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nuevas normas

Una regulación 'start-up'

El sector aspira a una normativa que asiente la seguridad jurídica y fomente la atracción de talento y financiación

Agustí Sala

Dos trabajadoras de la start-up Byhours en el Pier 01.

Dos trabajadoras de la start-up Byhours en el Pier 01. / Elisenda Pons

Que el Gobierno haya abierto un periodo de consulta pública para elaborar una ley para 'start-ups' ha sido acogido con optimismo por el sector. Emprendedores, inversores y demás agentes del ecosistema de la innovación y los nuevos negocios ven con buenos ojos esta iniciativa.

De hecho no han parado de reclamar una regulación específica, pero que no sea ni excesivamente intrusiva ni demasiado laxa, sino que permita el desarrollo de negocios que, en muchas ocasiones, rompen las reglas mercantiles y laborales en vigor.

Muchas entidades han pedido participar en este proceso, entre ellas Barcelona Tech City, como estandarte de estas actividades y representante de uno de los 'hubs' de 'start-ups más importantes de Europa. En su justificación de la iniciativa, el ministerio de Economía se basa en que el texto del anteproyecto de ley "recoja y responda a las diferentes necesidades y sensibilidades del ecosistema". La idea es "reconocer una naturaleza jurídica específica para estas empresas, que presentan una serie de singularidades. En particular, el potencial global de sus modelos de negocio, su fuerte vocación innovadora y las especificidades de sus necesidades de financiación durante las primeras etapas de vida de los proyectos", afirma en el texto d ela consulta pública.

Trámites administrativos

Los pilares en los que debe apoyarse una regulación de este tipo son la seguridad jurídica. En definitiva, que las normas sean claras y estables y que se facilite la atracción de talento y financiación. Pero hay más. "Los trámites administrativos deberían ser aún menos pesados y la formación y la educación deberían adaptarse a las necesidades del ecosistema emprendedor y del mercado laboral", afirma Miquel Martí, consejero delegado de Barcelona Tech City. No se trata solo de cuestiones financieras, sino laborales, formativas, sino de una visión holística para las necesidades específicas de estas actividades. 

Otro punto esencial, por ejemplo, es hacer más fácil el reclutamiento de talento de países de fuera de la Unión Europea, como el bloque del este u Oriente Próximo y Lejano.

Un aspecto fundamental radica en definir claramente lo que es y lo que no es una 'start-up'. En todo caso, cuanto más extensa sea la definición más actividades y negocios se podrán beneficiar de un marco regulatorio específico. Por las características de estas compañías, más que incentivos fiscales quizás serían más efectivas medidas dirigidas a impactar en la tesorería y otras encaminadas a financiar el capital circulante.

Financiar el circulante

"Es preciso cambiar normas para que sea más fácil que estas empresas accedan a través de los bancos a financiación del circulante sin tener que hipotecarse completamente", apunta Martí. De la forma en la que funcionan las cosas en la actualidad es posible que algúin proyecto con éxito potencial se vea obligado a abandonar.

Aunque cada país es un mundo, si hay un espejo en el que mirarse es el Reino Unido, donde se cuenta con un sistema, el Seed Enterprise Investment Scheme (SEIS), que permite librarse del pago de impuestos por hasta 100.000 libras al año (unos 110.960 euros) al operar a través de unos fondos específicos.

En todo caso en la elaboración de las reglas de juego deben participar también representantes de las empresas ya asentadas en el mercado porque "los negocios más disruptivos pueden acabar participando en la transformación de los tradicionales", afirma Martí. 

Además de una implicación del ministerio de Hacienda desde el comienzo, ya que tiene las llaves de la caja, es preciso que la regulación no actúe como un freno, como sucede cuando desde sectores tradicionales se reclaman reglas de juego para los nuevos competidores que surgen en el mercado; sino como facilitador. Como dijo recientemente Mar Alarcón, fundadora de Social Car y emprendedora de referencia, "la competición es global y si alguien encuentra aquí muchos problemas regulatorios, se irá a otro sitio".