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David Broncano: «Tengo un espíritu de bufón, como de troll de internet»

BEATRIZ MARTÍNEZ

Su humor -forjado tras muchas horas de digestión lenta de las chaladuras de los Monty Python- es irreverente y fresco. Digamos que viene a ser la evolución de La Hora Chanante pasada por el filtro de la Generación Millennial.

Últimamente está usted en todas partes. ¿Qué pasa? Ha sido un poco progresivo. Desde que empecé en esto siempre he ido encadenando programas, pero es verdad que en los últimos dos años no he parado… para desgracia de mis actividades de ocio y de mi ránking en la Federación de Tenis (ríe). Hay que aprovechar el momento. A veces tienes dudas de si vas a llegar a todo, pero no quieres dejar de hacer ningún proyecto si es muy chulo.

¿Cuándo le empezó a interesar el mundo del espectáculo? No fue algo vocacional. Yo trabajaba en otra cosa, en una agencia de publicidad, y me gustaba mucho la comedia. Había visto muchos monólogos, cintas de los Monty Python que tenía mi padre en casa, pero como puro espectador. No recuerdo el clic, pero con 23 o 24 años, viendo Paramount Channel, creo que mi hermano me animó a mandar un guion. Lo envié y les hizo gracia. Fue a partir de ahí cuando empezó todo y me dejé llevar por la avalancha.

El perfil

Nació en Santiago de Compostela, pero pronto su familia se trasladó a vivir a Ordera, en Jaén.

Estudió Informática y Publicidad en la Universidad Complutense de Madrid y trabajó en algunas agencias de comunicación hasta que pudo ganarse la vida como cómico.

Se inició como monologuista en Paramount Channel en 2007 y desde entonces ha pasado por Cuatro, La Sexta y Canal + y, en radio, por 'No somos nadie', de M80, 'Hoy por hoy' y 'A vivir que son dos días de la SER.

Es aficionado al deporte, durante un tiempo entrenó diariamente con su equipo de fútbol y se declara hincha incondicional del Atlético de Madrid.

¿Además de los Monty Python, cuáles son sus mitos? Los Monty Python fueron un referente porque los empecé a ver casi de niño. No sigo su estilo, pero sí que fueron una gran influencia. Ellos hacían un tipo de humor que era como comedia pura sin excusas de ningún tipo, y a mí eso me encantaba. Es cierto que muchos compañeros son unos auténticos estudiosos de la comedia, la americana, la inglesa. Yo no tanto. Me gustaba Faemino y Cansado y toda la gente de La Hora Chanante, que eran mis favoritos.

¿Cómo define su humor? ¿De dónde extrae el material para sus gags? No sabría decir cómo lo definiría. Al principio intentaba hacer cosas muy provocadoras, humor muy negro. Pero sé que me pasaba un poco de la raya, forzaba mucho para generar una reacción, que es como cosa de cómico novato, aunque haya gente que haga carrera solo con eso. Pero me encantaba liarla, subirme a un escenario y ver si la gente se ofendía y podía montar bulla.

Pero sigue manteniendo cierta irreverencia Sí, la mantengo, pero antes buscaba temas a posta para que el público se molestara. Por ejemplo, el secuestro de la niña Madeleine en Portugal, o la historia de aquel monstruo de Austria [que mantuvo a su hija encerrada durante 24 años, a la que violó y con la que tuvo siete hijos]. Con esos temas me frotaba las manos, porque sabía que ponían nervioso al público. Y si lograba que se rieran, era maravilloso.

¿Y ahora? Pues, con el tiempo me he dado cuenta de que tenía que ampliar mi repertorio, y que no hacía falta provocar todo el rato. Ahora mi reto es conseguir cómo cosas que me hacen gracia a mí, se la hagan también a los demás. Eso es divertido porque tienes que hilar bien el texto para que la gente sea capaz de entender tu proceso mental y por qué estás llevándola ahí.

Esa irreverencia le ha acarreado algunas polémicas , como la del 'sketch' de la niña paraguaya. Sí, pues ahí se montó un conflicto diplomático y todo. Hice un 'sketch' con la selección española en la que me inventé que yo había adoptado a una niña paraguaya, que era yo con peluca. Lo aislaron del contexto del personaje que yo hacía y se creó una polémica con Paraguay brutal, porque pensaban que me estaba riendo de ellos. Hasta tuvo que intervenir el entonces ministro Moratinos. Al principio me hizo gracia porque tengo un espíritu de bufón, como de troll de internet. Lo que pasa es que aquello se desmadró y empezaron a amenazarme. Tuve que cerrar todas las formas de comunicación con el mundo, porque me llegaban miles de mensajes muy chungos.

