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UN EJERCICIO DE POLÍTICA FICCIÓN

Aznar: "¿Y qué pasa si vuelvo?"

Antón Losada

Ironías del destino. Para abrirse un espacio electoral propio, José María Aznar debería recorrer un camino en la dirección exactamente contraria a la que le llevó a lograr la mayoría absoluta de su segundo mandato. Entonces iba hacia el centro, ahora debería internarse por la derecha, forzado a jugar por la banda para romper el achique de espacios impuesto por Mariano Rajoy de manera lenta, pero segura.

La irrupción de los nuevos partidos ha demostrado que no se necesita disponer de una gran organización detrás para obtener un éxito electoral fulgurante. Una buena marca y una audaz estrategia de comunicación, en el momento justo y en el lugar adecuado, pueden abrir hasta una lata tan cerrada como parecía el bipartidismo español. Aznar tiene marca, de hecho la ha convertido en un negocio, y ha mejorado mucho sus habilidades comunicativas, pero tiene problemas con el momento y el lugar; el hueco por donde debería irrumpir puede aún tardar en abrirse y a día de hoy parece demasiado estrecho, aunque no imposible.

ABRIR LOS EXTREMOS

Podría ganar ofreciendo más España, menos impuestos y parar a los comunistas

Rajoy y el Partido Popular ocupan por aplastamiento el área del centro derecha. El único espacio accesible se sitúa a su derecha. Hoy Aznar solo podría internarse por ese extremo y allí no reside la mayoría. Hay un dato que nunca ha variado en los barómetros del CIS: de manera abrumadora los votantes del PP se sitúan a sí mismos bastante más al centro que su partido.

Parte de los problemas que llevaron a los populares en diciembre del 2015 a uno de sus peores resultados electorales se han ido encarrilando durante este año de bloqueo. La estrategia de confrontación directa con Podemos les ha servido para galvanizar a sus votantes más conservadores y la crisis socialista les ha facilitado presentarse como el único capaz de impedir el asalto al gobierno de Pablo Iglesias. El pacto con Ciudadanos ha blanqueado el expediente de la corrupción popular y ha centrado la imagen de Rajoy, muy ayudado en su perfil más moderado por las críticas del propio Aznar desde su supuesta ortodoxia liberal y española y las necesidades del PSOE para llegar a acuerdos que le permiten guardar las apariencias de la legislatura anterior.

AGOTAR A RAJOY

Para ver ampliado el espacio electoral atacable, Aznar precisa más sitio. Necesita que la legislatura en minoría suponga un enorme desgaste político para Rajoy y el PP y además un desastre en la gestión económica. Aznar necesita que la capacidad de resistencia de Rajoy se agote extenuada por la falta de apoyos y el retraso en la recuperación económica. Algo improbable si tenemos en cuenta que, hasta ahora, siempre que ha sido testada, la resistencia del presidente se ha probado perfectamente elástica ante la adversidad.

Además del espacio, Aznar precisaría ese momento de oportunidad que debería proporcionarle la resurrección de una izquierda que hubiera sido capaz de superar sus disputas y divisiones para competir con opciones reales de ganar y conformar un Gobierno alternativo. En ese escenario Aznar podría presentarse con posibilidades encabezando un movimiento conservador nuevo pero que, paradójicamente, debería copiar la misma estrategia del miedo que tanto ha criticado en el PP de RajoyAznar podría ganar ofreciendo más España, menos impuestos y parar a los comunistas.

VUELTA AL NEOESPAÑOLISMO

El retorno de Aznar solo puede producirse a costa de un PP en quiebra política y el decaimiento de un Ciudadanos ya camino de la irrelevancia. Su antiguo partido entraría en una guerra civil suicida para liquidar el marianismo. No serían pocos los barones que iniciarían sus movimientos de aproximación al ganador, entre continuos llamamientos a la reunificación de una derecha en pleno proceso de reordenación de su territorio.

Escogió a Rajoy para que continuase su obra pero ya se sabe que si quieres que algo se haga bien, al final, tienes que hacerlo tú mismo. El espíritu y el discurso neoespañolista que agitó la segunda legislatura de Aznar regresaría renovado y reforzado.

Las decisiones y políticas importantes volverían a centralizarse en Madrid, que es donde vive o emigra la gente más lista

Las decisiones y políticas importantes volverían a querer centralizarse en Madrid, que es donde vive o emigra la gente más lista porque en provincias solo se quedan los mediocres a vivir del clientelismo. El mítico desafío soberanista se convertiría en un épico duelo al sol, alimentado por una mezcla inestable de testosterona, hidalguía y Estado de derecho. Otra vez nos contarían que la mejor política social es una buena política económica, y con esa política económica volverían a bajar mucho los impuestos a las rentas de capital y un poco a las rentas del trabajo, para que parezca que todos pagamos menos.

Quedaría por ver la eficacia del supuesto "círculo virtuoso" aznariano casi 20 años después, cuando los tipos de la deuda ya no van a reducirse a la mitad, como durante su primera legislatura, los fondos europeos de cohesión representan un recuerdo del pasado y apenas quedan grandes empresas públicas que privatizar por la entonces astronómica cifra de 30.000 millones de euros; una pequeña parte de cuanto valen hoy Telefónica o Repsol.

MI AMIGO DONALD Y YO

Al rancho de Texas le sucedería la Torre Trump como escenario de las grandes cumbres de amos del universo

Un Gobierno de Aznar acabaría de alejar a España del núcleo duro de un proyecto europeo en el que nunca ha creído con demasiado entusiasmo. Seguramente contaría para su campaña con el apoyo de una Administración Trump determinada a construir su propia red de aliados en el viejo continente.

El nuevo presidente de Estados Unidos ha demostrado de manera suficiente que prefiere entenderse con gobiernos dirigidos por autoritarios líderes de la derecha extrema como Nigel Farage o Marine Le Pen, que con ejecutivos mandados por convencionales dirigentes de la derecha de siempre como Angela Merkel. Ese perfil revanchista tantas veces acreditado en Twitter permite anticipar que no le costaría mucho entenderse con quien quiera desplazar al PP que apostó por el triunfo de Hillary Clinton.

Al rancho de Texas le sucedería la Torre Trump como escenario de grandes cumbres de amos de universo rodeados de oro e interiorismo rococó, llenándose la boca con discursos liberales mientras pactan y levantan muros y barreras proteccionistas o alían sus fuerzas para acabar con el mal allí donde resulte bueno para los negocios. Siria se antoja un buen candidato para repetir aquel inmenso negocio que supuso Irak.

En política todo puede pasar, nunca se sabe; nada es imposible pero tampoco nada es casual. Para que Aznar puede presentarse a las elecciones y ganarlas debería demostrase efectivamente cierta aquella mítica frase que él mismo pronunció siendo presidente para explicar por qué España iba bien: el milagro soy yo.

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