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Javier Gómez Noya, el príncipe de los deportes

Joan Carles Armengol

Si fuera solo por su palmarés, se trataría de un trofeo más. Pero cuando Abel Antón, el exmaratoniano, leyó en Oviedo las motivaciones que llevaron al jurado a preferir al triatleta gallego Javier Gómez Noya por encima de los otros finalistas -los All Black de rugbi, la esquiadora Lindsey Vonn y el piloto de ralis Sébastien Loeb, poca broma- emergieron un par de líneas que sustanciaban el porqué de la decisión: "Sus valores de esfuerzo y perseverancia ante la adversidad que le han llevado a demostrar una enorme fortaleza y un encomiable espíritu de superación en toda su carrera".

FUERZA MENTAL SUPERLATIVA

Ese es Gómez Noya. Un príncipe de los deportes totalmente noble pero nada endiosado, que se ha tenido que ganar palmo a palmo todo lo que ha conseguido. En la contraportada de su mejor biografía ('A pulso. La historia de superación de Javier Gómez Noya'), los autores, los periodistas gallegos Paulo Alonso y Antón Bruquetas, definen perfectamente el espíritu de su trayectoria: "La historia de un chaval dotado de una fuerza mental superlativa que se convirtió en el primer especialista sin fisuras en uno de los deportes más exigentes". No se puede resumir mejor.

Y es que el principal rival de Gómez Noya en sus casi 20 años de carrera (a los 15 años ya debuto en un triatlón ante su ídolo, el también gallego Iván Raña, en la localidad asturiana de Castropol) no han sido los 1.500 metros de natación, los 40 kilómetros de bicicleta y los 10 kilómetros de carrera a pie que, en la modalidad olímpica, conforman esa combinación de deportes básicos que es el triatlón. En ese menester, este gallego de 33 años es todo un maestro y no ha encontrado más obstáculos que los derivados de la propia competición.

ENEMIGOS EN CASA

No. Los principales rivales de Gómez Noya los ha encontrado en los despachos oficiales, en las consultas médicas y en las sedes federativas. Su calvario empezó cuando en el año 2003 le prohibieron competir al aflorar una malformación congénita del corazón. Se trata de una valvulopatía aórtica o, lo que es lo mismo, una válvula bicúspide en la aorta, que según los especialista médicos del Consejo Superior de Deportes (CSD), les autorizaban a impedir cualquier ejercicio físico oficial del deportista.

Una valvulopatía aórtica estuvo a punto de dejarle fuera de juego por la intolerancia oficial

Le retiraron la licencia, que Gómez Noya recuperó temporalmente gracias a su lucha incansable y a los informes médicos favorables que buscó en todas partes, principalmente el de un prestigioso especialista de Londres, William McKenna, que acreditó que su enfermedad no impedía en absoluto la práctica del deporte de alta competición.

La pesadilla se repitió tras los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando la federación le retiró otra vez la licencia internacional, que no recuperaría de nuevo hasta principios del 2006 gracias a esa "perseverancia ante la adversidad" que, paradójicamente, ahora le ha reconocido el oficialismo español con el premio Princesa de Asturias.

ANOMALÍA CARDÍACA

"Primero le descubrieron una anomalía cardíaca. Después vio cómo le impedían correr fuera de España. Peleó por la verdad. Compitió prófugo, con una orden gubernamental que le prohibía disputar hasta una carrera popular junto a su casa. El talento lo tenía, pero Javier Gómez Noya necesitó una tremenda capacidad mental para superar los reveses que la vida le planteó desde muy joven. Jamás bajó los brazos. El dolor le hizo más fuerte y, ya libre para competir y vigilar su salud, se convirtió en el primer deportista con cinco títulos mundiales de triatlón", explican sus biógrafos en el libro citado anteriormente. El triatleta gallego, nacido el 25 de marzo de 1983 en Basilea (sus padres Javier y Manuela residían temporalmente en Suiza por motivos laborales, aunque a los pocos meses de vida del niño se instalaron en Ferrol) también tuvo que superar otros obstáculos. El peor, la decisión de dejarle fuera de los Juegos del 2004 pese a haber sido el tercer mejor español tanto en los Europeos como en los Mundiales. La federación decidió llevar a un gregario (Xavier Llobet) para ayudar a Iván Raña en vez de apostar por su pujanza. Otra espina clavada. "Me pareció injusto. No entendía la táctica de llevar a un gregario, algo complejo en un deporte como el triatlón, en el que te puedes quedar cortado ya en el agua. Además, yo era joven y podía haber jugado ese papel, pero nadie me preguntó. Si me hubieran dicho que tenía que ir a Atenas a ayudar a Iván, habría ido con los ojos cerrados", afirma ahora.

EL ORO QUE LE FALTA

Desde aquellos durísimos años 2003-05, sin embargo, Gómez Noya ha sido capaz de forjarse un historial que no se lo salta un caballo. Cinco veces campeón del mundo (superando al mítico británico Simon Lessing, que tenía cuatro), hace dos semanas ganó en Lisboa su cuarto título de campeón de Europa y, en pocas semanas, afrontará en Río el asalto al oro olímpico que le falta. En Londres 2012 se quedó con la plata, emparedado en Hyde Park entre los hermanos Alistair y Jonathan Brownlee, una medalla que de todas formas endulzó la decepción del cuarto puesto de cuatro años antes en los Juegos de Pekín.

Este fin de semana disputa en Leeds su primera prueba del circuito mundial, en un año enfocado exclusivamente a Río, donde se reencontrará con alguno de los Brownlee y rivales españoles que han crecido, y mucho, a su sombra, como Mario Mola y Fernando Alarza. "Estoy con ilusión y ganas, y premios como este hacen que tenga más motivación para dar lo mejor de mí mismo", ha asegurado esta semana el nuevo príncipe de los deportes español.

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