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OPINIÓN

El relevo

Josep Maria Pou

E irremediablemente, llega el relevo. Es solo cuestión de tiempo. Han pasado 18 años desde que Josep Maria FlotatsCarlos Hipólito y quien esto firma, estrenamos 'Arte', de Yasmina Reza, en Madrid. (Y dos menos, 16, desde que la hicimos en el Tívoli de Barcelona). Dieciocho años dan para toda una mayoría de edad. O para una madurez consolidada, si la cuenta se inicia con el camino ya andado.

En aquel 1998, Pere Arquillué estaba haciendo 'Galatea' en el TNC, Francesc Orella rodaba 'El pianista' mientras ensayaba 'Tot esperant Godot' en el Lliure, y Lluís Villanueva, terminado 'L'avar', se unía a la 'troupe' de 'Hamlet', las dos en el Grec. Ninguno de los tres sabía, ni sospechaba siquiera, que 18 años después el oficio les iba a juntar para hacer, en el Goya, aquella función recién estrenada en Madrid y convertida en fenómeno desde el primer momento. Así es nuestro oficio: nos une y separa a plazo fijo, genera familias que nacen y mueren en lo que va del éxito al fracaso, y hace de la convivencia (y de los afectos) puro azar al capricho de directores, productores y público.

Arquillué y yo nos encontramos, siendo padre e hijo, en 'La corona de espines'Flotats volvió a juntarnos, poco después, en un proyecto en el que también estaba Orella. Los tres vivimos, al alimón, la fantástica (y a ratos angustiosa; me remito a la hemeroteca de aquellos días) aventura de inaugurar el Teatre Nacional de Catalunya con 'Àngels a Amèrica'. El trabajo de Arquillué y Orella en aquella función ponía en marcha el contador del viaje que lleva a la plenitud que gozan ahora. Con Villanueva me encontré más tarde, ya en el 2004, en el 'Rey Lear' de Shakespeare (o de Calixto Bieito, según se mire). Villanueva hizo allí un Edgar valiente, desnudo (en el sentido más literal del término), ejemplar, sublime, anuncio de sus elaboradísimos trabajos posteriores.

Hoy los tres ocupan, con letras grandes, la marquesina del Goya: Orella, Arquillué y Villanueva. Sin más. Valgan los apellidos como denominación de origen. Los tres, artífices de una expectación que se traduce en una venta anticipada imparable. Los tres -mariposas en el bajo vientre y mochila responsable a la espalda, no me cuesta visualizarlo- esperando en su camerino la orden del regidor que les dé vía libre al escenario. Los tres saliendo a escena con el poso -que no el peso- de años y años de trabajo.

Y yo, en el público, admirándolos y aplaudiéndolos. Feliz. Sabiendo que la cadena funciona, la transmisión fluye segura y el relevo está en buenas manos.

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