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REFLEXIÓN Y MEDIDAS CONCRETAS

Barcelona debate el turismo del futuro 2020

El plan estratégico impulsado por el Ayuntamiento persigue incrementar el retorno social de la actividad turística y aprovechar su potencial para dinamizar la economía local

Turistas y barceloneses, en el paseo de Lluís Companys.

Turistas y barceloneses, en el paseo de Lluís Companys. / JULIO CARBÓ

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LUIS BENAVIDES / BARCELONA

Barcelona quiere seguir siendo y será destino turístico, pero de una manera diferente. El Ayuntamiento quiere proyectar y consolidar un modelo turístico innovador, sostenible, que garantice el equilibrio urbano y mejore el retorno de la actividad turística a la ciudad. Bajo esta premisa, el gobierno municipal ha elaborado el Plan estratégico para el 2020. “El plan está integrado por unas 30 líneas de actuación y unas 100 medidas, pero debe ser ante todo un debate, un espacio para pensar qué ciudad turística queremos ser”, subraya Albert Arias, director del Plan Estratègic de Turisme 2020.

El nuevo plan del Ayuntamiento para la gestión del turismo de los próximos años es una hoja de ruta con un centenar de medidas surgidas del debate entre más de 300 personas, expertos y representantes de diferentes instituciones, asociaciones y entidades del territorio. Y es que el turismo no puede ser una actividad económica ajena a la ciudad. Al contrario, debe encajar en el día a día de los barceloneses, sobre todo en aquellos barrios donde la presión turística es más importante. 

LARGA REFLEXIÓN

Aunque el turismo se ha convertido en uno de los principales activos de la capital catalana, pues representa casi el 15% del PIB, actualmente genera cierto recelo entre los barceloneses. «En los últimos meses se habla mucho del tema, pero el plan parte de una larga reflexión que comienza con la medida de gobierno de julio del 2015 que promueve un proceso participativo sobre el modelo turístico de Barcelona», apunta el director del plan estratégico.  

El malestar de una parte de los vecinos está relacionado con ciertos fenómenos como la masificación de ciertos espacios y la aparición de importantes desequilibrios en el tejido urbano, comercial o residencial. «Trabajamos para que el turismo sea una actividad económica que fortalezca otros agentes del territorio. Eso significaría, multiplicar los beneficios», explica Arias, quien pone como ejemplo una hipotética colaboración entre un hotel y diferentes servicios ubicados en el territorio. «Aunque no tenemos competencias para exigirlo –continúa el director del plan–, se puede proponer a estos establecimientos que tengan en cuenta los servicios de empresas y cooperativas del barrio, desde la óptica de la responsabilidad». 

DEMANDA TURÍSTICA

Barcelona recibe más de 30 millones de visitantes al año, según datos del Ayuntamiento. La presión turística en la capital catalana, que se puso de moda a partir de los Juegos Olímpicos de 1992, ha crecido exponencialmente en los últimos años. El aumento de la demanda turística en la capital catalana ha crecido en los últimos cinco años, un 17% según los últimos datos del Ayuntamiento. ¿Los motivos? Para los expertos es una combinación de numerosos factores como la irrupción de las compañías de bajo coste, la eclosión de las nuevas tecnologías y la aparición de nuevos operadores turísticos.  

La ley que creó el impuesto de estancias en establecimientos turísticos (IEET) en el 2012 establecía que su finalidad principal era fortalecer las estrategias de promoción, un extremo modificado recientemente para que estos fondos puedan destinarse también a compensar algunos impactos del turismo. «Hoy Barcelona ya no necesita centrar los esfuerzos municipales en atraer más turismo, sino fundamentalmente en gestionarlo, en gobernar el turismo», subrayan fuentes municipales. En este sentido, se ha decidido también limitar la aportación al consorcio de Turisme de Barcelona, organismo encargado de la promoción de la ciudad. Así, la oficina de Turismo de Barcelona recibirá como máximo 4,5 millones de euros al año de lo recaudado mediante la tasa turística. 

POLÍTICAS URBANAS

«El crecimiento del turismo ha sido tan rápido que todavía no se ha podido metabolizar y por eso se producen ciertos problemas. El turismo, inherente a la ciudad, se debe gestionar más con políticas urbanas que turísticas», afirma Arias, en referencia a diferentes acciones impulsadas como el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT) y el Plan de choque contra las viviendas de uso turístico o HUTs para regular y poner límite al crecimiento acelerado de la oferta por la presión que suponía sobre el parque de vivienda residencial.

Para redistribuir al máximo los beneficios y minimizar el posible impacto del turismo, parte de la recaudación del impuesto turístico se empleará, por primera vez, en la mejora de la red local de transporte (con el refuerzo durante  el verano del servicio de bus en barrios muy concurridos por visitantes como la Barceloneta). También servirá para reforzar el mantenimiento del espacio público, necesario por el uso intensivo que hacen vecinos y turistas durante el verano; y para financiar el equipo de agentes cívicos que se ubican en los espacios más concurridos como el Park Güell y el entorno del templo de la Sagrada Família. 

Descongestionar y equilibrar

El Ayuntamiento de Barcelona tiene muy claro que la intensidad y el volumen de la actividad turística es «muy desigual a lo largo del territorio municipal y se hace evidente la elevada concentración de visitantes en zonas determinadas alrededor de los principales atractivos», explican fuentes municipales. El entorno de la Sagrada Família y el Park Güell y buena parte de de Ciutat Vella son buenos ejemplos, pues soportan una mayor presión turística que otras partes de la ciudad. Esto se traduce en incomodidades para los vecinos, como la imposibilidad de circular con normalidad por unas aceras abarrotadas, o las dificultades para encontrar alimentos y servicios básicos en ciertas zonas copadas por los suvenirs y otros productos dirigidos al turismo. 

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Frente a esta situación que se ha acentuado en los últimos años, el ayuntamiento establece dos grandes líneas de trabajo: reducir la presión en las zonas más congestionadas para recuperar la calidad de vida permanente y garantizar el equilibrio de usos y de acceso a los recursos básicos a la población residente.

Páginas de información de la ciudad realizadas con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona.