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REVISIÓN DE LOS ÚLTIMOS 100 AÑOS

El siglo XX (jamás contado)

El periodista y ensayista John Higgs pone el foco en personajes y acontecimientos aparentemente menores que tuvieron gran influencia en la historia reciente

Juan Fernández

Hemos dado por bueno que la historia del siglo pasado fue la de sus grandes guerras y sus hitos políticos, pero ese relato no explica cómo cambió el ser humano -su manera de pensar, vivir y sentir- en ese trascendental tiempo. Tres lustros después de dar carpetazo a aquella centuria, el periodista y ensayista británico John Higgs ha revisado la versión oficial del siglo XX poniendo el foco, no en los protagonistas de la historia con mayúsculas, sino en las anécdotas, los personajes marginales y los acontecimientos aparentemente menores que, sin haber atraído la atención de los historiadores, fueron la semilla de los movimientos culturales, científicos y artísticos que explican por qué hoy somos tan diferentes a hace cien años. El siglo XX contado a través de las vidas de los visionarios aporta claves y conexiones que permiten comprender cómo hemos llegado hasta aquí.

MARTIAL BOURDIN: CONTRA EL ORDEN ESTABLECIDO

En 1900, el mundo se medía a partir de una línea que atravesaba de norte a sur el Observatorio Real de Greenwich, al sur de Londres. El meridiano cero era algo más que una referencia para los navegantes. Allí estaba el reloj que ponía a hora todos los relojes del planeta, era el centro del mundo regido por el apogeo del imperio británico y la física de Newton.

Esta referencia habría desaparecido si el anarquista francés Martial Bourdin hubiera tenido más fortuna el 14 de abril de 1894, cuando intentó volar el Observatorio con una bomba casera que estalló antes de tiempo, matándolo en el acto. Su historia, que inspiró a Joseph Conrad para escribir 'El agente secreto', ha pasado sin pena ni gloria en los anales del siglo, pero aquel acto terrorista se adelantó a lo que iba a ocurrir pocos años más tarde, cuando Einstein proclamara su teoría de la relatividad y echara por tierra la concepción del tiempo y el espacio que hasta entonces se daba por válida. Bourdin anticipó el final del orden establecido y la llegada del siglo en el que todo es relativo y nada es absoluto.

ALEISTER CROWLEY: EL PROFETA DEL INDIVIDUALISMO

Tras los efervescentes años 60 y su reivindicación hippy del individuo frente a la masa, nadie frunce el ceño al oír hablar de hedonismo ni de exprimir la vida como una experiencia única. Sin embargo, esta visión emancipadora del ser humano fue sugerida mucho antes, a principios del siglo XX, cuando los ciudadanos no eran ciudadanos, sino siervos de imperios y reinos, y hablar de las urgencias personales de los individuos sonaba disparatado.

En abril de 1904, el poeta, mago y ocultista británico Aleister Crowley publicó 'El libro de la ley', un pequeño manual que, entre reflexiones de naturaleza esotérica -el autor aseguró que el contenido se lo dictó un ente del más allá-, concluía que la única norma ética válida era: «Haz lo que quieras». «Era la primera vez que alguien se atrevía a poner los deseos del individuo por encima de cualquier otra necesidad», subraya John Higgs. Crowley fue un personaje peculiar. Fundó la religión Thalema, formó parte de órdenes ocultistas y escribió libros de magia, pero pasa por ser también el primer profeta del individualismo, uno de los rasgos del siglo XX. 

JOSHUA A. NORTON : UN IMPERIO SIN EMPERADOR

El siglo XX se inicia con el fin de los grandes imperios que se habían repartido el mundo. Parecía que la incipiente globalización y el nuevo orden mundial alumbraban una época marcada por un diferente reparto del poder. Nadie en 1900 podía imaginar que varias décadas más tarde todos esos imperios iban a ser sustituidos por otro más sutil y sin fronteras, más cultural y económico que militar, un imperio sin emperador: el norteamericano.

