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Lección de vida

La historia de Bruno: jubilado, millonario por la Lotería y aún en un piso social

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Ganadores del sorteo de "El Gordo" de Navidad / Gustavo Valiente

Alexandra Costa

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La historia de los ganadores de la Lotería suele seguir un guion predecible de lujo, excesos y, en ocasiones, ruina estrepitosa. Sin embargo, existen excepciones que rompen con todos los estereotipos y ofrecen una lectura diferente sobre qué significa realmente la riqueza. Este es el caso de Bruno Caloone, un ciudadano francés que ha protagonizado un viaje vital extraordinario. Tres décadas después de haber obtenido uno de los mayores premios jamás repartidos en Francia, su realidad actual se encuentra en las antípodas de las mansiones y los yates. Actualmente reside en una vivienda de alquiler social en la localidad de Hazebrouck, en el norte del país, una circunstancia que asume con total dignidad y transparencia ante sus vecinos.

Su relato comienza el 3 de diciembre de 1995, una fecha que marcó un antes y un después en su biografía. Aquel día, este empleado de banca de 36 años y padre de dos hijos se convirtió en el poseedor de una fortuna colosal: 70 millones de francos, cifra equivalente a unos 16 millones de euros actuales. Lejos de esconderse, su rostro se hizo famoso en todo el país, llegando a aparecer en el informativo de máxima audiencia de TF1, una exposición mediática que hoy sería impensable debido a los protocolos de privacidad que protegen a los agraciados.

Filantropía y aventuras empresariales

Gestionar tal cantidad de dinero supuso un reto mayúsculo para alguien ajeno a las altas finanzas. Bruno optó por un camino guiado por la generosidad y el deseo de impactar positivamente en su entorno. Familiares y diversas asociaciones benéficas fueron los primeros destinatarios de su altruismo. Además, dio rienda suelta a pasiones personales como el mundo ecuestre, llegando a fundar una cuadra que albergó hasta 14 caballos y organizando viajes para aficionados a los hipódromos. Pero su movimiento más audaz fue adentrarse en el complejo sector empresarial con un fin social en mente.

Corría el año 1997 cuando decidió adquirir la empresa mayorista de carne de cerdo Labis. El objetivo principal de esta inversión no era únicamente el lucro, sino el mantenimiento de los 49 puestos de trabajo que dependían de la compañía. Desafortunadamente, la buena voluntad no siempre basta en el mundo de los negocios. Los márgenes de beneficio eran escasos y el contexto económico adverso terminó por asfixiar el proyecto. La empresa tuvo que ser liquidada en 2004, lo que se tradujo en la pérdida de varios millones de euros de su patrimonio personal, un golpe financiero que muchos habrían considerado devastador.

El regreso a la sencillez

Cualquier otra persona podría haber caído en la amargura tras ver cómo gran parte de su capital se desvanecía. Bruno, por el contrario, mantiene una postura estoica y positiva. Asegura que el arrepentimiento no tiene cabida en su vida, pues valora que su dinero sirviera para ayudar a otras personas y mantener familias durante el tiempo que fue posible. Tras vender su vivienda y pasar por un proceso de divorcio en 2012, su vida laboral concluyó trabajando durante dos años en una asociación de reinserción social antes de acceder a la jubilación.

Volver al punto de partida no supone para él ningún fracaso. Hoy habita en el mismo municipio donde residía décadas atrás, ocupando un piso de protección oficial que cubre sus necesidades básicas. Aunque su trayectoria genera cuchicheos y comentarios entre los habitantes de la zona, él se muestra firme y sereno.

Una conciencia tranquila

La verdadera riqueza para este jubilado parece residir en la tranquilidad de conciencia. Los recuerdos de su etapa como millonario perduran, pero no le impiden disfrutar de su presente austero. Afirma con contundencia que su mayor satisfacción es haber hecho el bien a su alrededor mientras tuvo la capacidad económica para ello. Vivir en un piso social es simplemente una etapa más de una existencia rica en experiencias. Su historia demuestra que el dinero puede ir y venir, pero la integridad y la forma en que uno decide afrontar los giros del destino son los verdaderos indicadores del éxito personal.