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Nuccio Ordine: «Los políticos no ven la importancia de la belleza»

Núria Navarro

Según un cuento zen, el hombre primitivo se elevó por encima de la bestia al ofrecer a su amada la primera guirnalda de flores. Aquel acto gratuito lo humanizó. Sin marcha atrás. En este caladero fondea el filósofo y profesor italiano Nuccio Ordine, autor de 'La utilidad de lo inútil' (Acantilado). A su juicio, el arte, la literatura, la filosofía, la música y la poesía -prescindibles para la sociedad utilitarista- son la savia de la humanidad.

¿Son malos tiempos? Los peores. El capitalismo es tan agresivo y voraz que, a riesgo de la autodestrucción, persevera en la lógica del beneficio. Un ejemplo es Volkswagen. Lo que la compañía había ganado no tiene comparación con los miles de millones que gastará en juicios. Es la misma lógica que está a punto de destruir la educación.

¿En qué sentido? La escuela y la universidad se han transformando en empresas. Su objetivo es 'vender' diplomas a 'estudiantes-clientes'. Maquiavelo decía que "el mundo se divide entre quien sabe y quien no". El que sabe tiene el poder y el que no, es manipulado. Saber significa romper las cadenas de la dependencia.

Este asunto ya preocupaba en el siglo V antes de Cristo. Es una antigua preocupación, sí. Pero con el conocimiento que la humanidad ha acumulado durante 25 siglos, deberíamos de haber puesto un freno, preservar nuestra vida del exceso de utilitarismo, porque el conflicto ha llegado a un punto terrible. ¿Quiere un ejemplo?

Si es tan amable. El pasado agosto, el ministro japonés de Educación, Hakubun Shimomura, envió una carta a 20 facultades de letras para comunicarles que no había dinero para permitirse «el lujo» de mantenerlas. ¡Eso es gravísimo! Si consideras inútiles la música, la literatura, el arte o la arqueología, la humanidad caerá en la barbarie.

La barbarie ya enseña los colmillos. Estamos a punto de ver a la bestia entera. El fundamentalismo encuentra sus raíces en la ignorancia. Los yihadistas que destruyen Palmira o roban los manuscritos de Mali destruyen bienes de la humanidad. Y las grandes potencias envían a sus ejércitos para proteger pozos de petróleo, pero jamás para defender un monumento. ¡Un monumento es único e irrepetible, los pozos de crudo no! ¿Por qué los políticos no comprenden la importancia de la belleza?

¿Tiene una respuesta? Porque la belleza nos enseña a amar el bien común y a valorar la importancia de la gratuidad. Si una pintura de Picasso conmueve, no lo hace porque da dinero, sino porque hace vibrar las cuerdas del corazón.

¿A usted qué 'inutilidad' le hace vibrar las cuerdas del corazón? Yo no puedo vivir sin escuchar los cuatro últimos 'lieder' de Strauss, o el pasaje 'Erbame dich, mein Gott' de 'La pasión según San Mateo' de Bach.

claves biográficas

  • Nació en Diamante (Calabria), en 1958. Sus padres no tenían estudios secundarios y en el municipio no había librería ni cines. Un profesor de literatura cambió su destino.
  • Es profesor de Literatura italiana en la Univeridad de la Calabria, en Cosenza. Es quizá el mayor experto en Giordano Bruno.
  • El Institut d'Humanitats de Barcelona le ha invitado a dar una conferencia para celebrar su 30º aniversario.

La música. En 'El mercader de Venecia', Shakespeare dice que «el hombre que no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos». Se equivoca y hace que se equivoquen los otros.

Cuando no hay pan ni trabajo es difícil moverse por «dulces sonidos». La dignidad del hombre que no tiene techo, trabajo ni cobertura sanitaria es una dignidad herida. Pero yo nací en una casa en la que no había un solo libro. En mi municipio, Diamante, no había librerías, ni un cine, ni un teatro. Sin embargo, tuve un profesor de literatura italiana y latín que me contagió su pasión.

Los niños del éxodo sirio no van a la escuela. Y han tenido que morir miles en el Mediterráneo para que Europa haya empezado a mostrar una brizna de solidaridad. ¡Es espantoso! Cada vez viviremos más situaciones difíciles. Así que la idea es por dónde empezar a construir una sociedad mejor.

