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INCERTIDUMBRE TOTAL

Incertidumbre total

La palabra más repetida esta semana en el Foro de Davos ha sido 'incertidumbre': Incertidumbre geopolítica, climática, demográfica, económica y de seguridad

Los viejos referentes, como el trabajo, la identidad y la familia, están en implosión y aumentan las voces que llaman a colectivizar los aspectos fundamentales de la vida

JUAN FERNÁNDEZ

 

  / CRISTINA CLAVEROL

Si hoy despertáramos a un ciudadano que hubiera entrado en un profundo y largo sueño hace medio siglo, sin duda se quedaría asombrado al descubrir los prodigios de nuestro tiempo. Le dejaría boquiabierto saber que en el bolsillo llevamos teléfonos que, aparte de para hablar, sirven para conocer al detalle el tiempo que hará mañana en su ciudad y hasta para operar en la bolsa de Shanghái. Le pasmarían las medidas de seguridad de los vehículos de hoy y el confort de las viviendas actuales, y creería encontrarse en un mundo ideal al conocer las cotas de libertad personal, religiosa, sexual e ideológica que hoy se disfrutan.

Sin embargo, esa fascinación se llenaría de dudas cuando descubriera otros detalles de la vida contemporánea. Cuando cerró los ojos, la gente encontraba trabajo con solo salir a buscarlo y lo mantenía hasta el día de la jubilación, pero hoy se firman contratos por días, e incluso por horas, y tener dos empleos no garantiza poder llegar a final de mes. Se echó a dormir sabiendo que, salvo cataclismos imprevistos, la siguiente generación viviría mejor que la anterior, pero ese dogma de la sociedad del bienestar es hoy una quimera a medio plazo y una renuncia a corto.

HEMICICLO FREGMENTADO

Hace medio siglo, las relaciones personales hacían honor a ese nombre y la familia respondía a un modelo claro y perenne. Hoy se liga con desconocidos mediante aplicaciones móviles, se conversa con los amigos a través de pantallas, y el patrón familiar compuesto por papá, mamá e hijos ha sido sustituido por múltiples fórmulas de convivencia, desde las monoparentales hasta el poliamor, que frecuentemente se suceden en el tiempo sin vocación de permanencia y en las que criar una larga prole se considera un anatema. Ahora hay Viagra, anticonceptivos y píldoras del día siguiente, sí, pero en los botiquines de las casas también hay ansiolíticos, cuyo consumo se ha disparado.

En el pasado, las ideologías proponían paradigmas de mundos mejores y la igualdad era una aspiración razonable. Fronteras adentro, se soñaba con pasar página del franquismo para abrazar a Europa como referente moral, democrático y de justicia social. Hoy los idearios políticos han sido sustituidos por el dogma del beneficio económico y la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado. En España, el panorama político se ha fragmentado hasta hacerse ingobernable y la mitad de la sociedad catalana reclama vivir en un estado diferente. La Europa fraterna de ayer repone las aduanas interiores que había eliminado, consiente que crezcan el euroescepticismo y los populismos, y se muestra incapaz de gestionar el drama de los refugiados.

TIEMPO INSEGURO

En su despertar, el durmiente descubriría que había llegado a un tiempo mucho más inseguro y cambiante. La era de la incertidumbre que predijo el sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su obra 'Modernidad líquida' a finales del siglo pasado es hoy una realidad indubitada. Asideros tradicionalmente sólidos como la familia, el trabajo, la nación y la ideología han sido puestos en cuestión, en ocasiones hasta ser reducidos a la irrelevancia. Estamos obligados a vivir y entendernos en «un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre», como proclamó Bauman en su discurso de aceptación del premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 2010.

En el pasado había otros problemas, pero disponer de unas cuantas certidumbres férreas ayudaba a hacerles frente. Averiguar cómo se han ido perdiendo resulta crucial para comprender este mundo líquido que ahora habitamos y para aprender a manejarnos en su ambigüedad.

El sociólogo Enrique Gil Calvo emparenta ese cambio de paradigma con dos acontecimientos históricos: la caída del muro de Berlín en 1989 y, 10 años antes, la llegada de Margaret Thatcher al poder en el Reino Unido. «La consecuencia fue la retirada del Estado y el triunfo del mercado. La palanca de la incertidumbre es la mercantilización, que provoca la volatilidad de todos los compromisos políticos, sociales y personales», afirma Gil Calvo. En su opinión, la lógica mercantil ha llegado a impregnar a las relaciones personales. «La gente se cambia de pareja y amigos como de ordenador o móvil. La única ética es el individualismo posesivo y la ostentación de la riqueza. El enriqueceos justifica tanto la corrupción como el transfuguismo y el cambio de pareja», explica el autor de 'Crisis crónica'.

