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¿Recuerdan la radio?

Ya se sabe que quien mata de verdad a un padre es el hijo. Y ya lo tenemos aquí. El 'podcast' es un bebé hermosísimo que vino al mundo pesando cinco kilos y con un revólver bajo el brazo

Juan Carlos Ortega

Día 24 de abril de 2030

Los mayores aún recordamos la época en que la radio se escuchaba por la radio. Este ingenio podía funcionar con pilas o conectado a la red eléctrica. Girando una rueda, era posible buscar programas y quedarse con el que más te apeteciera. Algunos aparatos eran digitales, y en ellos resultaba fácil encontrar lo que quisieras introduciendo el número que cada emisora tenía asignado.

Las cadenas emitían en una franja electromagnética llamada «frecuencia modulada», también conocida, si no me falla la memoria, como «FM». Entonces la radio tenía estrellas. Recuerdo como si fuera ahora a Carles Francino, Gemma Nierga, Julia Otero, Carlos Herrera, Pepa Fernández, Carlos Alsina, Juan Ramón Lucas, Pepa Bueno. Había un montón. A mí me gustaban todos. Los admiraba y me daba igual su ideología. Solo me fijaba en sus voces, en el modo que tenían de hablar con la gente. Eran maravillosos, créanme, y me hacían absolutamente feliz.

Aún tengo muy presente lo que les pasó. No se dieron cuenta. Les pilló por sorpresa. No les culpo, porque a mí me sucedió lo mismo. Siguieron con sus programas, pendientes de un dato que, por entonces, se llamaba EGM. Creo que eran unas siglas de algo: Estudio de Grandes Masas, o Estudio General de Mentes. Ahora no sabría decirles, pero lo que sí recuerdo es que los locutores se ponían muy contentos cada vez que se publicaban. Sin saber por qué, una especie de milagro convertía en real la paradoja de que todos ellos, por separado, ganaban a los demás.

Mientras esos profesionales estaban en su mundo, la radio nacía de nuevo en otro lugar. Unos tipos extraordinarios locutaban sin cobrar un euro, solo por el placer de comunicarse con los demás. La palabra programa dejó de utilizarse y en su lugar se instaló el término podcast. Allí estaban ellos, a la sombra de la vieja radio, emitiendo en internet maravillas como 'Coffee Break, señal y ruido', un espacio de ciencia que se emitía desde Canarias, conducido por un entonces jovencísimo Héctor Socas, el mismo que hace dos años fue galardonado con el primer Nobel de Física en España por sus trabajos sobre la corona solar.

Día 24 de abril de 2016.

Se ha convertido en un tópico decir que a la radio la intentaron matar y sobrevivió. Eso fue así porque la asesina era su prima, la televisión, y ya se sabe que quien mata de verdad a un padre es el hijo. En el caso de la radio, nunca lo intentó, no por bondad, sino porque todavía no había nacido. Pero ahora ya lo ha hecho. Es un bebé hermosísimo que vino al mundo pesando cinco kilos y con un revólver bajo el brazo.

Desde hace unos años, el 'podcast' está apuntando a la radio en la cabeza y ella, romántica como es, cree que el frío roce del metal en su sien es un beso de la audiencia. Dentro de poco el gatillo cederá y las grandes emisoras que llevan dándome de comer desde hace 20 años caerán al suelo desplomadas.

Tras el tiro mortal, el 'podcast' heredará el apellido paterno. Lo llamaremos radio y de nuevo estaremos seguros de su inmortalidad. Entonces Héctor Socas y el resto de profesionales que hacen en internet genialidades sin ganar dinero, empezarán a cobrar, porque se lo merecen y porque es ley de vida. Les dejo. Voy a seguir escuchando 'Coffee Break, señal y ruido'. A lo mejor hasta oigo el disparo.