Curiosamente, casi medio siglo antes, en 1859, un ciudadano de San Francisco, llamado Joshua A. Norton, se había anunciado en los periódicos como el Emperador de EEUU. Se paseaba con uniforme militar, hacía proclamas imperialistas e incluso acuñó una moneda. Lo sorprendente es que sus vecinos le prestaron el trato que reclamó. Lo invitaban a los mejores restaurantes, le ofrecían los palcos más distinguidos y a su funeral acudieron 30.000 personas. Más allá de la anécdota, la historia de Norton simboliza la diferente concepción del poder que iba a triunfar en el mundo. Pasaríamos del siglo de los imperios al de las corporaciones.

EDWARD LORENZ: TODO LO QUE VEMOS ES CAOS

Antes del siglo XX se pensaba que el universo era predecible. Las leyes de Newton y las normas morales establecidas sugerían que tanto los cuerpos como las almas funcionaban con la precisión de un reloj. La física cuántica y la teoría de la relatividad tardarían poco en demostrar lo que el arte y la literatura ya estaban diciendo a gritos: que las cosas no son como parecen. En 1963, el matemático y meteorólogo norteamericano Edward Lorenz fue un paso más allá al anunciar su 'Teoría del caos', que afirmaba que en los sistemas complejos, como es el clima, una modificación mínima en una variable puede cambiar el resultado final de la proyección de un modo completamente imprevisible. Resumiendo: que en realidad el mundo era más impredecible de lo que se pensaba en 1900. Según Higgs, el hallazgo de Lorenz está en el origen de la concepción de la Tierra como un ser vivo, que proclamaría años más tarde Lovelock con su metáfora de Gaia, y de la conciencia ecologista que hoy comparte gran parte de la Humanidad. 

BARONESA ELSA VON FREYTAG-LORINGHOVEN: LA ARTISTA QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO

En 2004, 500 expertos en arte concluyeron que 'La Fuente', la obra de Marcel Duchamp consistente en un urinario colocado en posición horizontal, era la creación más influyente del siglo XX. En lo que no hay tanto consenso es en su verdadera autoría. Algunos historiadores sostienen que la audacia de convertir una pieza de aseo en una obra de arte no fue suya, sino de la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, artista, modelo y 'performer' que solía frecuentar al creador francés. Hay motivos para la sospecha: entre sus epatantes ocurrencias, la artista empezó a transformar objetos de la calle en creaciones artísticas mucho antes de que lo hiciera él, y el propio Duchamp le confesó por carta a su hermana que el urinario se lo había enviado una amiga por correo.

La biografía de la baronesa es el relato de la historia del arte de principios del siglo XX. Inspiró a creadores del momento, se la considera la primera artista dadaísta y otros la toman por musa del punk, pero sus excentricidades -tuvo una alocada vida sexual y vivía como una pordiosera- la privaron de brillar en los libros de historia. 

THE KINGSMEN: ADOLESCENTES AL PODER

El FBI estuvo dos años intentando descifrar la letra de 'Louie, Louie', la canción con la que The Kingsmen, la banda originaria de Oregón, había reventado las listas de ventas en el año 1963. Estaban convencidos de que la melodía incluía mensajes satánicos que estaban pervirtiendo a la juventud. Pero el celo puesto por los guardianes de la moral se iba a ver impotente ante la fuerza arrolladora del rock and roll, la música que desde mediados de los años 50 estaba revolucionando la cultura popular e iba a provocar un vuelco generacional. «El rock aupó a los adolescentes a la cumbre del capitalismo, los convirtió en los mejores consumidores. Siempre pedían más», anota John Higgs.

El ensayista destaca una anécdota que resume la actitud vital que iba a regir el siglo en su segunda mitad: tras ser detenido con el coche cargado de drogas que no pensaba tomar, Keith Richards, guitarrista de los Stones, alegó: «Necesitábamos hacer lo que quisiéramos». «Es el individualismo del rebelde sin causa, puro hedonismo del siglo XX», valora Higgs.

BRETTON WOODS: LOS RICOS MÁS RICOS

Entre 1900 y 1999, la población mundial aumentó en 4.400 millones de personas que hubo que alimentar, educar y cuidar. Con sucesivos vaivenes, la economía mundial ha ido resolviendo esta difícil papeleta, pero en los 70 se produjo un cambio de paradigma. Los felices años 50 y 60, en los que las economías nacionales crecieron y repartieron riqueza entre las clases medias, dieron paso a otro modelo que solo hacía aumentar las cuentas corrientes más acaudaladas. La era del neoliberalismo clava sus raíces, según Higgs, en la quiebra en 1971 del acuerdo de Bretton Woods, que desde la Gran Depresión vinculaba el valor de las divisas a las reservas de oro.

