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Moda sostenible como arma contra el consumismo de las rebajas: “Hay que dejar de comprar. Urgentemente”

La periodista especializada Marta D. Riezu, autora del reciente ensayo de éxito 'Moda justa', advierte contra la 'fast fashion' y sus consecuencias para el planeta

Moda sostenible como arma contra el consumismo de las rebajas: “Hay que dejar de comprar. Urgentemente”
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Carmen López

El 6 de enero, con los envoltorios de los regalos del Día de Reyes todavía de cuerpo presente, daban comienzo las rebajas de Zara, el buque insignia de Inditex. Muchos clientes avispados que habían preparado su cesta de la compra virtual con antelación para solo tener que hacer clic en el botón de comprar, se llevaron un chasco. Algunos de los productos seleccionados ya no estaban disponibles minutos después de empezar la temporada de descuentos. A la misma velocidad, las redes sociales se llenaron de quejas y mensajes de desesperación de los compradores que se quedaron sin sus objetos de deseo a precio de ganga. La imagen tradicional de las señoras entrando en tromba en El Corte Inglés a arrasar con todo lo que pillasen con un 20% menos de su precio original se sustituye ahora por gifs, memes y tuits airados relacionados con la oportunidad del chollo.

El daño que el ritmo desaforado de compra de ropa provoca en el medio ambiente y en quienes la fabrican es el tema principal de 'La moda justa. Una invitación a vestir con ética', el ensayo que la veterana periodista de moda y tendencias Marta D. Riezu ha publicado recientemente en la colección Nuevos cuadernos de Anagrama. Un trabajo que quiere huir de la regañina a los clientes del 'fast fashion', porque lo que pretende es dar información basada en cifras y evidencias para llamar a la reflexión sobre cómo y qué compramos y las consecuencias que tienen nuestras decisiones. Una camiseta de ocho euros lleva a sus espaldas mano de obra en condiciones de esclavitud, maltrato animal y un daño ecológico de dimensiones escandalosas. Un desastre que además se agrava por su inutilidad: solo utilizamos un 20% de la ropa que compramos, explica la autora.

"El desastre de la 'fast fashion' se agrava por su inutilidad: solo utilizamos un 20% de la ropa que compramos, según la autora"

Pero esos datos no son nuevos. Quien más y quien menos es consciente de los males de la industria de la moda, por mucho que las grandes corporaciones intenten sanear su imagen con triquiñuelas de márketing ecologista también conocidas como 'greenwashing'. Entonces ¿Qué sentido tiene un nuevo ensayo sobre el tema? Un libro que no se va a poner a la venta a la entrada de los centros comerciales o al lado de los 'best sellers' del hipermercado precisamente, sino en las estanterías temáticas de las librerías a las que acuden los que ya saben qué están buscando.

“Eso mismo me pregunté yo cuando recibí el encargo de Anagrama. La moda responsable es un debate que lleva encima de la mesa como mínimo desde 2009, cuando tuvo lugar la conferencia de Copenhague, y ‘sostenibilidad’ es una palabra familiar desde los sesenta. Los que trabajan en el sector no necesitan este cuaderno. Los que ‘pasan’ de la moda, tampoco”, dice Riezu a 'El Periódico de España'. “Pero mira; la primera edición de 5.000 ejemplares se agotó en pocas semanas y pensé, tate, igual esto de la moda importa a más personas de las que creo. Sobre todo porque les hablas de ropa, no de tendencias. Lo que llena sus armarios no ha llegado allí solo, hubo un proceso de elección consciente”.

Más allá de la conciencia

"La única prenda que no contamina es la que no se compra", se puede leer en el libro. La autora aboga por adquirir aquellas que duren años, a componer armarios con solo lo necesario, a informarse de dónde, cómo, quién y con qué se ha hecho esa ropa. Pero esas pautas no son fáciles de seguir. Las etiquetas que vienen cosidas a los pantalones no son precisamente una fuente de conocimiento y el 'made in' solo responde al lugar donde se ha terminado el proceso de fabricación. Las últimas puntadas.