¿Por dónde empezar? El Tribunal de Cuentas de Italia ha declarado que el Estado pierde 70 millones por casos de corrupción, y 120 millones por evasión fiscal. Esos 200 millones podrían resolver problemas de los que sufren.

A la práctica, no parece tan simple. No. El poeta John Donne, del siglo XVII, dijo: «Nadie es una isla en sí mismo [...]; por eso la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad».Pero la lógica de la multinacional, sin embargo, es ir a una nación, explotarla y dejar atrás la tierra quemada.

¿Entonces? Propongo comenzar por la educación. Hay que formar a ciudadanos capaces de apreciar valores como la solidaridad, el respeto al otro, la tolerancia, la consideración de la pluralidad de lenguas y culturas. ¿Cómo puede hacer eso la escuela? Para empezar, no preguntando a un niño de 13 años «¿qué quieres hacer de mayor?» «¿cuánto dinero quieres ganar?». Porque estás corrompiendo su pureza y le enseñas que su finalidad es el mercado. 

¿Qué hay que explicarle? Lo oí contar a Andrea Camilleri una historia aleccionadora que reproduzco: se declaró un incendio voraz en la selva y los animales salieron de allí corriendo. En un momento dado, el león, el rey, vio a un pequeño colibrí volar en dirección a las llamas y le dijo: «¿Qué haces, loco?». Y el colibrí le respondió: «Llevo una gotita de rocío y voy a intentar sofocar el fuego». Cada uno debe aportar nuestra gota de rocío.

Como aquel estudiante que se plantó ante el tanque en Tiananmen. Así es.

Aquello fue en 1989. ¿Ya no quedan gestos 'inútiles' como aquel? Hace un par de semanas, nos invitaron a Zygmunt Bauman y a mí a la firma de un convenio de asociaciones que se ocupan de discapacitados psíquicos, considerados «inútiles» por el sistema. Darles importancia, importa. Todos debemos hacer lo que debemos hacer. Si yo, que soy profesor, no me ocupo de mis alumnos, soy un criminal. Mato su potencial pasión.

Sus alumnos tienen suerte. Les suelo leer una carta que Albert Camus escribió a su maestro de primaria en Argelia tras ganar el Nobel. Le dijo que sin él jamás habría sido quien era ni tendría ese premio. Un buen profesor, un libro o un concierto nos hace mejores. La cultura es una forma de resistencia al utilitarismo. Podemos comprar todo con dinero, excepto el saber. La maravilla de la cultura es que pide esfuerzo, y es el esfuerzo lo que nos hace mejores. Es algo que la moderna pedagogía no comprende. Cada vez le hace la vida más fácil a los alumnos. Rilke decía que «lo fácil nos lleva a la oscuridad».

Rilke no tenía internet. Hoy se considera que para crear escuelas modernas hay que comprar ordenadores y tabletas. ¡Es una estupidez! En Inglaterra, donde han hecho un gasto enorme en tecnología, solo han podido confirmar que los que han salido ganando son las empresas tecnológicas. Enseñar es seducir con la palabra.

Baje la voz, que estamos en medio del Mobile World Congress. Barcelona tiene vocación de ser una ciudad inteligente. Pero la aspiración de la 'smart city' pasa por hacer grandes inversiones en tecnología para saber rápido si hay un párking cerca o reservar entradas en museos, cuando debería aspirar a que su ciudadanía fuera inteligente. Los últimos casos de terrorismo muestran que quienes perpetraron los atentados se formaron en escuelas de la periferia de Francia y Bélgica. Si el único valor que les proponen es el dinero, se sienten automáticamente excluidos.

El nombre de Ala que les inspira también es un concepto no utilitario. Según Giordano Bruno, los filósofos no tienen necesidad de religión. Los terroristas crecen en un mundo donde no se fomenta el pensamiento y la religión es la forma de encontrar una razón para vivir. Si agrandamos la brecha entre cultivados y desesperados creamos una bomba atómica que, en un momento u otro, explotará.

¿Algún atajo para esquivar el devastador estallido? De momento, soy pesimista porque veo una clase política incapaz. Son unos ignorantes. Ven la cosa pública como un campo a explotar. No aprecio en ellos el amor al bien común. Así que la única respuesta que podemos dar es la del colibrí. Aportar nuestra gotita de rocío.

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