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Puigdemont&Junqueras&Rovira&

Mutaciones muy políticas

Toni Aira

Eulàlia Reguant, de la CUP y una de las políticas catalanas con una estética más característica y propia, dijo en junio, cuando su grupo rechazó la tramitación de los presupuestos en el Parlament: "Esto no es romper ningún acuerdo político, hoy un acuerdo político muta". Pues eso: mutar. Palabra que hizo fortuna y que bien podríamos aplicar a lo que sufre (o de lo que goza) la imagen de muchos políticos que asumen un papel en la primera línea. Ahí están, expuestos como pocos en el mostrador de la cosa pública, y, con el tiempo, asumiendo consejos que van dejando huella en el intento de perfeccionar lo bueno de sus señorías y de limar lo menos vistoso.

BEATLE DE LOS PRIMEROS 60

Sabemos que el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, es un fan de los Beatles y que incluso es aficionado a versionar con su guitarra temazos del mítico cuarteto de Liverpool. Su estética, de hecho, así lo delata en cierta manera. Pero si nos fijamos en una comparativa entre su intervención en el Parlament cuando tomó posesión del cargo en enero del 2016, y otra reciente en el mismo hemiciclo hace pocos días, veremos cambios claros. No solo en su peinado, pero especialmente notorios ahí.

Cuando asumió el cargo, hasta leímos declaraciones en los medios de Mercè, que le ha atendido desde hace años en una peluquería de la cadena Llongueras en Girona. Dijo en aquel momento la peluquera que el peinado "bastante progre" de Puigdemont era difícil de cambiar porque él "siempre quiere el mismo". La estilista proponía "vaciarle un poco el pelo" para que se adecuara al cargo. Pues bien, al final parece que la experta se salió con la suya. Ahora el president luce un look a lo beatle, pero más cercano al de los formales Lennon y McCartney de principio de los 60, y no tanto a los ya muy hippies de avanzada la década.

Le han retocado el pelo a Puigdemont, y van trabajando también su indumentaria, la mayor parte del tiempo traje. De más claro a más oscuro. En sus inicios como 'president' lució con gama de marrones (en corbata y traje), cosa que hubiera escandalizado a aquel aristócrata catalán y maestro del buen gusto que fue José Luis de Vilallonga. Él aseguraba que "gentlemen don't wear brown in town" (los caballeros no visten de marrón en la ciudad). Pues ahí está Puigdemont, ahora más de negro y azul oscuro. Eso sí, aún sin hacer caso del todo a sus asesores de Palau, que en más de una ocasión le han aconsejado dejar atrás unas camisas azules con topitos en azul oscuro. Ahí persiste. Todo no puede ser. Como mínimo, no todo a la vez.

DE ARTESA A MADRID

El verano del 2014 dio bastante que hablar la estampa de Oriol Junqueras en la inauguración de la Fira del Meló i de Sant Bartomeu de Artesa de Segre. Era agosto y las autoridades locales le esperaban de punta en blanco (corbata incorporada en más de un caso). El líder de ERC, por su parte, se plantó con una camisa a cuadros de manga corta, bermudas y sandalias. Hace pocos días, junto a PuigdemontArtur Mas y otros dirigentes catalanes, asistió en Madrid a un acto en apoyo del diputado Francesc Homs, del PDECAT y en vías de desfilar ante el juez por la consulta del 9-N. Ahí estaba Junqueras, y lo hizo con traje a medida azul oscuro.

Un traje elegante, no dos piezas diferentes, y mucho menos con los tejanos con que acostumbraba a combinar la americana a menudo. Ahora, traje a medida y camisa blanca (no aquellas oscuras de dirigente de Esquerra) con cuello más amplio que le da opción a incorporar corbata, cuando lo considere necesario, sin riesgo de asfixia. Le van haciendo más de presidenciable.

HOLA PASTA, ADIÓS PERLA

Marta Pascal (PDECAT) y Marta Rovira (ERC), dirigentes en lo más alto de sus respectivos partidos, también han ido adecuando su estilo. A Pascal, mucho más joven que sus homólogos, le han modernizado su estilo clásico de los pendientes de perlas, a la vez que le han dado un punto más ejecutivo, con americanas de colores (a lo Merkel) y con la incorporación de colgantes a conjunto con su indumentaria. Le trabajan más un peinado que lucía a menudo desaliñado.

Algo similar a lo que se ha hecho con Rovira, que hace tiempo que dejó atrás las gafas al aire que mostraban unas facciones muy dulces de aficionada al 'foc de camp'. Modernas gafas de pasta negra, pelo más largo que la estiliza, y más color en sus vestidos, que de un tiempo a esta parte incorpora el traje-chaqueta. Aquella tendencia de las mujeres con poder en política, tirando al look masculino, pero con su nota de color y estilo.

Porque todo suma o puede restar. Porque aquello de la primera impresión es la que cuenta tiene base en una sociedad donde la apariencia cotiza al alza y donde acostumbra a pasar que muchos se fijan en el cómo y algo menos en el qué.

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