"La única prenda que no contamina es la que no se compra", se lee en el libro

“Esforzarse es pesado, igual que lo es ahorrar y priorizar, y renunciar a cosas. Es lo primero que me enseñaron mis padres: todo no se puede tener. Por sensatez y por higiene mental. Si te permites todos los caprichos (caros o baratos, los que se tercien) acabas sin valorar nada”, sostiene. “Es una suerte haber sido educado en una familia que presta atención a la calidad, a elegir, a invertir bien tu dinero, a cuidar y apreciar lo que ya tienes. Que no es mi caso, por cierto. Mis padres eran muy sensatos pero cero sibaritas y con poca cultura financiera. Pero con la sensatez ya tienes mucho camino ganado”.

Si son superprecios, probablemente no son muy sostenibles. / Eduardo Vicente

Aunque puede que sea la más fácil de vencer, la pereza no es la única traba al plan. Vestir con ropa barata no solo tiene que ver con seguir las tendencias, sino con la posibilidad de escoger. Incluso con las necesidades básicas cubiertas de una manera relativamente holgada, no es tan fácil ahorrar para un abrigo hecho a medida con todas las garantías de dignidad laboral o cuidado del medio ambiente. El poder adquisitivo es clave y también el tiempo –que al final también se traduce en dinero– que se puede invertir en llevar a cabo una compra consciente. Si la clase social es un factor transversal que determina todos los aspectos de la vida de una persona, también lo hará en las decisiones de compra.

“En gran medida, sí. Hay personas con dinero que compran francamente mal (el cliché del nuevo rico con pésimo gusto), pero el dinero te da opciones, y tener opciones es como tener puertas abiertas por las que marcharte si te da la gana. Pero creo —vamos, lo sé en primera persona— que con un presupuesto limitado se puede uno vestir y alimentar de maravilla. Menciono a ambas industrias (moda y alimentación) porque ambas han mandado el mismo mensaje engañoso: lo barato está bien. No, lo barato no siempre está bien. Barato a costa de quién: ¿de estrangular a los proveedores, a los trabajadores? Yo no quiero formar parte de eso”, afirma en la entrevista.

La educación sentimental del descuento

Los rituales tienen un gran peso en el comportamiento social, aunque algunos pasen desapercibidos o parezcan frívolos como ‘ir a las rebajas’. Por algo se sigue repitiendo machaconamente la imagen de los empujones en la puerta de la tienda de hace décadas, los carteles publicitarios en las paradas del autobús y las cuñas radiofónicas ¿Son las ceremonias de compra un escollo difícil de vencer?

La autora sostiene que “la generación de señoras-del-cortinglés (a las que adoro) está en extinción, por razones puramente biológicas. ¿Tú ves a mi sobrina entrando allí en rebajas? Es que no sabe ni lo que es Bershka en modo físico, casi. Compra todo online porque estudia y entrena y no tiene tiempo”. Y pronostica: “la tienda a pie de calle seguirá existiendo, pero no será un templo de la diversión y el encuentro social como era para nuestros padres y abuelos. Habrá una selección natural de comercios, y subsistirán los que creen un diálogo interesante y emocionante con el cliente”.

Pero a la vez que el problema del consumo de ropa rápida se sitúa en una horquilla de edad "entre los 16 a los 46 años que compra muy a saco, tira sin miramientos y renueva el armario como una veleta cada trimestre”, en las generaciones jóvenes está también la esperanza. “Incorporan a su vida todos los debates y dudas sociales con mucha naturalidad y sagacidad. Basta que la conversación salga en su entorno para despertar su curiosidad. Me han escrito a Instagram muchos adolescentes que se han leído el librillo y se han quedado alucinados con todo lo que se nos oculta. Sería brutal que desde la escuela se incorporase una asignatura de educación en el consumo, igual que hace falta enseñar alimentación, sexualidad, gestión de las emociones, bricolaje, capacidades financieras o protocolo digital”.

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Por otro lado, si todas las monedas tienen dos caras, las rebajas podrían ser también una oportunidad para practicar un ejercicio de inversión en prendas duraderas y de calidad. Una hipótesis a la que la periodista responde: “puede ser un buen momento para comprar aquello tan manido de los básicos, el fondo de armario, que es un concepto más viejo que la orilla del mar pero funciona. El abrigo azul marino de lana, la camisa blanca, unos botines negros lisos, etc. Algo que quizá te cueste caro pero que puedas usar mucho tiempo, la prenda para la que haces el típico cálculo de precio dividido por años de uso y ves que no es tan descabellado. Pero el mensaje más importante de La moda justa es que hay que dejar de comprar. Urgentemente. Que con lo que tenemos en el guardarropa (y lo que podemos intercambiar con amigos) tenemos de sobra para años”.