¿Hasta dónde cree que se puede llegar ahora a trasvasar los límites de lo políticamente correcto? Si se pudiera no solo traspasar sino pasar sobre ellos, y echar cal encima y quemarlos, muchísimo mejor. Los límites de lo políticamente correcto habría que gasearlos.

¿Y tiene algún problema de censura o de autocensura? Sí, claro. No se puede insultar a personas que tengas delante, nunca. Sería de mal gusto. Si hago una gala frente a personas invidentes, no se me ocurre meterme con los ciegos, porque sería un imbécil. Pero hablar de algo general sin querer ofender a nadie en concreto…

Como en el caso de los niños gordos chinos, una de sus obsesiones. Las asociaciones de obesos se quejaron. A mí es que me hacen gracia los niños gordos chinos que bailan, claro. Pero si alguien que esté gordo se ofende con esto, me da un poco igual, es problema suyo.

Por ejemplo, en estos momentos. ¿qué tema encuentra que de verdad es delicado parodiar? Ahora el ISIS es un tema bastante complicado. Alguna vez lo he usado en algún monólogo teatral. El primer chiste sobre el Estado Islámico no entra bien. Si haces tres o cuatro y logras calentar el ambiente, igual va mejor, pero es un tema complicado.

La política ahora es un elemento muy candente para satirizar. En realidad siempre lo ha sido. Cuando estaba Aznar de presidente también se contaban muchos chistes. Creo que es un poco cíclico, y en los años en los que hay elecciones todavía más, sobre todo con el barullo que hay ahora montado. Toda situación que sea un poco revuelta, da para hacer comedia, ya sea la política, una final de fútbol o una rebelión agraria.

¿Y sobre el independentismo? Uy, ese tema me vuelve loco. Me encanta hacer chistes cuando voy a 'El Club de la Comedia' en Barcelona. Los primeros diez minutos siempre los dedico a eso. Empiezo a hablar de lo que debería hacer Catalunya cuando fuera una nación... Y, además, tengo muy buen acento catalán. Hablo mucho del 'procés', del 'Estat Català', de la CUP. De cómo haría que hacer las fronteras… Como es un tema sensible, si lo encauzas bien, generas mucha reacción.

¿Cuál es el personaje político que en estos momentos es más parodiable? A mí me hace mucha gracia Rajoy. Me gustaría verlo por un agujerico y saber qué es lo que hace durante el día. Pero como da para muchos chistes, creo que está demasiado trillado. Y aunque ideológicamente esté más cerca, genero más gags últimamente con Carmena y Ada Colau. Todos los chistes alrededor de los nuevos partidos políticos son un campo a descubrir, porque tienen costumbres y ademanes diferentes al resto.

Hábleme un poco de su colaboración en el programa de Buenafuente, 'Late Motiv', de Canal #0, Movistar. Pues estoy encantado, porque de las cosas que me han propuesto en los últimos tiempos, es la que antes he aceptado sin negociar ni siquiera las condiciones. Cuando era pequeño y vivía en Jaén, nos costaba encontrar la señal de TV-3, pero lo conseguíamos, y aunque no me enteraba de todo, el de Buenafuente era mi programa favorito. Imagina la ilusión que me provoca formar ahora parte de él.

Tendrá que estar muy al tanto de la actualidad para sacarle partido. Hay muchos cómicos que no hacen actualidad, y que hacen monólogos de temas cotidianos o de cosas que no caducan. Pero para mí es materia imprescindible, porque trabajo en radio, y en la tele, y son programas que van pegados a la actualidad. Y sí que requiere estar pendiente, porque sacas chistes de cosas que están pasando. Es un humor muy instantáneo, y al día siguiente ya no sirve, pero te mantiene alerta de todo constantemente y eso me gusta.

También le hemos visto en programas de cine. ¿Es muy cinéfilo? No soy un gran especialista en cine, pero sí que veo cine como todo el mundo. Cuando hacía el programa de cine de Canal + yo les avisé de que sabía del asunto lo que cualquiera. Pero ellos querían ese punto de vista fresco y diferente, porque ya tenían expertos en la materia. Si entrevistábamos a Julio Medem, para que no fuera todo muy denso y profundo yo le preguntaba: 'Julio, tienes pelazo, ¿cómo afecta eso a tus películas?'. Y ese tipo de cosas.

También le vimos hace poco haciendo entrevistas en la alfombra roja de los premios Feroz Un poco lo mismo, les encanta que no me entere de nada. Ni siquiera quieren que sepa quiénes son los nominados. Me hacen como en el programa de 'El último superviviente' de Discovery, que dejan a un tío con un palo en una llanura en Siberia y a ver cómo sale de esa. Pues lo mismo.