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"En los puntos de asesoramiento energético me ayudaron a reducir el importe de las facturas"

Luis Benavides

Marylin, en el Poble Nou

Marylin, en el Poble Nou / RICARD CUGAT

Marylin V. A. (Bolivia, 1981), madre soltera y con una trabajo precario, de 48 horas mensuales, forma parte de los 170.000 barceloneses con problemas para mantener su casa a una temperatura adecuada durante los meses de más frío o que tiene retrasos en el pago de los recibos del agua, electricidad o gas. 

–¿Cuándo empiezan sus problemas para pagar los suministros?
–Llevo más de 10 años en Barcelona y siempre había podido ir pagando, más o menos, alguna vez con retraso, pero en el 2016 me llegaron avisos anunciando el corte de la luz. Entonces un trabajador social me derivó al Punt d’Assessorament Energètic de Nou Barris.

–¿Qué tipo de ayuda le ofrecieron?
–Allí me tramitaron el bono social y me ayudaron a reducir el importe de las facturas y así no acumular tanta deuda. Se lo recomiendo a todas las personas y familias que tengan problemas para pagar las facturas. Allí me explicaron cómo podía gastar menos reduciendo la potencia contratada y cambiando a una tarifa eléctrica con discriminación horaria.

–¿En qué consiste esa tarifa con discriminación?
–Analizaron mis necesidades energéticas y establecieron la tarifa que mejor se ajustaba. Ahora tengo una tarifa más barata de 10 de la noche a 12 del mediodía, y es cuando aprovecho para, por ejemplo, poner la lavadora. El resto del día, cuando a electricidad es mucho más cara, apenas enciendo la luz.

–¿Y se nota en la factura?
–Bastante. Pasé de pagar unos 80 euros al mes de luz cada dos meses a pagar unos 13 euros al mes. Eso sí, igualmente intento consumir lo mínimo posible. 

–Nunca le llegaron a cortar la luz ni el agua.
–No, afortunadamente nunca me cortaron ningún suministro. Pero lo he pasado muy mal, aunque me he sentido apoyada y arropada. Cuando me llegó el tercer y último aviso de la compañía de la luz no pude evitar llorar. En el punto de asesoramiento energético ya habían tramitado mi certificado de familia vulnerable, pero todavía no había llegado. Me acordé mucho de aquella mujer mayor que murió en Reus.

–Sí, le cortaron la luz y falleció a causa de un incendio provocado por una vela. 
–Me preocupaba llegar a ese extremo, sobre todo por mi hija, de seis años, que tiene una enfermedad rara. Su discapacidad es física, sensorial y visual.

Ese caso marcó un antes y un después porque la problemática de la pobreza energética se hizo visible. 
–No sabía que existían conceptos como ‘pobreza energética’, pero sabía que había mucha gente en apuros  como yo porque lo veo.  Recibo alimentos en Cáritas y soy voluntaria del banco de alimentos. 

–¿Sabía que los derechos energéticos están garantizados en la Llei 24/2015?
–Escuché hablar de los derechos  energéticos por primera vez en el punto de asesoramiento. Allí me explicaron que las compañías no podían cortar los suministros a las familias vulnerables.

–Ahora está estudiando en una fundación dedicada a la reinserción de mujeres. 
–Sí, un certificado de profesionalidad de Atención sociosanitaria a personas dependientes. En mi país estudié Administración y Dirección de Empresas, pero no la pude acabar y aquí fue imposible convalidar  asignaturas. A raíz de la problemática de mi hija me empecé a interesar por el sector de los cuidados a personas mayores o con discapacidad.

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