan a dar un paso más y considerar que un genio de la literatura puede ser, en sí mismo y ante todo, un perfecto humorista. Ven el humor como una cualidad secundaria, pero nunca como una esencia.

Pero Mendoza es un humorista y, por tanto, escapa de lo que todos esperan que ocurra. Por eso no fue falsamente contestatario ante la corona, como tantos otros, y se mostró agradable ante los reyes. Su conducta, en esta época tuitera denota valentía. Esa es, en el fondo, la verdadera incorrección política. Dicho de otro modo; fue incorrecto ante los falsamente incorrectos al comportarse correctamente.

Para mí -y para muchos otros- Mendoza es un genio del humor. Las carcajadas que me han generado muchas de sus frases son algo que jamás podré agradecerle del todo, ni con este artículo ni con cincuenta similares que escribiera. Así que, de manera vicaria, el Rey se lo ha agradecido por mí, y por todos nosotros, los que tanto nos hemos reído con su obra, los que sabemos que ejerce la misma maravillosa profesión que Miguel de CervantesQuevedoChestertonMihura o Miguel Gila.

Gracias, señor Mendoza, por los buenos ratos, por las risas, por su estupenda visión de las cosas, por su inconmensurable talento para escribir, por mostrarnos un mundo que no se parece al de nadie. Dicho de otro modo: gracias por sus labores, por ser un humorista con bondad y estar escribiendo 'El Quijote' de nuestra época. 

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