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Miguel Ángel Revilla: el hombre de las anchoas

Con su chubasquero de bolsa de plástico, el presidente de Cantabria fue una de las imágenes del día del desfile del 12-O. El político es imbatible colocando el foco sobre su persona.

Ramón de España

Nadie sabe de dónde saca el tiempo Miguel Ángel Revilla (Salceda, Polaciones, 1943) para ejercer de presidente de Cantabria, donde va ya por su tercera legislatura, pues da la impresión de pasarse la vida en estudios radiofónicos y platós de televisión generando optimismo y expandiendo su buen rollo. Cuando no está soltando las verdades del barquero en los medios de comunicación, se dedica a escribir libros en los que plasma su visión del mundo. El último se titula 'Ser feliz no es caro' y no hace falta leerlo para intuir que será un canto a las pequeñas cosas de esta vida que tan felices nos harían a todos si dejáramos de pensar por un momento en lucrarnos y medrar.

Sus libros anteriores fueron éxitos de ventas, sobre todo 'Nadie es más que nadie' (2012), en cuya portada se le veía postrado a los pies de nuestro rey emérito, no sé si lustrándole los zapatos o si recogiéndole el dobladillo. Para entonces ya no era aquel señor tan simpático que mandaba en Cantabria y que le endilgaba un tarro de anchoas a cualquier notable que le visitara, nacional o extranjero: tú ibas a ver a Revilla y salías de su despacho con anchoas para una buena temporada (lo cual hay que reconocer que es mejor que cualquiera de esos libros que regala Puigdemont a las visitas). No, para entonces, nuestro hombre ya era un personaje popular en toda España por su natural campechano y su habilidad para soltar perogrulladas como si fuesen perlas de sabiduría.

PUEBLERINO CABAL

Revilla lleva años interpretando a la perfección el papel que bordó en su momento Paco Martínez Soria, el inolvidable cómico baturro: el de pueblerino cabal que no se calienta mucho la cabeza y resuelve de manera sencilla las cuitas de cualquiera a base de sentido común y mucha retranca. Versión amable de Jesús Gil y Gil -nunca se metería en un jacuzzi junto a cuatro jacas medio despelotadas-, Revilla es un político populachero que se cree brillante y considera que esa brillantez no debe reservarla exclusivamente para sus gobernados. De ahí su presencia ubicua en los medios de comunicación y en las librerías, pues a su condición de servidor público une las de humorista, filósofo doméstico y predicador: no entiendo cómo aún no le han dado un programa para él solo.

Cierto es que hay gente que lo encuentra un tanto cargante con su actitud de maestrillo, pero a la inmensa mayoría le cae bien. Puede que sea un pelín demagogo, pero hay que reconocerle que no hace el menor esfuerzo por disimularlo. Su actitud supuestamente rebelde, además, es pura fachada. Si algo de lo que dice representara el más leve problema para nuestro establishment, se le cerrarían de inmediato las puertas de los platós. A Revilla lo puedes invitar tranquilamente a tu programa porque hace como que las canta claras, pero sin ofender a nadie, ya que lo genérico de su discurso hace que nadie se sienta aludido y todos se inclinen por darle la razón mientras se dicen, «¡Pero qué cachondo es el tío éste de las anchoas!». A Revilla le pasa un poco lo mismo que a Bertín Osborne, que aunque sepamos que es muy de derechas y que vota al PP, nos cae tan simpático que nos iríamos con él de copas en cualquier momento.

EL POPULISMO ES ASÍ

Aunque siempre hay quien le recuerda que formó parte del Movimiento, no está muy claro si Revilla es de derechas, de izquierdas o mediopensionista. No le hace ninguna falta definirse porque el populismo es así: basta con hacerse el simpaticón que no tiene pelos en la lengua y al que no se la dan con queso para arrasar. Creo que Palito Ortega, cuando llegó a gobernador peronista de Tucumán, adoptó una actitud similar. La misma que exhibía Gil y Gil y que abordó, sin éxito, Mario Conde. La cosa consiste en insinuar que los políticos profesionales son todos unos mangantes y que tú te distingues de ellos porque no le debes nada a nadie y solo piensas en el bienestar de tu pueblo, al que consideras una gran familia. En ese sentido, hay que reconocer que Miguel Ángel Revilla es imbatible. 

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