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EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Jordi Hurtado: la esfinge de Sant Feliu

Inasequible al paso del tiempo, el presentador de 'Saber y ganar', programa de las sobremesas de La 2 de TVE, acaba de anunciar su primera baja laboral en casi 20 años de programa.

Juan Fernández

Jordi Hurtado es la demostración de que en la vida no hay nada más excepcional que la normalidad. Con su aspecto de vendedor de enciclopedias y su expresividad de conversación de ascensor, correcto y pulcro pero en las antípodas del canon del animal televisivo, el presentador tenía todas las papeletas para haberse difuminado hace tiempo en el ecosistema de la pequeña pantalla, tendente a la combustión rápida. Sin embargo, su longevidad al frente de 'Saber y ganar', espacio que en febrero del próximo año cumplirá dos décadas de emisión ininterrumpida, le ha convertido en un hito inaudito en la historia de la tele y el panorama mediático de este país. No es habitual que una presencia tan fácilmente olvidable como la suya acabe erigiéndose en fenómeno pop.

Que su figura trasciende los límites del concurso que presenta todas las sobremesas en La 2 lo prueba el impacto alcanzado esta semana por el anuncio de su inminente baja laboral por motivos de salud. Destinatario habitual de bromas a cuento de su inalterable aspecto, se ofrecía fácilmente a la chanza que el arquetipo de la inmortalidad televisiva mostrara su primera señal de caducidad -en 19 años de programa solo interrumpió la grabación en una ocasión, por culpa de una afonía-.

REFLEXIONES CHUSCAS

Tardaron minutos las redes sociales el pasado miércoles en llenarse de reflexiones chuscas que conectaban su deserción de 'Saber y ganar' con la falta de gobierno en España, la inminente caída de un meteorito o la mismísima llegada del apocalipsis.

Tanto cachondeo solo se les profesa a los personajes que previamente han sido adoptados por la población como uno más de la familia. Jordi Hurtado pertenece a esa categoría de figura televisiva acogida por el gran público más allá de sus aptitudes o de sus índices de audiencia, una suerte de Eduard Punset versión presentador de concursos capaz de granjearse la simpatía de la gente que jamás ve su programa.

TRABAJADOR Y DISCRETO

Pero no fue fácil para el de San Feliu de Llobregat, de 58 años, sentirse cómodo en su condición de mascota mediática. Trabajador y discreto como una hormiga, hasta hace un lustro solía mostrarse más bien opaco, concedía entrevistas con cuentagotas y las alusiones a su lozanía las despejaba frunciendo el ceño. Su disgusto con la coña de su eterna juventud tocó techo en 2009, cuando los ponentes de un simposio sobre teorías de la conspiración se atrevieron a plantear que en realidad estaba muerto y Televisión Española se dedicaba a mostrar en el programa montajes hechos a partir de grabaciones del pasado. Bromas aparte, salvo por los cambios de su modelo de gafas, cualquier plano suyo en los inicios del concurso, estrenado el 17 de febrero de 1997, podría sustituirse por otro de esta misma semana y costaría encontrar la diferencia.

Una masa muy superior al millón
de espectadores le
sigue cada tarde, 
de lunes a domingo

El presentador ha reconocido que el bulo de su falso fallecimiento llegó a afectarle personalmente, pero a partir de ese momento decidió darle la vuelta a aquella situación y en vez de enfrentarse al mito que le perseguía, optó por abrazarlo. Desde entonces, Hurtado es el primero en sacarle punta a las cualidades de esfinge de su rostro: ha viajado al pasado en dos capítulos de la serie 'El Ministerio del Tiempo', ha participado en anuncios poniendo acento en su presunta «inmortalidad» y actualmente promociona un balneario murciano que asegura conocer «el secreto de la eterna juventud de Jordi Hurtado».

TRES DÉCADAS EN LA TELE

Consciente del cariño que le dedica el público -una masa muy superior al millón de espectadores que le sigue religiosamente cada tarde de lunes a domingo-, el presentador disfruta de este momento dulce de su carrera. El año pasado cumplió tres décadas en la tele, donde llegó tras foguearse como locutor de concursos radiofónicos en 'Lo deja o lo toma' (1981), de Radio Barcelona, emisora con la que un año más tarde, con 'Radio al sol', ganaría uno de los dos Premios Ondas que tiene.

En la pequeña pantalla debutó junto a Virginia Mataix en el mítico 'Si lo sé no vengo' (1985) y antes de llegar a su actual destino pasó por varios concursos de éxito dispar -'Pictionary', 'La liga del millón', 'Carros de juego', '¿Cómo lo hacen?'-, e incluso le puso voz a Epi en el espacio infantil 'Barrio Sésamo'.

Primo lejano de Jordi Évole, con quien comparte bisabuelo y ascendencia extremeña, Hurtado añade un particular dominio escénico del plató a la sempiterna mocedad de su rostro. Pocos locutores pueden presumir, como él, de llevar 4.500 programas presentados sin ayuda de pinganillo que le dé indicaciones ni autocúe (o teleprompter) dónde leer el guion. Ahí está él solo con sus tarjetas y sus tablas.

No es amigo de los cambios ni de armar más ruido del estrictamente necesario. Casado con su representante y padre de dos hijas veinteañeras, después de tantos años en TVE sigue siendo autónomo y jamás se le ha visto pisando un charco -recientemente afirmó en una entrevista que «Catalunya es un país», pero a continuación aclaró: «cada uno le puede dar el significado que quiera», y ante un hipotético referéndum de independencia, dijo que dudaba-.

Sus detractores le reprochan que transmite la calidez de las flores de plástico, pero acaso su gran secreto sea portar la naturalidad del tipo más normal que cruza por la calle.