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LA ENTREVISTA

Irene Escolar: "Me gustaría ser catalana porque me da envidia su teatro"

La actriz que ha dado vida a Juana la Loca en 'Isabel' estrena el 17 de diciembre 'El Público' de Lorca en el Teatre Nacional de Catalunya. Mañana sabrá si concursa en los Goya.

Juan Fernández

Según los cosmólogos, en la formación de las estrellas hay un momento mágico en el que la materia se colapsa y empieza a emitir una luz muy pura. Irene Escolar vive estos días ese trance. Tras una década madurando sobre los escenarios, su primera película como protagonista, 'Un otoño sin Berlín', donde aparece en todas las secuencias, ha concentrado sobre su rostro miradas de asombro. Está nominada como mejor actriz del año en los premios Forqué (otorgados por los productores), en los Feroz (los Globos de Oro españoles) y mañana sabrá si también en los Goya. Lejos de parecer asustada, en persona irradia el fulgor y la calma de las grandes estrellas, esas extrañas criaturas que, como le pasaba a su abuela Irene Gutiérrez Caba, al talento para interpretar le añaden un no se sabe qué que las conecta con la fuerza de la naturaleza.

¿Cómo está viviendo este momento de éxito? Con mucha ilusión, sobre todo por la película, que es un proyecto muy modesto y ya era un éxito hacerla y estrenarla. Si encima logras que la vean los productores y los críticos y te nominan junto a actrices tan inspiradoras, es fantástico. Me siento una primeriza porque es la primera vez que en el cine me ofrecen un trabajo sólido, hasta ahora no habían confiando en mí.

¿Por qué? Decían que tenía demasiada cara de niña. En los escenarios sí he podido hacer papeles importantes, aunque fueran jóvenes, porque el teatro es más difícil y hay que tener técnica, has de ser fuerte y saber sacrificarte. El teatro es otra cosa.

¿Se siente condicionada por sus facciones? Los actores estamos condicionados por nuestro aspecto. A mí me está costando demostrar que debajo de esta apariencia frágil hay muchas más cosas. Me doy cuenta cuando veo que se sorprenden al ver mi trabajo. Como cuando hice de Juana la Loca en la serie 'Isabel'. Es un personaje con mucha fuerza y carácter, pasional, por momentos violento, y la gente me preguntaba sorprendida: "Con lo pequeña que eres, ¿de dónde sacas todo eso?".

Lleva 10 años en los escenarios. ¿Lo saca de ahí? La decisión de empezar en el teatro fue muy consciente. Mi primer papel me lo ofreció Àlex Rigola a los 17 años: una ninfómana drogadicta que esnifaba productos de limpieza y se masturbaba en escena. Era muy fuerte, había señoras que se iban de la sala al verme, pero a mí me sirvió para empezar mi carrera en la vanguardia, viajar por Europa y conocer nuevas tendencias teatrales que había por ahí. Cuando descubrí aquello me dije: "Quiero construir mi carrera alrededor de esto".

claves biográficas

  • Bisnieta de Irene Caba Alba, tataranieta de Irene Alba, sobrina de Emilio y de Julia Gutiérrez Caba, todos intérpretes, e hija del director de producción José Luis Escolar y de la 'script' Lourdes Navarro. A los 9 años se subió al escenario para representar 'Mariana Pineda', de García Lorca.
  • Desde su debut a los 17 años ha participado en una quincena de montajes teatrales y en otras tantas películas. En televisión dio vida a Juana la Loca en la serie ‘Isabel’.
  • Ha estudiado Filología Inglesa y acaba de comprar los derechos de la obra ‘Blackbird’ para representarla en castellano. En el 2016 estrenará en el cine ‘Altamira’, ‘Gernika’ y  ‘La corona partida’, donde vuelve a encarnar a Juana la Loca. 

¿Para actriz se nace, o esto se aprende? Se nace con una intuición, algo incontrolable que viene por dentro y no se puede definir con palabras. Pero luego es muy importante el entorno que te rodea. En mi caso, tengo la suerte de no haber necesitado explicarle a mi familia por qué quería dedicarme a esta profesión. He ido al teatro desde que tengo memoria, de niña sabía cómo funcionaba un rodaje, conocía los códigos de respeto con los compañeros. Todo eso me ha hecho más consciente de lo que significa este oficio.

¿Qué recuerdos tiene de su abuela? Murió cuando yo tenía siete años. Con cinco iba los domingos al teatro y después de ver la función entre bambalinas y aprenderme sus movimientos, la imitaba en el camerino mientras ella se cambiaba. Era una actriz vocacional. Mi tío Emilio [Gutiérrez Caba] dice que ella y yo nos parecemos en eso. Porque tanto él como mi tía Julia no eran tan vocacionales. Si al principio de sus carreras se hubieran dedicado a otro oficio, también les habría ido bien. Pero mi abuela lo tenía muy claro, como yo.

