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SORTEO EXTRAORDINARIO DE NAVIDAD DE LOTERÍA NACIONAL

¿Cómo cobrar un décimo robado, perdido o roto de la Lotería de Navidad 2017?

El proceso suele ser engorroso, pero hay maneras de conseguir el dinero del premio

Esther García

Una mujer sale de una administración de lotería en las Rambles de Barcelona.

Una mujer sale de una administración de lotería en las Rambles de Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

Tras el sorteo de la Lotería de Navidad, muchas personas se preguntan cómo podrán cobrar su premio si su décimo agraciado se les ha roto, perdido o se lo han robado

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■ Comprobar todos los números de la lotería de Navidad 2017

Lo primero que recomiendan desde Loterías y Apuestas del Estado (SELAE) es realizar una fotocopia o fotografía del boleto adquirido para tener todos los datos de la participación por si, llegado el momento, se debe demostrar su propiedad.

Los décimos de la Lotería de Navidad 2017 llevan a la venta desde el pasado mes de julio. Con tanta antelación, no es de extrañar que algún jugador no recuerde dónde los ha guardado o se dé cuenta de que se los han robado. ¿Qué hacer en estos casos?

Décimos rotos o estropeados 

Imagine que ha metido el décimo premiado en un bolsillo y que, en un descuido... ¡ay! ha terminado centrifugado en la lavadora. O que, con la celebración al conocer el premio, el boleto se ha mojado con la bebida y ha desteñido. Sea como sea, en caso de tener un décimo de Lotería de Navidad que haya resultado dañado, se pueden tener algunas dificultades para su cobro, pero no es imposible.

Lo que debe hacer el jugador es acudir a una administración o a la sede de Loterías y Apuestas del Estado, donde le harán rellenar la documentación pertinente e intentarán autentificar el décimo. Si Loterías duda del origen del boleto, lo remitirá a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, encargada de fabricarlos, que comprobará su legitimidad.

No importa el estado del décimo: los más deteriorados se pueden reconstruir en el laboratorio de la entidad. Tras la comprobación, los técnicos de la Casa de la Moneda emiten un informe favorable o contrario a la autenticidad del boleto y lo envían a Loterías, que es la decisora última sobre si el billete afortunado debe ser pagado o no.

Décimos robados o perdidos

Cuando un jugador se percata de que le han robado o ha perdido sus décimos antes del sorteo, lo primero que debe hacer es ir a una comisaría de la Policía Nacional, la Guardia Civil o al Juzgado de guardia y poner una denuncia. Dicho documento deberá contener los datos del décimo (número, serie, fracción y fecha del sorteo), la cronología de los hechos y aportar, si es posible, una fotocopia o fotografía del boleto que permita su identificación.

Una vez interpuesta la denuncia, es necesario que se notifique por escrito el hecho a la Asesoría Jurídica de Loterías y Apuestas del Estado. La denuncia podrá paralizar, al menos, que un tercero pueda cobrar un premio que nos pertenece. Si se nos concede la paralización, tendremos que remitir una copia de la denuncia y de la resolución judicial a SELAE a través de su número de fax.

Las posibilidades varían en función de la cuantía del premio obtenido. Desde Loterías señalan que si el premio es inferior a 2.500 euros "hay poco que hacer", puesto que, como se paga al portador, "cualquiera lo puede cobrar en ventanilla". En cambio, si la remuneración supera esta cantidad, las entidades bancarias piden el DNI o un documento identificativo para hacer efectivo el pago del importe, en cumplimiento de la ley contra el blanqueo de capitales. En caso de existir denuncia previa, se puede determinar si el portador es el propietario legítimo del décimo tras comparar sus datos con los del denunciante.

Si queremos enviar lotería por correo, lo mejor es hacerlo por correo certificado, porque si se manda por vía ordinaria y se pierde por el camino, será imposible de recuperar. Otra opción también recomendable es remitirlo a través de un servicio de mensajería que garantice su recepción.

El plazo para cobrar el premio caduca a los tres meses del sorteo y no son pocos los agraciados que, bien por desconocimiento, bien por despiste, acaban perdiendo su derecho a reclamar el cobro de las ganancias, por mucho que acrediten ser los propietarios de la participación.