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LA GÉNESIS DE UN LUGAR MÁGICO DE LA COSTA BRAVA

Cap Roig: un misterioso cuento de hadas

Josep Maria Fonalleras

El castillo y el frondoso entorno que conforman los Jardins de Cap Roig.

El castillo y el frondoso entorno que conforman los Jardins de Cap Roig. / OBRA SOCIAL «LA CAIXA»

Si Wilko, que es cartel inicial del Festival de Cap Roig de este año, canta el 7 de julio 'Don't forget the flowers, someday...' es muy probable que los fantasmas de Nicolai Woevodsky y de su esposa, Dorothy Webster, se hagan presentes en el escenario. Ascenderán desde sus tumbas, que miran a Rusia, a la madrecita Rusia de la que Nicolai huyó ahora hace 100 años, y sobrevolarán este espacio a la vez bellísimo y enigmático, con cipreses, mimosas, cactus y vegetación de todas partes del mundo. Y recordarán a los presentes que las flores (y las plantas en general: pensemos que se trata de un jardín) no se deben olvidar nunca.

Ellos no lo hicieron y, de hecho, su matrimonio se puede decir que se fundamentó en la cosa botánica. Ella, que parece que no se llamaba Webster sino Saymour y que era conocida por el Foreign Office como Page, tuvo una juventud muy alocada y muy activa. Aristócrata y aventurera, modelo y amante de la flor y diseñadora de jardines, participó en el descubrimiento de la tumba de Tutankamon y después montó una tienda de antigüedades. Protagonizó unos cuantos escándalos en Londres y, al conocer a Woevodsky, decidió abandonar el desenfreno y centrarse en la obra de su vida, en un pueblo marinero de la Costa Brava.

VISTA A LAS ISLAS FORMIGUES

A su vez, el «coronel» (con comillas porque no está nada claro que lo fuera) era un 'attaché culturel' en la embajada del imperio zarista en Londres y, al llegar los bolcheviques, decidió que aquel exilio no estaba nada mal. Dibujaba y montaba a caballo y, según Pla, era un «arquitecto tradicional nada vulgar». Es decir, no era arquitecto, pero ideó un castillo y todo un pueblo a su alrededor, con unos esbozos exquisitos, un sofrito de herencias escocesas, renacentistas y medievales. Y después de viajar por el mundo y ver fortificaciones y jardines, compró el terreno de Cap Roig, «un peñón inhóspito con viñas abandonadas, encinas y pinos», aquel lugar desde donde se pueden ver las islas Formigues con nitidez, escenario de batallas épicas y de naufragios sin fin, poblado de fantasmas de los corsarios vagando por los siglos de los siglos.

Josep Pla escribió

que la finca es «la

obra más acertada

de nuestra costa,

con gran superioridad»

Xavier Febrés, que es quien más ha investigado sobre la pareja de promotores que llegaron en los años 20 del siglo pasado, dice que el ruso «siempre indicó al servicio que lo trataran como coronel Woevodsky, con el grado que él creía que le correspondía». Y añade que parte de su misterio recae en el hecho del desinterés -«estrictamente recíproco y generosamente correspondido»- de los propietarios hacia los de Calella y de los calellenses hacia aquellos «rusos» que no sabía exactamente de dónde venían. Fueron «rusos», pues, y tenemos testimonios bien asentados, del año 1930, en una publicación local: «Incluso los chavales de la calle saben hoy que es aquel el auto del ruso, conduciendo el propietario y su esposa, quienes están construyendo un magnífico y señorial castillo que parece un cuento de hadas».

LA 'BAÑERA DE LA RUSA'

Una de las leyendas es que Dorothy Webster bajaba en burro a través del jardín de Cap Roig para ir a la cala d'en Massoni, donde se bañaba desnuda. Se conoce como la 'bañera de la rusa' o el 'mirador de la Lady' y es un pequeño entrante de la costa, de roca rojiza, rodeada de riscos entre Calella y Mont-Ras. Se puede ver si se hace un recorrido por los jardines y también se pueden ver las tumbas de la pareja, con una cruz ortodoxa, en compañía del perro 'Nerón', del gato 'Bonzo' (cuyo espíritu también vuela por Cap Roig) y de los burros 'Navidad' y 'Lunes', los que llevaban a Dorothy a bañarse.

De la historia de Cap Roig se podría hacer una película y, de hecho, se publicó una novela, pero lo cierto es que más allá de la mitología, el espacio es, según Pla, «la obra más acertada de nuestra costa, con gran superioridad». Quizá lo decía porque, entre otras cosas, la idea de los jardines y la locura del castillo, el claustro, la iglesia, la torre octogonal inspirada en las torres de vigías de la costa, y todas las demás construcciones, evitó en la práctica que este lugar sucumbiera, como tantos otros del Empordà, a la vorágine de los 60 y 70. Fue entonces cuando los rusos se vieron obligados a ceder la finca a la Caixa de la Diputació de Girona (después Caixa de Girona) a cambio de un vitalicio y la promesa de acabar aquellas obras faraónicas, y nunca mejor dicho.

EL PARAÍSO

Años después vinieron los festivales. Ahora, aparte de la música de Tom Jones y de Leonard Cohen (otro fantasma que debe vagar entre los cipreses, que tienen «delante del mar una presencia elegantísima literalmente sensacional», como dice Pla), la Obra Social «la Caixa», actual propietaria, piensa construir un espacio soterrado que funcionará como 'think tank' económico y social. Cuando el coronel Woevodsky y su esposa pensaron su paraíso -en la línea de los otros grandes espacios botánicos de Girona, los 'noucentistes' de Santa Clotilde, en Lloret, y el Mar i Murtra de Blanes- no podían imaginar este final.

Ahora bien, como dice el periodista Evarist Puig, en 'Cap Roig, entre enigmes i meravelles', «cerrando los ojos, el visitante puede ver a Dorothy Webster, colgada literalmente de una cuerda como si se tratara de un trapecio, al filo del risco, podando las mimosas para ver, desde el sendero, las siluetas grises, minúsculas e inmediatas de las islas Formigues recortadas sobre el agua».

Lo cantará Wilko: 'Don't forget the flowers...'

Un paraje idílico para la música y la reflexión

La Fundació Bancària «la Caixa», que gestiona la Obra Social de la entidad financiera, titular de los Jardins de Cap Roig, ha anunciado recientemente, en palabras de su director general, Jaume Giró, la voluntad de que el recinto –que alberga todos los veranos desde el 2002 un festival  musical de referencia– sume a su uso cultural el  social y el económico, y acoja jornadas de reflexión y debates.
         La idea de la Obra Social «la Caixa» es que en Jardins de Cap Roig se lleve a cabo un proyecto similar al que realiza el Palau Macaya en Barcelona, que, además de ser la sede de la Escuela Europea de Humanidades, organiza conferencias, encuentros, exposiciones y cursos, encaminados a analizar los retos que tiene planteada la sociedad actual. 
         Con tal de  disponer de espacios adecuados para el nuevo uso que se quiere dar a este paraje idílico de Calella de Palafrugell, ser construirá un edificio de una planta soterrado debajo de la plaza que hay delante del castillo, donde durante el festival se instalan las carpas del área de restauración.
          Las dependencias, por tanto, quedarán absolutamente integradas, con el fin de preservar el paisaje y evitar el  impacto visual. 

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