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Euskadi y Galicia: el norte también existe

EUSKADI: "UNA SOCIEDAD SOSEGADA".

JAVIER ELZO. Sociólogo 


La notoriedad de Cassin proviene básicamente del hecho de haber sido el principal redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Pues bien, Solozabal, glosando su figura, lo presentó como un hombre moderado y pragmático y se preguntó si el pragmatismo, la moderación, el trabajar práctico, el hacer las cosas posibles, particularmente las difíciles, no sería una característica de los vascos. Desde mis propios estudios sociológicos me atrevo a subrayar algunos rasgos más, bastante comunes a gran parte de los vascos del siglo XXI. El pasado miércoles 14, en el último día del curso de verano de la Universidad del País Vasco en San Sebastián sobre la perspectiva histórica de 'La construcción de la paz', dirigido por Juan Pablo Fusi y organizado por la Secretaría de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, intervino Juan José Solozabal, catedrático de Derecho Constitucional en la Autónoma de Madrid con una conferencia sobre 'René Cassin y los Derechos Humanos'. Cassin fue un judío vasco, nacido en Bayona, en el País Vasco francés, en Iparralde decimos por aquí.

    La sociedad vasca tiene una fuerte moral relativista ante los comportamientos privados y más estricta ante los públicos. La postmodernidad sociocultural ha echado raíces entre nosotros. Así en la aceptación del método asambleario en la toma de decisiones (aunque en clara capa caída desde el no-gobierno de EH Bildu), la sobrevaloración de lo público sobre lo privado, crítico a la par que exigente con la Administración (aunque la iniciativa social sigue vigente),muy familista y abierto a todo modelo familiar, igualitarista en el trabajo, más tolerante y solidario con el diferente que la sociedad española y que la mayoría de la europea.

La sociedad vasca siempre ja rechazado a ETA. También los jóvenes: los datos no admiten duda

     La sociedad vasca ha pasado, muy rápidamente, de una moral religiosa a una moral de la salvación por el cambio político (aunque durante poco tiempo y en sectores minoritarios en la sociedad) para dar paso, en la actualidad, a una moral centrada en el bienestar, con dos variantes no contrapuestas: la del disfrute máximo del momento presente (pero aliado al trabajo profesional) y el culto y cultivo del cuerpo teniendo como objetivo final llegar a la muerte (cuidadosamente ocultada) lo más tarde, esbeltos y sanos posibles.

    Hemos transitado de la religión del espíritu a la religión del cuerpo: iglesias vacías, gimnasios y restaurantes llenos. Sin olvidar los viajes: como los catalanes. La sociedad vasca siempre ha rechazado a ETA. También los jóvenes. Los datos no admiten duda alguna. Pero la sociedad vasca sigue siendo tan nacionalista hoy como hace 40 años, de un nacionalismo moderado, integrante y no excluyente de lo español a condición de que lo español no pretenda aplastar a lo vasco. Si así lo perciben se dicen independentistas. Como los catalanes.

LA VASQUIDAD

Según una escala que presenté en el 2004 en un Congreso Español de Sociología, en base a nueve indicadores, el 50% de los vascos se inclinaban claramente hacia el polo de la vasquidad, el 15% hacia el de la españolidad, poco más del 8% hacia ambos por igual, y el resto, el 26%, por ninguno de los dos, «pasaban» del tema. En la actualidad, este último 26% apostaría que llega al 40%. Aunque no tengo el dato comprobado.
    Personalmente me quedo con la idea de la pluralidad de la sociedad vasca. Vascos son, en los extremos, el cura Santa Cruz (cura guerrillero en la guerra carlista) y ETA. Pero René Cassin y la actual proliferación silenciosa de grupos por la reconciliación, también. En medio, la gran masa de vascos se sienten hoy, desde que ETA abandonara la lucha armada, más sosegados, más tranquilos en su vida. Tanto que la parte vieja de San Sebastián, en apenas cinco años, ha dejado de ser escenario de enfrontamientos entre violentos y policías. Y, de ser una ciudad peligrosa, se ha convertido en un atractivo turístico-gastronómico-cultural para muchos visitantes extranjeros, cuya profusión ya incomoda a los donostiarras. Pero nadie dirá que «contra ETA vivíamos mejor». 

