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LA ENTREVISTA

Gabriella Coleman: «En Anonymous también hay conserjes»

Núria Navarro

Gabriella Coleman está considerada una autoridad mundial en ciberactivismo. Sobre todo, en Anonymous, la comunidad virtual que ha destapado la corrupción de más de un gobierno y provocado la caída de los servidores de correo de los más de 4.000 empleados de la CNN. La antropóloga, guiada por 'hackers' que habían sido arrestados y sentenciados, se introdujo en el movimiento y el resultado de seis años de investigación es 'Las mil caras de Anonymous' (Arpa Editores).

¿Son muchos los 'anonymous'? Decenas de miles. En algunas operaciones son solo 10 personas. En otras, 10.000. No es tan grande como un movimiento de masas, pero las mayores cuentas de Twitter de Anonymous tienen más de un millón de seguidores.

¿Gente rara? Es difícil trazar un perfil. Todos los 'hackers' son hombres, la mayoría entre 20 y 30 años, que pertenecen a distintas clases sociales y grupos étnicos. Hay ingenieros y también conserjes. Suele ser gente que pasan mucho tiempo en línea, que les gustan los juegos de ordenador, que luchan por los derechos civiles.

¿Y dice que no hay mujeres? No son 'hackers', pero representan el 30% de Anonymous. Son mujeres brillantes que, por ejemplo, construyen las cuentas más grandes de Twitter.

Si uno es 'analógico', lo tiene mal para entrar en el club, ¿no? Hay dos maneras de enrolarse en Anonymous. Una es ir a una manifestación con la máscara de Guy Fawkes [la de la película 'V de Vendetta'] y autodenominarse Anonymous. Con eso basta.

claves biográficas

  • Nació en Puerto Rico, en 1973. Estudio Ciencias de la Religión en la Columbia y Antopología Cultural en la Universidad de Chicago.
  • En el 2012 se instaló en Montreal (Canadá), donde es profesora de  Alfabetización Científica y Tecnológica en la Universidad McGill.
  • Es pareja de un 'hacker' y durante seis años indagó en el ciberactivismo. Ha venido a Barcelona invitada por la Escola Europea d’Humanitats y la Obra Social La Caixa.

¿Y la segunda manera? Puede abrir una cuenta de Twitter -sin utilizar su foto ni su nombre- y empezar a enviar tuits, de manera que conecte con otras cuentas. No hay que ser ingeniero para unirse a Anonymous, pero hay que tener un cierto conocimiento cultural. Yo he enseñado a muchos periodistas a contactar.

Un primer paso, venga. Saber encriptar tu comunicación. Si quieres hablar con ellos, debes utilizar un canal seguro. Y luego saber cómo entrar en las 'chat-rooms', algo que se aprende en 15 minutos.

¿Diría que son héroes o villanos? Son ciudadanos con conciencia política que optan por la acción directa. Gente que está experimentando un tipo de activismo que, salvo excepciones, contribuye a buenas causas. Pero no son salvadores políticos. Anonymous sola no es eficaz. Necesita de la protesta en las calles, de activistas formales y de periodistas.

Necesitan a la prensa, pero desconfían de ella... Es una extraña relación simbiótica. Les encanta la atención mediática, así que o bien trabajan con los periodistas, o intentan llevar a cabo acciones para atraer su atención. A Anonymous les gusta vulnerar las reglas, pero tienen unas pocas. La primera es no atacar a los medios.

En eso están, ¿no? La CNN ya ha sido zarandeada. En los últimos cinco años han atacado a medios menos de cinco veces.

El anonimato les libra de responsabilidad. ¿Ni una objeción ética? Soy lectora de 'New York Times' y respeto a muchos de sus periodistas, pero en el 2003 publicaron que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva y eso justificó una guerra. A mayor reputación, más desastrosas son las consecuencias. Los de Anonymous tienen poder, pero también corren más riesgos (Edward Snowden está refugiado en Rusia y Julian Assange, encerrado en una jaula de oro). La ley de fraude informático prevé penas de 10 años de cárcel y eso hace que haya muchos miembros dispuestos a decir la verdad.

Se llaman el quinto poder. ¿Pueden poner en jaque a un gobierno? Casi derrocan el de Perú. Un grupo de 'hackers' de Anonymous se introdujo en el sistema del Gobierno y colgó los correos electrónicos. Eran la evidencia de una corrupción masiva. El Gobierno tuvo que someter a votación si disolver o no el Parlamento, y se mantuvo por un solo voto.

