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15-M y derecho a decidir, ¿vidas paralelas?

Joan Subirats

Las trayectorias del 15-M, del movimiento por el derecho a decidir y del propio proceso soberanista han ido entretejiéndose y cruzándose, sin que se pueda hablar de una única dinámica. Los hechos de mayo del 2011 se sitúan entre la manifestación de julio del 2010 contra la sentencia del TC en relación al Estatut aprobado en referéndum, y la primera gran Diada de movilización soberanista convocada por la ANC el 11 de septiembre del 2012. Una ANC surgida de la asamblea del 30 de abril del 2011. Todo tiene también mucho que ver con las movilizaciones sociales que se multiplicaron desde el estallido de la crisis económica. Algunas de las características del proceso 15-M que, en parte ha desembocado en nuevas formaciones políticas y cambios de mayorías en muchos municipios importantes de Catalunya y en las últimas elecciones generales, son compartidas por el movimiento soberanista, mientras que otras son más específicas.

Si hablamos de elementos conceptuales, la exigencia de un mayor protagonismo ciudadano en las decisiones que afectan la vida de todos y todas está muy presente en ambas dinámicas. El 15-M se expresó más en clave de politizar los aspectos cotidianos, desbordando la idea de que la política tiene que ver sobre todo con partidos e instituciones. En el proceso soberanista, si bien siempre ha habido también un fuerte contenido ciudadanista y de alguna manera reticente al protagonismo de los partidos, las interacciones con instituciones (desde los ayuntamientos a la Generalitat) y con las fuerzas políticas han sido constantes, y eso ha condicionado también las acciones llevadas a cabo y generado elementos de tensión que siguen hoy presentes. Podríamos decir, sin exagerar en los paralelismos, que hay coincidencia en reforzar el empoderamiento de la gente en relación a los marcos institucionales, y en la reclamación de canales de participación más directa en todo aquello que nos afecta. Y hay diferencias en cómo se despliega esto en aspectos más sustantivos.

Dentro de la dinàmica 15-M (que no es propiamente un movimiento, ya que no tiene estructura, ni portavoces ni programa, pero que sí ha dejado huella tanto en contenidos como en formatos), el punto central era el rechazo al modo de hacer de las instituciones políticas de la democracia representativa en general, y la sumisión de estas instituciones a los grandes intereses económicos y financieros, despreciando las urgencias de una ciudadanía cada vez más golpeada por una crisis que pagaba quien no la había provocado. En el caso del proceso soberanista y de la ANC, el punto central es modificar el statu quo institucional de dependencia con el Estado, situando el Estado propio como pieza clave que permitiría salir de la situación de ahogo de las clases populares catalanas. El Procés Constiuent se situó claramente entre las dos dinámicas, y compartió presencia en ambas.

Las expresiones organizativas y las maneras de hacer surgidas del 15-M o las que expresa la dinámica soberanista muestran paralelismos en la construcción de artefactos innovadores entre movimiento ciudadano e institucionalidad política, con formatos híbridos que no son ni exactamente movimiento social ni tampoco un actor político convencional. También hay coincidencias en el fuerte uso de las redes sociales y de los medios digitales a la hora de generar vínculos y propiciar movilizaciones. La envergadura de las acciones pensadas desde el 2012 por las diferentes Diades habrían sido imposibles sin las posibilidades que ofrece la red. En este sentido, la ANC y el 15-M son expresiones no solo de acción colectiva, sino también de acción conectiva. Podríamos decir, pues, que pese a las diferencias existentes, 15-M y derecho a decidir son hoy expresiones de la voluntad de más protagonismo de la gente en las decisiones que les afectan.

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