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40º ANIVERSARIO DE UN MOVIMIENTO RADICAL

Punk sin crestas

En prácticas como la ocupación, el cooperativismo y la desobediencia se puede detectar la herencia del género

Nando Cruz

OKUPACIÓN Protestas por el desalojo del Banc Expropiat. 

OKUPACIÓN Protestas por el desalojo del Banc Expropiat.  / JOAN CORTADELLAS

 «'Aquí el que roba más es el que se hace respetar / El que mata más es Premio Nobel de la Paz / El buen intelectual no da la cara ni por Dios / Y hay tanta libertad que no se puede respirar'», berreaba La Polla Records. «'El partido que gobierna este país /Y toda su oposición parlamentaria / Las patronales, los sindicatos / Todos contribuyen a nuestro fracaso'», aseguraba Eskorbuto. «'Solo hay una solución / Para todas las potencias / No les sigas más el rollo / ¡Desobediencia!'», jaleaba Cicatriz. «'Si ves parar a alguien / No te cruces de brazos / Detente, forma grupos / Manifiesta tu rechazo'», proponía Kortatu.

Algunas de estas letras, grabadas a mediados de los años 80, son hoy la verdadera canción popular española aunque nunca sonaron en radiofórmulas. Forman un contra-refranero que denuncia, desde la marginalidad, situaciones que hoy observa con indignación toda la sociedad. Aquellas letras invitaban a la desobediencia civil, denunciaban el terrorismo de estado, señalaban la estafa inmobiliaria, la inoperancia de los sindicatos y la crisis de la democracia.

Entre salivazos, pelos de colores, distorsión, codazos y borracheras, aquellas canciones nos alertaban del auge del neoliberalismo, de la precarización laboral y hasta de la violencia de género. Eran canciones que, en esencia, invitaban a desconfiar del relato oficial de la transición y que, en el mejor de los casos, llamaban a la autoorganización. El tiempo, dicen, pone todo en su lugar. Y también se dice que la única victoria del punk español fue, muy a la larga, la supresión del servicio militar en 2001. Sin embargo, aquel estridente y deslenguado cancionero resuena hoy con una clarividencia insospechada.

"Los punks no han muerto. Están en la cocina", advertía la camiseta de Fernández durante la investigación del ‘caso Pujol’

Intentar detectar el legado del punk estatal de los años 80 en el presente puede resultar tan frustrante como engañoso. Porque no se trata de buscar grupos de punk en las listas de éxitos. Ni siquiera, de celebrar la entrada del punk en la cultura oficial con exposiciones como la que acogió el Macba meses atrás.

QUE PAGUE PUJOL

El editor y ensayista Servando Rocha cierra el documental Lo que hicimos fue secreto con esta reflexión: «Dábamos muchísima importancia a un estilo de vida que tenía una estética determinada cuando lo importante y lo perdurable no era eso, sino crear sinergias, crear líneas de fuga, inspirar». La pregunta, entonces, es: ¿inspiró el punk algunas líneas de fuga?

En el libro 'Que pagui Pujol. Una crònica punk de la Barcelona dels 80' (2010) redactado por el músico y activista Joni D, el exparlamentario de la CUP y periodista David Fernández firmaba un epílogo titulado, justamente, 'Línies de fuga'. Allí afirmaba que «aquellos punks, entre litrona y consigna del PGB (Partido de la Gente del Bar), acertaban a su manera, intuitivamente: la neurosis securitaria, la oligofrenia política, el colapso ecológico o el casino de feria económico-financiero de hoy les dan toda la razón».

«El punk y el rock radical fueron el primer espacio de socialización política por las calles de Gràcia», afirma Fernández, quien atribuye al género musical la condición de «contraescuela» personal. Allí aprendió «que las cosas no eran como decía la tele, que había unos márgenes y tangentes que no veíamos». «Sin aquellas letras, aquellas críticas y aquella actitud, difícilmente hubiésemos tenido las trayectorias que hemos tenido», apunta hoy.

EN EL PARLAMENT

«Los punks no han muerto. Están en la cocina», advertía la camiseta que lució Fernández al frente de la comisión de investigación sobre el 'caso Pujol'. No en vano, el periodista cupero ha definido su partido como «punks de base». El grito «que pagui Pujol» que lanzaban punkies y agitadores de los 80 mientras entraban al metro sin pagar y que tituló un disco del grupo barcelonés L'Odi Social cobraba nueva dimensión. De igual modo, el día que Fernández calificó a Rodrigo Rato de gángster sublimaba aquel mensaje de 'Delincuencia' de La Polla Records. «Banqueros, unos ladrones sin palancas y de día», dice la letra.

Las letras del grupo vasco, han inspirado alguna intervención de David Fernández en el Parlament. Como aquella vez que, hablando de las cárceles, dijo «los ricos nunca entran, los pobres nunca salen», refiriéndose a la letra de Igual para todos. «'Dicen que dice la ley que somos iguales / Nadie te dira en qué sitio, pues nadie lo sabe / Dime, dime, ¿para quién hicieron la carcel? / Porque el rico nunca entra y el pobre nunca sale'». Hoy Fernández o cualquier parlamentario puede salir al hemiciclo y clamar que «el capitalismo mata cada día de hambre a 80.000 personas» sin ser calificado de punki descerebrado.