Suena angélico, pero los 'malvados' también pueden adoptar el nombre. Sí, pero hasta ahora, curiosamente, no ha ocurrido. En Inglaterra, un chico de 16 años empleó el nombre de Anonymous para hacer una acción contra una clínica de abortos. Y los periodistas hicieron su trabajo. En general, las acciones se reivindican. Si nadie lo hace, es probable que sea una maniobra del Gobierno para desacreditar a Anonymous.

Mientras investigaba, usted temió a los 'hackers' y al Gobierno. Me daban miedo que los 'hackers' que odian a Anonymous me atacaran a mí. Y estoy segura de que el Gobierno me vigiló. Un 'hacker' que fue arrestado y se convirtió en informador del FBI salió a mi encuentro. Nos conocimos y, casi con toda seguridad, llevaba un dispositivo para grabarme.

¿Este es el mundo que viene, vigilados por todas partes? ¡Absolutamente! Vamos dejando nuestra huella digital continuamente [Abre la tableta y muestra una miríada de puntos en el plano de Barcelona por los que ha pasado: restaurantes, playa, museos, tiendas]. Google lo sabe todo y el Gobierno puede entrar en los cables de Google y obtener la información.

¿Qué recomienda hacer? Yo no tengo teléfono móvil. Y solo utilizo la tableta cuando viajo. Ha sido una elección política por mi parte. Cuando llevas encima tu teléfono inteligente, saben dónde estás en todo momento, independientemente de si está encendido o apagado. Pero hay algo que aún da más miedo...

Suéltelo. Los gobiernos pueden encender a distancia el dispositivo para grabar todo lo que digas. Snowden recomienda poner el móvil en la nevera.

Al lado de la leche y el fiambre. Estamos viviendo tiempos muy extraños. Anonymous quizá no tiene una filosofía universal, pero creen en el anonimato, en una época en que ser anónimo es casi imposible.

No paran de repetir que si no estás en las redes sociales, no eres nadie. Es muy difícil no estar en línea. Es donde alimentamos las relaciones sociales y llevamos a cabo las transacciones empresariales. Algunos 'hackers' están trabajando para mantener la privacidad. Quizá en un futuro tengamos pequeños oasis de anonimato.

¿Por qué eligió como objeto de estudio Anonymous y no otra tribu? Para mí es importante que los 'hackers' no sean retratados como terroristas.

Esa es la tendencia. Dos veces al mes recibo 'mails' de estudiantes de Perú y China interesándose. Cuando un movimiento político joven está alcanzando al público en general, si el Gobierno no puede luchar contra él, lo desacredita. Retratarlos como 'terroristas' es la mejor manera de quitarles el poder. Pero, de momento, no han tenido éxito. Se han implicado en las primaveras árabes y en movimientos como Occupy Wall Street.

Incluso Froilán, nieto del rey emérito Juan Carlos, ha contribuido a la causa. ¿Se puso la máscara de Anonymous? Como es 'cool' hasta para Froilán, se complica más el etiquetar a Anonymous como 'terrorista'. Como lo complica el hecho de que, en el 2012, un grupo de políticos polacos se pusieran la máscara en la Cámara para protestar contra un tratado de derechos de propiedad intelectual.

Las marcas comerciales, que todo lo fagocitan, procuran no asociarse a su imagen. Anonymous tiene dientes afilados y no sabes si te van a morder, están dispuestos a ser extremistas e incluso ofensivos, eso también evita que se conviertan en un bien de consumo masivo.

¿Concluye que son el quinto poder? Son útiles porque están dispuestos a romper las reglas. Los periodistas lo deberían de ser por definición, pero cuando tienen relaciones con las autoridades gubernamentales están atados de pies y manos. Tener 'hackers' permite que los periodistas sean más libres. El quinto poder puede fortalecer al cuarto.

Mucho activismo y mucho 'hacker', pero Occidente da pasos atrás. Cuando los conservadores empujan es porque la izquierda está ganando. Vivimos un momento horrible, pero no definitivamente deprimente. El peor escenario que hay que temer es que los ciudadanos acepten la situación. La inacción es la muerte del planeta.

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