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Pilar Manjón, la lucidez del dolor

La mujer que, enlutada tras el asesinato de su hijo Daniel el 11-M, zarandeó a la comisión de investigación de la masacre yihadista, deja el liderazgo de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo tras 12 años atajando insultos y protegiendo a víctimas

Robert Manrique

Roberto soy Charo. En la radio dicen que ha habido un atentado muy grande en Madrid". Eran las 8.05 de la mañana del jueves 11 de marzo del 2004 y aquella llamada daba inicio a un trabajo que, a día de hoy, todavía continúa. Tras una hora escuchando las noticias, llamé a la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) para poner a su disposición el equipo de psicólogas que teníamos entonces en la asociación catalana, la ACVOT, de la que era presidente. La respuesta del responsable de la AVT fue surrealista: "Ya estoy yo aquí para arreglarlo todo. No hace falta que llames para nada más".

Cuatro días después recibíamos las primeras llamadas de víctimas del 11-M pidiendo ayuda, y durante meses viajé en autocar a Madrid el domingo de madrugada para estar todo el lunes prestando la experiencia en todo lo que fuera necesario, especialmente en la asociación de vecinos de La Colmena del barrio de Santa Eugenia, donde se centralizó gran parte de la asistencia.

Mientras tanto, otras víctimas solidarias y sensibles con el dolor colaboraban por su propia cuenta en la asistencia a afectados por los cuatro atentados de aquel maldito jueves. Llegó octubre y una víctima de un atentado yihadista ocurrido en 1985 me citó en una pequeña cafetería para "presentarme a una señora que perdió a su hijo en el 11-M". Cuando entré vi en una mesa a alguien vestido de negro escribiendo en una servilleta.

LA IMPORTANCIA DE agrupar

"Hola, me llamo Pilar y soy la madre de Daniel". Estuvimos los tres hablando más de cuatro horas sobre la legislación aplicable, los sentimientos, el descontrol existente entre los propios afectados, el repugnante uso político y administrativo que algunos hacían del dolor ajeno, lo que llevaba a que muchas víctimas no fueran asistidas por nadie bajo el triste argumento de que no se conocía quién había cometido la masacre.

Comentamos algunas de las informaciones publicadas y la importancia de que las víctimas estuvieran agrupadas. Dicho y hecho. En pocas semanas se organizó la asociación, la junta directiva y los estatutos, canalizando las necesidades de cientos de víctimas ninguneadas por la Administración y sus entidades satélites.

Ya conocemos lo que ocurrió después. La tremenda lección de dignidad y educación presentada en su comparecencia ante la comisión que investigaba lo sucedido fue un momento cumbre para hacer llegar la realidad social que vivían cientos de víctimas. Ver el comportamiento mezquino de ciertos políticos abrió los ojos a muchos ciudadanos. Años después, el juicio en el que compartí muchas horas con miembros de la Asociación 11-M Afectados por Terrorismo mientras no aparecían otras asociaciones que, supuestamente, representaban a la víctimas.

LOS ALTAVOCES DE IFEMA

Hubo desencuentros con personajes que solo juntaban letras en libros para su club de peones mientras insultaban a Pilar y a las víctimas a las que su asociación atendía y representaba. Me impactó coincidir en una calle de Madrid con un alto cargo político que, señalando a Pilar, le decía a su acompañante: "Por culpa de esa puta perdimos las elecciones".

Ese impresentable no había entendido nada. Aquel 14 de marzo electoral Pilar, como tantos padres y madres, estaban esperando en Ifema a que les llamaran por los altavoces para conocer si sus familiares estaban muertos o heridos. Aquel enorme ignorante no recordaba que Pilar apareció por primera vez en los medios en diciembre, nueve meses después de la pérdida de las elecciones.

"NO ES MOMENTO DE FIESTAS"

Pilar Manjón ha sido una persona que aceptó ayudar porque otras víctimas le pedimos que lo hiciera. Y certifico que fue muy difícil convencerla. Puedo afirmar que ha recibido infinidad de ataques e insultos desde las redes sociales y también amenazas personales. Ha levantado comentarios a favor y en contra, incluso desde el mundillo de 'las' víctimas del terrorismo, y ha defendido a víctimas con las que compartía objetivos y propuestas haciendo callar a un inepto que intentaba interrumpirme mientas presentaba mi ponencia en una comisión. Tras los atentados de París, y mientras otras víctimas se iban a un tablao flamenco a divertirse, ella se quedó trabajando porque no era "momento de fiestas ni de bailes".

Como todo el mundo, en alguna ocasión habrá cometido algunos errores, pero es lo que tiene trabajar bajo presión, sobre todo si la presión es partidista y mediática. Pero es indiscutible que representando a 150 asesinados y a 1.700 heridos, la labor social realizada desde la asociación que ha presidido ha sido inmensa y necesaria. Solo exigía justicia y respeto a partes iguales.

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