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Quim Boix: «Mi tortura desencadenó la manifestación de los sacerdotes»

NÚRIA NAVARRO

El 'dress code' de la cita en Sarrià prescribía corbata. A Quim Boix (Barcelona 1945), de los pocos estudiantes comunistas de la Escuela de Ingenieros, le rechinaron los dientes, pero se la puso. Hermano menor del sindicalista Isidor Boix, era uno de los 13 delegados que movilizó a todo el estudiantado. Cursaba segundo y, como delegado, fue quien le había pedido al director de la Escuela, José de Orbaneja, amigo de Franco, si les dejaba el salón de actos para celebrar la asamblea el 9 de marzo. "Me sacó del despacho a gritos –recuerda–, pero no fue capaz de arrancar  el anuncio de nueve metros que un mes antes colgamos en la fachada".

EN LA MESA PRESIDENCIAL

Fue muy tranquilo a Sarrià. Solo debían aprobar unos estatutos y una declaración sobre la universidad democrática que se habían discutido durante meses en las asambleas de las facultades. Dada la relevancia de su papel en todo aquello, se acomodó en la mesa presidencial. "Cuando llegó la policía ya habíamos acabado la tarea y estábamos en condiciones de irnos todos a casa", explica. A su juicio, fue el llamativo Mercedes blanco de Tàpies aparcado frente al convento lo que atrajo a la brigada Político-Social como polilla a la luz. "El tono de la reunión cambió cuando la policía puso como condición entregar la documentación y detener a quienes les pareciera".

Abortado el encierro, los notables y los profesores fueron llevados a Via Laietana, y Boix salió como el resto de estudiantes. Por la puerta. Pero se filtró que los 13 delegados serían detenidos. "Pactamos qué aceptaríamos la detención y que no daríamos más información a la policía que el nombre y el cargo".

El 6 de mayo, dos meses después de la Caputxinada, se cumplió el pronóstico. Fue arrestado –la primera de 11 detenciones– y llevado a Prefectura. "Fui muy estricto con la promesa de no hablar y como, encima, la policía quería que declarase que era comunista y no lo hice, me torturaron". No le metieron la cabeza dentro del agua, ni apagaron cigarrillos en su piel, pero de la somanta que le dieron estuvo 15 días magullado.

"¡LA QUE HAS ARMADO, CABRÓN!"

Lo trasladaron al Palacio de Justicia y en los sótanos el abogado Josep Solé Barberà le propuso denunciar las torturas. "Estuve de acuerdo y mi madre, que era más de derechas que mi padre, firmó los papeles". 

Boix fue encerrado en la Modelo y el 14 de mayo de 1966 el funcionario de prisión abrió su celda y, para su estupefacción, le dijo: "Quim, ¡la que has armado, cabrón!". ¿Qué había armado? La denuncia que había firmado su madre animó a 130 sacerdotes a encaminar sus sotanas hacia Prefectura para entregar al comisario Creix una carta de repulsa. Lo nunca visto. De manera vistosa, escenografiaron que el franquismo perdía apoyos de la Iglesia.

BATALLÓN DISCIPLINARIO

Salió de prisión a las tres semanas, lo enviaron a hacer la mili al batallón disciplinario de Cabrerizas en El Aayún, Sáhara, y fue juzgado en Madrid por asociación, propaganda y manifestación ilegales. Volverían a sentarle en el banquillo, esta vez junto a Ernest Lluch y Cipriano García, por presidir un acto de la facultad de Derecho en octubre de 1966 en el que denunciaron que no se respetaba el derecho a la libertad sindical de los estudiantes y los trabajadores. "Al ser reincidente, cumplí seis meses entre rejas".

Boix, que no ha perdido impulso, sigue siendo comunista y hoy capitanea la Unión Internacional de Sindicatos de Pensionistas y Jubilados, lo da todo por bueno. "La Caputxinada demostró que es posible trabajar democráticamente, de  manera asamblearia".

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