GALICIA: "EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS"

ANTÓN LOSADA. Politógo

El CIS de septiembre para las elecciones gallegas revelaba que los gallegos están firmemente convencidos de que Galicia va mucho mejor que España. Un 30% califica como buena o muy buena la situación de su país y su gobierno frente al exiguo 6% que piensa igual sobre la española. Dos de cada 10 votantes de la oposición comparten ese optimismo.
    Es la «excepcionalidad gallega» que Núñez Feijóo ha convertido en su idea fuerza. Es la Galicia que bate por segundo trimestre consecutivo su récord de ahorro llegando a los 60.000 millones de euros. Es el país de las mil rías que ha pasado el verano más caluroso del siglo y ha recibido más turistas que nunca. Es la autonomía que presume de presentar unas cuentas saneadas y donde vive y paga sus impuestos Amancio Ortega, el principal accionista de Inditex, la multinacional gallega que acaba de batir su propia plusmarca de beneficios.
    La idea de que Galicia ha aguantado mejor y se recupera más rápido ha calado a tal profundidad que el paro preocupa menos que en España, a siete de cada diez gallegos, a mucha más distancia se ubican la inquietud por la sanidad o las pensiones y ocho de cada diez electores se muestran convencidos de la victoria popular.
    Aunque no todo debe de ser un cuento feliz en esta Galicia de las maravillas porque los gallegos vuelven a marcharse. El medio rural, pero también las ciudades, no deja de perder población y la emigración castiga de nuevo con dureza a los más jóvenes. Como durante buena parte del siglo XX, la generación mejor preparada de nuestra historia ha tenido que emigrar por no llorar en un país donde las cifras de destrucción de empleo superan la media estatal. Un drama que se convierte en tragedia para la población más envejecida y dispersa del Estado: la cuarta parte tiene más de 65 años y solo uno de cada diez tiene menos de 15 años. Según las estimaciones demográficas Galicia, acabará la década con menos habitantes que en 1950.

La cuarta parte de los gallegos tiene más de 65 años y, solo uno de cada diez, menos de 15

Todos los sectores estratégicos históricos afrontan una crisis. El sector pesquero sobrevive con unas cuotas muy por debajo de su potencia. Los ganaderos se movilizan regularmente para lograr una estabilidad en los precios que nadie les asegura. El antaño orgulloso Naval es hoy propiedad de inversores foráneos, igual que los grandes emblemas del poder financiero galaico: las gran caja alentada por Feijóo ha acabado en manos venezolanas por 1.000 millones de euros y el Banco Pastor fue engullido por un gigante en apuros: el Banco Popular, que anuncia más de 400 despidos en Galicia. Complejos industriales como el Aluminio de Alcoa en Xove o el automóvil de Citroen en Vigo viven al día y exprimiendo las ayudas públicas.

RIESGO DE POBREZA
Galicia ocupa el puesto 12º en renta disponible. Hay más de 600.000 gallegos en riesgo de pobreza. Según Caritas, la desigualdad ha crecido un punto más que la media estatal. La expansión de los servicios públicos que impulsó la modernización traída por la autonomía ha sido sustituida por el fetichismo del déficit. Aun así los gallegos quieren más autogobierno: siete de cada diez está contento o demanda más y apenas uno sobre diez añora al Estado centralizado.
    Los cambios económicos y sociales han incentivado la entrada de nuevas fuerzas aunque sin alterar los espacios políticos gallegos clásicos: la mayoría conservadora y los espacios progresista y nacionalista. Dos de cada diez gallegos se siguen declarando nacionalistas pese a que el BNG ha caído por debajo de los 50.000 votos. Los espacios se mantienen pero el corte ya no es tan rural o urbano, ni la elección entre derecha o izquierda. Ahora es entre occidente y oriente y pluripartidismo frente a bipartidismo. En la Galicia occidental y atlántica, donde se concentran el crecimiento y la población más joven, las Mareas y hasta Ciudadanos disputan sus feudos a los partidos tradicionales. En la Galicia oriental e interior, donde crecen el abandono y el porcentaje de mayores, la elección se vuelve cada vez más bipartita. 

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