Ir a contenido

Paula Echevarría, la princesa rota

Olga Pereda

Si buscamos en cualquier diccionario sinónimos de Paula Echevarría el primero en aparecer sería "crisis matrimonial". Desde que se casó, de blanco y por la Iglesia, con David Bustamante en el 2006, la actriz ha vivido con el sambenito de la ruptura. Cada vez que tenía un encuentro con la prensa, la pregunta era obligada: ¿Son ciertos los rumores sobre tu inminente separación? Ella, cercana y agradable, siempre contestaba. "No sé por qué habláis tanto de ese tema. Llevamos una vida muy tranquila. Estamos pendientes de nuestra hija y deseando acabar el trabajo para volver a casa", respondió con su habitual verborrea en 2014, cuando 'Velvet' se asomaba por primera vez a la pequeña pantalla.

Tres años más tarde, parece que sí. Que la pareja perfecta –guapos, exitosos y con dinero– se ha roto. O quizá no, porque ella ni confirma ni desmiente. Pero llora.

Otro sinónimo de Paula Echevarría, asturiana de 39 años, es el de la disciplina y la constancia. "No soy fría ni calculadora, pero sí soy cuadriculada y muy metódica. Eso hace que tenga pocas locuras", ha confesado. Un punto de locura sí tuvo cuando dejó su pueblo asturiano de 7.000 habitantes y se fue a Londres sin saber inglés para buscarse la vida. Después, y con el ánimo de "a ver qué pasa", emigró a Madrid, donde empezó la aventura de convertirse en actriz.

Echevarría es ahora la reina de corazones, una 'it girl' nacional y la 'influencer' más 'influencer' de las redes sociales. Pero cuando desembarcó en la gran ciudad no era nadie. De muchos 'castings' la mandaron a la casilla de salida. Perseverante donde las haya, no se hundió. La constancia le hizo conseguir, por fin, papeles en series como '7 vidas''Compañeros''Policías'… Después vino José Luis Garci, que la fichó para 'Luz de domingo' y 'Sangre de mayo'. El cine se le resistió, pero la televisión apostó por ella.

FLECHAZO EN DOS DÍAS

El Comisario le empezó a dar popularidad, aunque la Paula de entonces no era de la de ahora. Apuntaba maneras, pero no estaba consagrada como la 'it girl' por excelencia. En el 2004 conoció a David Bustamante, exchico 'OT'. Se enamoraron y, a los dos días, la actriz y otrora humilde albañil de San Vicente de la Barquera se hicieron pareja. Tres meses después compraron una casa y abrieron una nueva etapa en su vida: la convivencia, "la prueba de fuego". Tras un par de años sonaron campanas de boda en la ermita de Covadonga. Unos 300 invitados y una banda de gaiteros fueron testigos del romántico "sí, quiero".

"¿Mi marido perfecto? Llévatelo 15 días y luego me lo cuentas", dijo la actriz en diciembre

El matrimonio comenzó a convertirse en una marca. Bustamante cinceló su cuerpo y su estilo, y ella se convirtió en la reina del glamur. Su personaje en 'Gran Reserva', una joven bodeguera noble y sin dobleces, hizo que millones de españoles se enamoraran de ella. 'Velvet' supuso su coronación definitiva.

Paula y Busta comenzaron a ser imprescindibles en las alfombras rojas. Su fibroso posado ibicenco inauguraba cada año el verano, como, en su día, ocurrió con Ana Obregón. La caja registradora no paraba de ingresar. Las marcas se los rifaban.

PATATAS FRITAS Y MASAJES

En el 2008 vino al mundo Daniella, que hoy, a sus 8 años, ya tiene perfil de Instagram. Eso sí, absolutamente privado y controlado por mamá. Mamá es, de hecho, la reina de Instagram, pasarela digital en la que anuncia cada uno de sus 'looks' y en la que ha venido gritando al mundo su amor familiar. Viajes, fiestas, conciertos… Toda su vida felizmente retratada en las redes sociales. Pero en las entrevistas, dejaba claro que no es oro todo lo que reluce. "¿Mi marido perfecto? Llévatelo 15 días y luego me lo cuentas", se sinceró en 'Mujer Hoy' el pasado diciembre.

Echevarría tampoco es perfecta (adora a Paulo Coelho) pero lo intenta. Come lo que quiere, sí. No renuncia ni a las patatas fritas ni al 'coulant' de chocolate, pero se cuida. Hace deporte (nada de electroestimulación, como antes) y se da masajes drenantes para combatir la celulitis (si es que la tiene, que lo dudamos).

Durante su época feliz (o presuntamente feliz) mandaba a su marido "al carajo" varias veces cada semana. Ahora le ha mandado de verdad. O ha sido él. O ninguno de los dos porque, de momento, no hay confirmación oficial. Solo lágrimas y una frase de la actriz esta semana, cuando presentaba su perfume oficial: "No voy a decir nada". Y eso que había empezando el año diciéndolo todo, con una foto de su amor y la siguiente frase: "Que cada día de nuestra vida sea como el de hoy". El cuento, princesa, se ha acabado.

0 Comentarios
cargando