EN EL AYUNTAMIENTO

A diferencia de otras músicas que apostaban por la amnesia, el escapismo o la ceguera clasista, el punk definió al enemigo para perderle el miedo y elaboró todo un discurso que agrietaba el relato oficial de la transición. A partir de ahí, hay que definir estrategias de defensa y confrontación. Si el enemigo elaboraba leyes injustas para marcar las reglas del juego a su conveniencia, el punk se vería legitimado para romperlas. El punk será una escuela de desobediencia.

El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, el consistorio de Badalona aplicó a rajatabla el aprendizaje punk cuando el tinent d'alcaldia Josep Téllez rompió la resolución judicial que les prohibía abrir. «A nosotros nos votaron para que trasladásemos la dinámica de los movimientos sociales a las instituciones. Y a los movimientos sociales nunca nos han frenado los 'margenes legales' sino que actuamos al margen cuando consideramos, siempre colectivamente, que las leyes que se nos aplican son injustas», afirma.

Pulsos como el del Banc Expropiat ejemplifica 
la estrategia 
de combatir saltándose las reglas

Los recuerdos de infancia de Téllez no dejan duda sobre su educación punk. «Coleccionaba todos los muñecos de 'La bola de cristal'. Mi madre tenía que cambiar de acera para no pasar delante de la tienda de juguetes porque me quedaba enganchado en el escaparate mirando los muñecos». Téllez aún recuerda el más célebre lema de La Bruja Avería: «Viva el mal, viva el capital». El otro que también recuerda mucho es: «Soy Avería y aspiro a una alcaldía».

Sí, hubo una época en que hasta la televisión pública daba cabida a espacios de contraeducación. Aun así, los principales canales de transmisión de opiniones contrarias al discurso oficial fueron las radios libres; emisoras como Radio Pica, Radio Bronka y Contrabanda, a las que Javier Pérez Andújar recordó en su pregón de las fiestas de la Mercè. Sus programas y los fanzines son los precedentes de cabeceras independientes como 'La Directa' y 'Diagonal'.

DE LA OKUPA A LA COOPERATIVA

El punk no inventó ni los medios de contrainformación, ni la autogestión, ni el asamblearismo, ni el cooperativismo ni la desobediencia. Pero no cabe dudade que el punk fue depositario y transmisor de unas prácticas que tienen cada vez más adeptos en la sociedad actual. Si los espacios ocupados de los años 80 fueron el lugar en el que familiarizarse con aquellas prácticas, el punk fue el altavoz por el que llegaron a miles de personas que nunca pisaron una okupa.

Elba Mansilla fue una de las fundadoras de la librería cooperativa La Ciutat Invisible en 2001. También trabaja asesorando formas de organización laboral alternativas al sistema capitalista. «Las primeras cooperativistas de La Ciutat Invisible nos formamos políticamente en las okupaciones, donde entramos en contacto con prácticas de autogestión, el asamblearismo, la acción directa, el 'hazlo tú mismo', la desobediencia y la autonomía. Muchos de los valores y prácticas que aprendimos en los centros sociales okupados y autogestionados los pudimos trasladar al ámbito del trabajo y encontramos en el modelo cooperativo un paradigma que se ajustaba mucho», explica.

EL PODER COLECTIVO

«En la Hamsa y en Can Vies, nos construimos individual y colectivamente desde unas prácticas de ruptura y aprendimos a hacer política con nuestros propios medios. Y las okupaciones bebían del punk», afirma Mansilla. Guillermo Zapata, concejal de Ahora Madrid vinculado al centro social Patio Maravillas, considera que «los centros sociales son punk en el sentido de ‘tomar y hacer’, no preocuparse mucho por los a prioris y no preocuparse mucho por el poder sino por tu poder colectivo». Hoy la ocupación está socialmente mucho más aceptada. Y pulsos como el Banc Expropiat de Gràcia ejemplifican la estrategia de combatir saltándose las reglas. Es la contraescuela punk de prácticas.

RECHAZO DEL PODER


«El punk me ha ayudado a no olvidar nunca la calle ni las periferias y, sobre todo, a sentir rechazo y miedo, a veces pánico, del poder y de la sociedad del espectáculo», resume Fernández. En la misma línea se expresa Zapata cuando asegura que una de las canciones que más le interpela desde que es concejal es 'Tú alucinas', de La Polla Records: «'Crees tener el control de la situación, más allá de la locura, más allá de la cordura, más allá de la razón: tú alucinas'».

Hace tres años, dentro del festival Primera Persona, David Fernàndez y Antonio Baños subían al escenario del CCCB a cantar 'La línea del frente', de Kortatu. La canción habla de «batallas que no puedes encontrar en los mapas». Aquel punk, tan vistoso por sus crestas de colores, parecía solo eso: un grito, un escupitajo y un peinado chillón. Pero no desapareció. Los punks de hoy no llevan cresta, pero sus batallas ocupan cada vez más espacio en los mapas.

EL CERVANTES, PARA EVARISTO


Como cada vez más gente reclama un Premio Cervantes para Evaristo, vale la pena recordar cómo el cantante de La Polla Records redefinió el punk en la canción Punk. «'Soy aquel que ya no cree que somos distintos y tú eres mejor / Soy aquel que dice basta a tu hipocresía sin corazón / Soy el que quiere gritar que tu sistema no tiene piedad'». De estos punks hay cada vez más. Para Fernández, «punk es no pedir permiso para ser libres ni pedir perdón por serlo».