A partir de entonces el dinero empezó a valer lo que el mercado decía. Llegó el tiempo de la ingeniería financiera y de la creación de grandes bolsas de deuda. La apertura de China al mundo, cargada de mano de obra barata, acabó empobreciendo a las clases trabajadoras del resto del planeta. Un dato resume el final del siglo pasado en términos económicos: la riqueza de las 80 personas más acaudaladas del planeta equivale a la de los 3.500 millones más pobres. 

EL EFECTO 2000. DEL COLONIALISMO AL MUNDO CONECTADO

A las 12 de la noche del 31 de diciembre de 1999, hora de Nueva Zelanda, el mundo contuvo la respiración. Los técnicos habían pronosticado un colapso debido al Efecto 2000 que volvería locos a los sistemas informáticos haciéndoles creer que entrábamos en el 1 de enero de 1900.

Finalmente, aquel cataclismo digital anunciado no llegó a producirse, pero dejó a las claras hasta qué punto el planeta, que había comenzado el siglo anterior con el descubrimiento de territorios inhóspitos en colonias lejanas, había cambiado completamente: ahora formaba un todo compacto y perfectamente conectado. 

Esto ha revolucionado la forma que tenemos de concebirnos como miembros de la comunidad. «Ahora las órdenes no van de arriba abajo, sino que se mueven en red, y se ha generado una ola de transparencia que nos ha permitido conocer secretos antes ocultos», destaca el ensayista John Higgs, quien añade otra consecuencia del boom de la conectividad: «El individualista del siglo XX se ha vuelto responsable en el siglo XXI. Ahora, todo lo que usted haga podrá ser grabado con una cámara y subido a la red en cuestión de minutos. Esto es nuevo». 

MARÍA STOPES. Y EL SEXO DEJÓ DE SER TABÚ

Hasta bien entrado el siglo XIX, las relaciones sexuales no existían, solo había relaciones matrimoniales con la única finalidad de procrear, pero nada de hablar de buscar el placer por el placer, y menos para la mujer, vista hasta entonces como una mera máquina de fabricar hijos. 

En el año 1911, la escocesa María Stopes, doctora en botánica, escribió el libro Amor conyugal para intentar que las damas no llegaran al matrimonio igual que ella había llegado: ignorándolo absolutamente todo sobre el sexo. «Fue la primera vez que una mujer defendía abiertamente la satisfacción sexual para alcanzar el bienestar físico, espiritual y emocional», subraya John Higgs. 

Tras esa reveladora y polémica obra en su momento, María Stopes publicó otra en la que hablaba de métodos anticonceptivos. Hace cien años resultó escandaloso que una dama se atreviera a plantear las relaciones íntimas contraviniendo las que se creían inamovibles leyes de la naturaleza, y de Dios, pero finalmente el control de la natalidad, que tanto debe a la labor de María Stopes, ha sido uno de los grandes factores que ha marcado el destino del siglo XX.

CIENCIA FICCIÓN. EL FUTURO MÁS CERCANO

La imaginación lleva haciendo avanzar a la Humanidad desde la noche de los tiempos. Sugerir situaciones irreales nos ha ayudado a modelar la realidad hasta llegar a ser lo que somos. Pero en el siglo XX ocurrió algo que no había sucedido antes en el campo de la ficción: por primera vez, los relatos se aliaron con los descubrimientos científicos para proponer sugestivos mundos imaginarios proyectados hacia el futuro. Desde que recibió ese nombre en los años 20, la ciencia ficción pasó décadas relegada a la categoría de género menor, propio de mentes infantiles. Sin embargo, las naves espaciales, los platillos volantes y las descripciones futuristas se abrieron paso en la cultura popular hasta eclosionar en el último cuarto del siglo gracias al cine. El éxito de 'La guerra de las galaxias', estrenada en 1977, marca un antes y un después en el desarrollo de este tipo de contenidos. Para Higgs, la presencia masiva de la ciencia ficción ha tenido una influencia decisiva en el siglo: «Por primera vez hemos tenido la oportunidad de explicar el presente con total libertad usando elementos del futuro remoto».