Su padre es productor y su madre es 'script'. ¿Qué consejos le daban en casa? Que aprendiera a tener paciencia, algo que en este trabajo es muy importante. Cuando mi madre se preocupaba por mí, por lo exigente que es este oficio, Núria Espert le decía: "Lo bueno es que sabe lo que quiere, lo terrible sería que no tuviera ninguna vocación, así que déjala y que haga su camino". He pensado mucho en esas palabras y creo que no le faltaba razón. Yo tengo una meta. Ser actriz es ahora mismo lo más importante de mi vida. Sé que esto tampoco es bueno, todo debe estar en su justa medida, pero imagino que con la edad aprenderé a relativizarlo.

¿Le pesan los apellidos? A mí nunca me han pesado. Al contrario, estoy muy orgullosa de ser la sexta generación de una familia de actores y actrices que lleva desde el siglo XIX siendo muy respetada y querida. Me gustaría que, poco a poco, empezaran a conocerme por mí misma, pero sé que es cuestión de tiempo. Me tranquiliza saber que a mí nadie me ha dado nada por ser nieta de Irene Gutiérrez Caba, aunque haya quien piense lo contrario.

¿Ha percibido esa sospecha? Supongo que existe en algunos, pero no me importa, porque yo sé cuál ha sido mi camino. Cuando Rigola me ofreció aquel primer papel, él no sabía cuál era mi familia, se enteró después. Me habría horrorizado que alguien me hubiera escogido para un trabajo por ser nieta de mi abuela. Si alguien tiene dudas, que venga a verme al teatro. Encima del escenario no valen los apellidos, ahí estás sola con tus miedos delante del público.

¿Podría explicar en qué consiste el placer de interpretar? Le he dado muchas vueltas a esa cuestión. A veces pienso que los actores encontramos en nuestro trabajo una forma para canalizar asuntos que en nuestras vidas normales somos incapaces de resolver, y de las que solo sacamos provecho a través del arte. De pronto la vida cobra una intención, tienes un motivo para levantarte cada mañana. También está la diversión de transformarte y la empatía que sientes al rodearte de gente tan diferente en cada proyecto. Es un continuo aprendizaje que me hace ser mejor persona y más feliz.

"Los políticos cultos son la excepción. Quieren ser europeos en lo económico, pero no en lo esencial: la educación"

¿Cómo es la felicidad de hacer 'El Público' de Lorca? Enorme, porque se trata de un texto increíble, inabarcable, maravilloso. Cada día descubro matices nuevos y me pregunto cómo Lorca pudo escribir algo tan bello, con esa crítica que hace a la sociedad, que hoy sigue siendo tan actual. Àlex Rigola, el director, dice que en la vida de un actor suele haber tres montajes decisivos. Siento que este será uno de ellos para mí. Me hace una ilusión especial representarlo en Barcelona.

¿Por qué? Barcelona es para mí un lugar de referencia artística, teatral y cultural. Me gustaría ser catalana, lo pienso muchas veces. Envidio la forma como aquí se cuida el teatro. Se hacen cosas súper interesantes, de vanguardia, montajes muy buenos. En Catalunya se vive el teatro y se le apoya. En Madrid se han cargado el Festival de Otoño y los que amamos este oficio nos sentimos un poco huérfanos. ¡Aquí tenéis tantos directores con los que me gustaría trabajar…! Ojalá supiera catalán para hacer teatro en Catalunya.

Nunca es tarde. Cierto, pero subirte a un escenario para defender un texto en un idioma distinto al tuyo es difícil. Además, en Catalunya ya hay muy buenos actores para representar esas obras. Pero me da pena, me habría gustado mucho. Sueño con llevar a Madrid a esos grandes directores catalanes para trabajar allí con ellos.

El día del debate electoral lanzó un tuit sorprendiéndose de que ninguno de los cuatro líderes hablara de la cultura. Lo que me sorprende es que a nadie le sorprenda. Esto indica la relevancia que tiene la cultura en este país y el apoyo que recibimos los que nos dedicamos a esto. No hablo de dinero, hablo de presencia, de darle importancia, de educar a la gente. Todo lo que debería hacer un Ministerio de Cultura, que aquí no tenemos. El que hay solo transmite desamparo.

Dicen que no hay dinero. La crisis se ha convertido en la excusa perfecta para despreciar a la cultura, pero el problema viene de atrás. Se deja de apoyar al teatro igual que se elimina la Filosofía de los institutos, pero no es por falta de dinero. Por desgracia, los políticos cultos son excepciones. A la mayoría se les llena la boca hablando de Europa. No se han enterado de que Berlín está lleno de teatros y que Dinamarca exporta ficción televisiva de calidad gracias al apoyo que recibe. Hemos querido ser europeos en lo económico, pero no en lo esencial, que es en la educación, y en hacer pensar a la gente, que es lo que hacía Lorca.

¿Cómo ve al país? Desconcertado, asustado, como la sociedad que describe Naomi Klein en su libro 'La doctrina del shock' Pero estoy esperanzada, veo ganas de cambio. Lo necesitamos.

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