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El artista que no quiso dejar rastro

BEGOÑA ARCE

Una placa azul en la fachada de una modesta vivienda en el suburbio londinense de Feltham, junto a aeropuerto de Heathrow, indica que allí vivió Freddie Mercury. Lo hizo muy brevemente, cuando llegó con su familia a Inglaterra procedente de Zanzíbar. Algunos vecinos de entonces aún recuerdan al ruidoso adolescente, que en las noches de verano practicaba con la guitarra en el jardín, o en su habitación con la ventana abierta.

La placa, inaugurada el pasado septiembre por su hermana, Kashima Cooke, y el guitarrista Brian May, es uno de los pocos recuerdos existentes que rinden homenaje al cantante, a pesar de su inmensa popularidad. Los fans de Mercury no tienen una tumba a la que ir en peregrinación, a encender velas, poner flores o montar un sarao. El cantante pidió expresamente en su testamento que su cuerpo fuera incinerado y dejó encargado a Mary Austin que fuera ella, exclusivamente, la que dispusiera de las cenizas en secreto. Su amiga del alma ha cumplido a rajatabla esa promesa, que no debió ser nada bien recibida por la familia de Freddie.

MONOLITO RETIRADO

Hace unos años apareció un equívoco monolito en el cementerio de Kensal Green, al oeste de Londres, con el verdadero nombre del artista, Farrokh Bulsara, inscrito en él. Pocos días después, Mary lo desmontó y negó en rotundo que las cenizas de Freddie estuvieran enterradas allí. También ha jurado que jamás revelará dónde se hallan.

Quizás la mejor manera de buscar el rastro de la estrella sea mirar al cielo. Desde el pasado mes de septiembre hay un asteroide, el 17473, que lleva su nombre. De acuerdo con la Unión de Astronomía Internacional, 'Freddiemercury' es una de las rocas más oscuras del sistema solar. Fue descubierta por un astrónomo belga en 1991 y está situada al otro lado de Marte, a muchos miles de kilómetros. Lo del asteroide fue la manera de celebrar el que habría sido el 70º cumpleaños del cantante.