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LA ENTREVISTA

Roberto Cacho: «Hay un desequilibrio entre los sueldos y los alquileres»

Roberto Cacho (1971, Santander) es gerente y fundador de la inmobiliaria ética Etikalia, y fue el impulsor del programa Bizigune del gobierno vasco

Anna Rocasalva

¿Cuáles son las particularidades de vivienda que se observan en las capitales?

Están subiendo los precios de alquiler de forma desmesurada y los sueldos no están subiendo de forma proporcional, con lo cual empieza a haber un desequilibrio importante. Cuando compras un piso, el banco comprueba tu solvencia económica para que no te endeudes por encima del 30% de tus ingresos. Con el alquiler nadie comprueba todo eso. Nadie pone un límite. Hay personas que, cobrando 900 euros, pagan 700 de alquiler.

Además tenemos la problemática añadida de los pisos turísticos.

Un piso vacío tiene un impacto social que creo que la gente no es consciente porque se pone por delante a la propiedad privada. Un piso vacío es una vivienda que no se está utilizando como vivienda, como nada. Y un piso turístico el impacto es el mismo, porque es una vivienda que se está utilizando para otra cosa que no es vivir. Para mi tienen el mismo impacto. Y si el impacto es el mismo tenemos que aplicar las mismas penalizaciones o las mismas fórmulas para incentivar el alquiler.

¿Cree que penalizar funcionaría?

Yo creo que sería el plan B. En Europa, cuando hablan de la gestión política de la vivienda, hablan de “el palo y la zanahoría”. Es decir, las medidas penalizadoras y las incentivadoras. Yo creo que hay que empezar favoreciendo que se pongan en alquiler las viviendas vacías o fomentar que la gente que quiera tener pisos turísticos se decida más por el alquiler normal. Pero si hay viviendas vacías que podrían estar en el mercado y no lo están, eso hay que penalizarlo. También hay que aplicar las medidas con justicia. No aplicaría la misma medida a una pareja de jubilados que tiene un piso vacío pero que es el resultado de sus ahorros, a un banco que tiene un edificio vacío en pleno centro.

¿El programa Bizigune iba en esta línea?

Bizigune era la zanahoria. Cuando lo montamos existía una estadística del gobierno vasco que decía que había casi 30.000 viviendas vacías y en el registro de solicitantes de vivienda protegida había 30.000 personas que demandaban vivienda en alquiler. Sobre el papel, la solución parecía fácil. El programa Bizigune daba un conjunto de garantías a los propietarios para que pusiesen en alquiler su piso vacío. Los inquilinos pagaban un máximo del 30% de sus ingresos en el alquiler. Los propietarios cobraban de media unos 580 euros y los inquilinos estaban pagando de media unos 300, la diferencia la ponía el gobierno vasco a través del presupuesto. En 10 años conseguimos sacar en el mercado de vivienda protegida 5.000 pisos vacíos.

¿Qué opina de la Bolsa de Alquiler de Barcelona?

Yo creo que es una iniciativa que tiene puntos en común con el programa Bizigune. La “zanahoria” son esas medidas que favorecen que salgan al mercado esas viviendas vacías. También es cierto que en Barcelona no es de las ciudades donde más vivienda vacía hay. Pero habiendo poco espacio en el que trabajar, se están desarrollando políticas para que esas viviendas salgan al mercado. Además se están dando herramientas que funcionan, como dar garantías a los propietarios. Una cosa que funcionó muy bien en Bizigune es dar ayudas a la rehabilitación de pisos, algo que hace la Bolsa de Alquiler. Y es que muchas veces el piso no está en alquiler, no porque los propietarios tengan miedo a los impagos, sino porque el piso no cuenta con las condiciones de habitabilidad y hacen falta reformas pero no hay medios. Iniciativas como la Bolsa de Alquiler de Barcelona permiten que esas viviendas que están fuera del mercado porque el propietario no tiene recursos, salgan. Eso me parece muy interesante.