LA PALANCA COMÚN Y COLECTIVA

Pero esto no ha ocurrido porque sí. La filósofa Marina Garcés previene contra la visión fatalista de ese proceso de pérdida de referentes. «Asistimos a una destrucción deliberada de las conquistas logradas en los dos últimos siglos. La precarización de la vida, no solo laboral, sino también psicológica, ambiental, física y cultural, no tiene que ver con nuestra naturaleza frágil, sino con una situación socialmente inducida que nos hace sufrir», advierte la pensadora.
    Identificar las causas de ese cambiazo sirve para localizar herramientas con las que poder hacerle frente, o al menos con las que sobrevivir en este nuevo escenario. Y son muchas las voces que coinciden en una misma idea: la solución está ahí afuera, en los otros, en el grupo. «La única manera de cambiar esta situación es comprometernos con la vida como un problema común, colectivizar aspectos fundamentales de la vida y aprender a decir nosotros», opina Garcés. «Para aprender a vivir en la incertidumbre, hemos de buscar personas y grupos en los que poder confiar», añade Gil Calvo.
    Hay, pues, alternativas al sálvese quien pueda y al nihilismo individualista que en los últimos tiempos se habían convertido en dogma de fe y patrón de comportamientos. «Está en el compromiso radical, en el impulso de los movimientos sociales que hacen frente a las fuentes de peligro», señala la socióloga María Victoria Gómez. En un momento políticamente convulso como el actual, la coautora de 'El cambio social en la era de la incertidumbre' previene contra los apaños urgentes y simplistas. «A veces, la miopía lleva a las élites económicas a buscar la solución a la incertidumbre en medidas inmediatas, como la prescripción de gobiernos fuertes y estables, sin advertir que a menudo esos gobiernos son la causa de una enorme inestabilidad social». 

EL FUTURO COMO NEGOCIO

"Nunca estuvimos tan informados como ahora, pero jamás nos asaltaron tantas dudas. ¿A quién votaré? ¿Quién me gobernará? ¿Cuál será mi país? ¿Cuánto durará mi empleo? ¿Y mi matrimonio? ¿Moriré en un ataque terrorista? «El patrón psicológico que genera la incertidumbre se asemeja al del estrés, y su tratamiento también es parecido. Hemos de identificar lo que nos causa esa ansiedad y trocear el problema para convertirlo en muchos retos pequeños. No aspiremos a arreglarlo todo de una vez, sino en etapas», recomienda la psicóloga Laura Rojas Marcos, quien previene contra la saturación de noticias que invitan al desaliento. «En el mundo suceden demasiadas cosas terribles, pero ahora nos enteramos de todas al minuto. Depende de nosotros que nos focalicemos en lo que podemos controlar, no en lo que está fuera del alcance de nuestra mano», recuerda. 

    Si la crisis económica le ha venido muy bien a las fábricas de antidepresivos, que han disparado sus ventas, la incertidumbre de fondo ha hecho florecer una boyante industria de la seguridad. «El futuro es hoy un gran negocio. Vivimos rodeados de decálogos que nos prometen el bienestar en cómodos pasos», denuncia el filósofo y pedagogo Gregorio Luri. En opinión del autor de 'La escuela contra el mundo', hoy la incertidumbre no es mayor que en tiempos pasados. «Lo que ha crecido es la histeria», dice. 
    Y su remedio no está en los ansiolíticos, sino en la educación. «Hemos confundido información con conocimiento, y no son lo mismo. Hoy la clave está en entrenar el criterio y la atención de la gente, sobre todo de los jóvenes, para que sepan elegir», recuerda. ¿Y los valores? «Se enseñan mejor con el ejemplo que con teorías. ¿Qué efecto tendría en la sociedad que el tiempo que dedicamos a hablar de los corruptos lo empleáramos en hablar de gente noble y digna? Aprendemos por impregnación. Entonces, destaquemos los buenos ejemplos que hay en este incierto mundo, que hay muchos», propone el filósofo. 

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