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ENCUENTROS DE ECONOMÍA

Pau Guardans: "En Barcelona faltan proyectos a medio y largo plazo"

Guardans, presidente de Barcelona Global, llama a replantearse cuál es el modelo de ciudad que quiere la sociedad "para los próximos 15 años" y a dar un paso para que la urbe catalana se apunte al nuevo ciclo de las mejores ciudades del mundo

Pau Guardans, presidente de Barcelona Global.

Pau Guardans, presidente de Barcelona Global. / RICARD CUGAT

OLGA GRAU: ¿Qué balance hacen del verano en Barcelona? 

PAU GUARDANS: Lo que pasó en agosto es un buen ejemplo de que hay que recuperar dos cosas. Por un lado, la exigencia: en el uso del espacio público, en temas como la seguridad, la limpieza, la convivencia dentro de la ciudad... Por el otro, la ambición: Barcelona es capaz de proyectarse al mundo de otra manera, y eso tiene que ver con las noticias de pérdida de reputación, de valor de la marca. 

O .G.: Hablaba de pérdida de reputación. ¿En qué punto se encuentra la ciudad y por qué ha pasado? 

P. G.: Aún estamos en un momento en que si corregimos algunas cosas, podemos volver a dar un salto. ¿Por qué se ha perdido reputación? Huelgas en el aeropuerto, los atentados del año pasado, hechos políticos de octubre del 2017, problemas de inseguridad ciudadana, mejorable gestión de espacios públicos... Si tienes las causas y no palias las consecuencias (campañas claras y decididas de recuperación del prestigio), el resultado es que caes en los rankings de reputación internacional. 

AGUSTÍ SALA: En julio hablaba de que debemos poner las luces largas, hacer un planteamiento a 10-15 años vista. ¿En qué sentido se debe hacer y quién lo debe hacer? 

P. G.: El ruido de la crisis política que vivimos nos está distrayendo. Porque ni que todo eso no hubiese existido, Barcelona debería haber hecho sus deberes como ciudad global que quiere seguir siendo. Si nos apartamos del ruido, cuando piensas en Barcelona, es una ciudad que ha sido un éxito rotundo, es admirada en todo el mundo, pero corre el enorme riesgo de dejar de ser relevante. Para volver a serlo, debe reformular sus ambiciones, su proyecto, definir qué quiere ser y con quién se quiere comparar. Todo eso tiene que ver con repensar la ciudad, y los procesos de repensar ciudades que funcionan son los que vienen, como hizo Barcelona, de la iniciativa público-privada.

JOSEP M. BERENGUERAS: Han hecho ya su propuesta sobre turismo. ¿Quién más debe hacer propuestas? 

P. G.: Hemos hecho propuestas en turismo, en fiscalidad (cómo Barcelona se debería modificar para atraer talento), en marca, en gestión turística...  Dentro de las propuestas que hicimos, la promoción es una parte muy importante. Barcelona, este verano, ha demostrado una vez más que es una ciudad donde el turismo debe ser gestionado, porque ha habido problemas de convivencia con los vecinos. Pensamos que todo pasa por una panoplia de acciones: el turismo debe formar parte de las cosas que no son de batalla partidista; igual que hemos sido capaces de ser líderes en captación, debemos serlo en gestión. 

SALVADOR SABRIÀ: Entre los objetivos, hablan de que Barcelona sea una ciudad sostenible. ¿Cómo se encaja la oferta de apartamentos turísticos? 

P. G.: El turismo sostenible es aquel que es compatible con la vida de los vecinos. Si los vecinos no lo aceptan, el turismo deja de ser sostenible  No es una cuestión de cantidad: cuando Barcelona se llena por el Mobile World Congress, con todos los hoteles y todos los tipos de oferta llenas, no ha habido problemas de convivencia. No es un problema de cuánta gente viene, sino de cómo gestionamos la que llega. Es falso que Barcelona no pueda recibir más turistas: se tienen que recibir todos los que se puedan gestionar.

J.M.B.: ¿Y sobre movilidad? ¿Cuál es su propuesta? 

P. G.: Nos gustaría que cualquier reflexión sobre la movilidad vaya ligada a la tecnología. El 5G es una oportunidad fantástica para reflexionar sobre temas como el coche autónomo, comunicar cómo moverse por la ciudad... 

