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Carolina Bescansa, rebelde sin rastas

La diputada de Podemos levantó el miércoles una polvareda mediática al llevar al Congreso a su bebé de seis meses

Iolanda Mármol

"Estaba en casa cuando llamaron a la puerta unos amigos de la Universidad Complutense de Madrid. Querían formar un partido político. La idea había surgido en diversas ocasiones, y siempre había naufragado por la misma dificultad, la falta de fondos. Y les dije: 'Pero a ver, ¿tenemos dinero esta vez?'. Y me contestaron que no, pero en esa ocasión consiguieron convencerme".

El episodio sucedió en el piso de Galapagar (Madrid), donde vive Carolina Bescansa y es una de las historias, ya casi leyenda, que narra el nacimiento de Podemos. A ella le gusta relatarla con asiduidad, quizá con el ánimo de subrayar lo alocado de una decisión que pueda poner de relieve su carácter indómito, la ruptura con la vida burguesa y adocenada a la que parecía predestinada.

Es la hija rebelde de una familia acomodada de Santiago de Compostela, dueños de los Laboratorios Bescansa, con arraigadas convicciones conservadoras. En casa de sus padres la tradición es ley y las normas tan estrictas, que puso tierra de por medio con el manido argumento de los estudios, pero que ocultaba la pulsión vital de una chica que necesitaba respirar fuera de la ciénaga de la opulencia, los 'deberías' y 'el qué dirán'.

MATERNIDAD CON APEGO

Por puros antagonismo y reafirmación, Carolina Bescansa ha construido una familia casi sin reglas. Es madre soltera y cría a sus dos hijos en la defensa de la «maternidad con apego»La mayor, de 4 años, suele estar en los escenarios de los mítines, pero fue la imagen en el Congreso con Diego -que el jueves cumplió seis meses- la que desencadenó el debate sobre el tipo de maternidad que defiende.

Llevó al bebé con ella toda la campaña, lo mismo a una reunión de la ejecutiva que a los platós de televisión, donde cambia pañales en la sala de espera de los invitados mientras habla con el gurú de turno sobre el futuro política de Catalunya o lo que le pongan por montera.

No todos comparten su decisión de visibilizar al niño, teniendo a su disposición una persona de apoyo. El rostro de algún diputado de Podemos era un poema el día de la constitución de las Cortes y hubo quejas internas de dirigentes que criticaron que su defensa del 'apego' es una posición personal alejada de lo que se defiende en el programa electoral.

CRÍTICAS DE PROPIOS Y AJENOS

Voces destacadas del partido consideran que esa forma de crianza solo puede ser asumida por mujeres acomodadas que no necesitan reincorporarse al trabajo tras la baja de maternidad, una utopía para las clases obrera y media. Pero tras la odisea de criar sola a dos hijos sin ayuda familiar, a Bescansa le sobran horas de vuelo para capear los temporales en Podemos.

Sus oponentes dicen que es una persona ambiciosa, que supo ocupar una posición de poder orgánico y desde ahí tejer una red de fieles en las listas a las elecciones generales en provincias clave. Alegan que bajo ese pretendido halo de dulzura habita un ser caprichoso, una 'progre' impostada y una niña rica que juega a la revolución.

Algunos todavía no le han perdonado que dijese en una rueda de prensa que el partido no estaba preparado para gobernar -cuando Podemos se derrumbaba en las encuestas-; metedura de pata que ella reconoce sin complejos, ajena a las críticas, con esa autoestima que solo otorga la clase social en vena o el ego desmedido de los narcisos.

En Podemos, es la responsable de traducir las encuestas. Doctorada en Ciencias Políticas y Sociología, aporta sus análisis a la ejecutiva en los que describe las tendencias electorales que ayudan a configurar las estrategias.

DE TRATO AFABLE

En lo personal, es cercana, con empatía y de trato afable. Sabe escuchar y reírse de sí misma. Al terminar una comparecencia, Diego en brazos, suele mantener una charla informal con los periodistas, algo inédito en un partido en el que los cargos huyen de los medios de comunicación como del diablo.

No es una intelectual, pero su trabajo es notable, según admiten amigos y detractores. Sus formas mansas parecen asustar menos que los puños en alto de otros diputados, y su imagen de familia dulcifica el liderazgo machoálfico que los sectores tradicionales reprochan a Pablo Iglesias.

Ambos son conscientes de que la imagen de Bescansa es un aporte de moderación que conviene para seducir a los sectores menos radicales sin los cuales resulta imposible alcanzar la hegemonía.

Bescansa es la centralidad en el tablero. De buena cuna, pero rebelde. Madre, pero permisiva. Formal, pero de Zara. De Podemos, pero sin rastas.