O. G.: ¿Qué valoración hacen del funcionamiento del aeropuerto este verano?

P. G.: Desde el punto de vista de la conectividad, es evidente que ha mejorado mucho, pero aún hay capacidad para crecer, tiene que ser un aeropuerto de más largo radio. Pero hay que hacer una reflexión sobre la gestión de lo que tenemos. Hay cosas inaceptables: las huelgas que hubo en los accesos, las colas en los pasaportes, etcétera. Más allá de reflexionar sobre si se necesita otra pista, debemos exigir que una infraestructura tan crítica funcione. El aeropuerto debería ser excelente en la gestión de lo que ya tiene más allá de ser ambicioso en lo que debe ser. 

A.S.: Quizá Barcelona ha querido ser demasiadas cosas a la vez...

P. G.: La responsabilidad de los gestores públicos y los privados es crear condiciones para que pasen cosas, y así acaba saliendo lo que tenía que salir. Por ejemplo, si creas condiciones para que la vivienda sea asequible, es bueno para la gente joven pero también para que vengan emprendedores. El MWC vino porque la Fira de la que vivimos hoy se diseñó hace 20 años. Hoy deberíamos estar pensando en la Fira que queremos en 15 años, y no lo estamos haciendo. Deberíamos pensar qué condiciones creamos para seguir atrayendo talento en 15 años, y no lo estamos haciendo. Encuentro a faltar en la Barcelona actual proyectos de medio y largo plazo. La ciudad debería salir del ruido actual y comenzar a pensar qué quiere ser en el futuro.

O. G.: Estamos cerca de las elecciones municipales. ¿Teme que el debate se centre más en el ‘procés’ que sobre la ciudad? 

P. G.: El ‘procés’ estará en el paisaje, es un hecho. El tema es si conseguimos, además, que se hable de la ciudad. Sería magnífico que el debate fuese sobre programas, que fuese un sumatorio de ideas de futuro, de qué modelo de ciudad queremos. Pensar que los proyectos se hacen con 10-11 concejales no es realista. Barcelona debe recuperar los grandes consensos más allá de que gane una fuerza u otra.

A.S.: ¿Las informaciones sobre fuga de sedes dañan la reputación o es ruido? 

P. G.: Está claro que no son una buena noticia. También es cierto que hay otras empresas que han venido, lo que demuestra que más allá de la mala noticia que casi 7.000 empresas se hayan ido, lo que hay que hacer es crear las condiciones para que la gente quiera estar aquí. Si lo hacemos, seguramente algunas de las que se fueron volverán. Pero hoy el bienestar de las ciudades ya no se mide por cuántas sedes tienen sino por cuánta gente de talento trabaja y quiere estar. El reto de Barcelona es ser muy atractiva para atraer talento. Por eso es tan importante la reputación, resolver temas de vivienda, seguridad, limpieza... 

A.S.: ¿El precio de la vivienda es, pues, un riesgo?  

P. G.: Es uno de los grandes debates que tienen las ciudades exitosas. Deberemos pensar que cosas que hemos dado como verdades absolutas deberán ser variables. Por ejemplo, ¿el urbanismo a mano alzada es algo de lo que siempre tenemos que huir? Londres, París, Milán han cambiado su paisaje; ¿Barcelona no lo cambiará? ¿El acceso a viviendas a precios asequibles es un derecho de por vida? ¿Qué pasa si tus condiciones mejoran? Hay reflexiones que tendremos que abrir. 

O. G.: ¿El concepto de área metropolitana debe expandirse? 

P.G.: Lo que sea bueno para Barcelona será bueno para Badalona, L’Hospitalet, etcétera. Hay que tener ambición a la hora de plantear cosas que superen el ámbito administrativo de la ciudad, y debe haber generosidad por parte de la gente de Barcelona y del resto de municipios.

O.G.: ¿Qué estrategia plantean de cara a los próximos meses?

P. G.: Generaremos debates y trataremos de poner sobre la mesa propuestas concretas en temas como la vivienda, el urbanismo, qué se puede hacer para reimpulsar la colaboración público-privada, por qué no hacer de Barcelona un gran hub sanitario... 

J. M. B.: ¿Barcelona seguirá atrayendo inversiones tecnológicas? 

P. G.: No somos conscientes del potencial que tiene la ciudad hoy. Barcelona es hub de innovación y es un bien que hay que proteger y ayudar, por ejemplo mejorando la fiscalidad, que es algo que han hecho ya Portugal, Italia y Francia. Además, la oferta de oficinas en Barcelona está prácticamente agotada. Hay que crear las condiciones, si no las creamos nunca daremos el salto que la ciudad se merece y necesita.