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    20 AÑOS DESPUÉS

    Manel Estiarte: "No ha habido nunca una final olímpica como la nuestra"

    Medalla de plata en Barcelona 92 en waterpolo

    JOAN CARLES ARMENGOL

    Fueron 23 años de carrera deportiva, con medallas, títulos, pichichis, honores y distinciones sin fin. En Italia, donde ha vivido la mitad de su vida (ahora tiene 50 años), le llamaban "el Maradona del pallanuoto". Era la figura indiscutible del waterpolo mundial, en una trayectoria con muchos paralelismos con el crack argentino del fútbol. "Los dos nacimos en octubre, él de 1960 y yo de 1961; nos fuimos de Barcelona el mismo año (1984), ganamos el scudetto el mismo año (1987) y en Europa el mismo año (1989), él con el Nápoles y yo con el Pescara. Cada vez que me comparaban con él, me hacán sentir bien", dice Manel Estiarte, acabado ahora 'el regalo' de sus cuatro años como asesor de Pep Guardiola en la época más gloriosa del Barça. Participó en seis Juegos Olímpicos (récord español, compartido con el jinete Luis Álvarez Cervera), fue abanderado en los últimos, los de Sidney (2000), y luego fue cuatro años miembro del Comité Olímpico Internacional (COI). "Lo dejé porque todos los codazos ya los había dado en la piscina", confiesa. Manel Estiarte ha sido todo eso.

    "Los Juegos de Barcelona no fueron una cosa más, qué va. Fueron muy especiales. Cuando pienso en ellos aún se me dispara el corazón. Pese a perder la medalla de oro, fueron los mejores", dice el alma, el pilar y el cañón de aquella selección irrepetible que tuvo que esperar cuatro años más, hasta Atlanta (1996), para consagrarse campeona. "Cuando seis años antes se eligió a Barcelona, pensamos: ¡qué suerte! Dos años antes ya fuimos subcampeones del mundo, así que para el 92 podíamos tener una selección con muchas posibilidades de triunfar. Y, ¡qué caray!, eran unos Juegos en casa, con los padres, la familia, los amigos y la prensa en la tribuna. En la Vila Olímpica íbamos un poco de chulitos. Les decíamos al resto: "Pasad, pasad, que esta es nuestra casa".

    Pero los de Barcelona también fueron los Juegos de unas de las mayores decepciones de Estiarte. Nunca una medalla había sido tan llorada. De hecho, el manresano no había vuelto a ver imágenes del partido hasta hace unas semanas, cuando participó en un reportaje de TVE.

    "Fue un golpe tremendo perder aquella final contra Italia, pero lo mejor fue que ningún jugador acusó a los demás por haber perdido. Éramos un verdadero equipo", resalta. Pero, ganando o perdiendo (en este caso, por 9-8 en la tercera prórroga tras acabar 7-7 el tiempo reglamentario), Estiarte no tiene dudas de la calidad del partido. "No ha habido nunca una final olímpica como la nuestra. Perdíamos 4-1, empatamos, en la primera prórroga nos ponemos delante y nos empatan a falta de cuatro segundos, emoción, intensidad, sangre por todas partes, la pelea de los entrenadores...". Hasta que un gol de Gandofi a falta de 32 segundos (luego Miki Oca hizo un palo) sentenció al equipo español a la plata más amarga.

    Emociones agridulces se mezclan en la cabeza de Estiarte, quien, más que medallas, se ha llevado de su carrera los recuerdos de tantas horas de vestuario y convivencia. Y ya no están todos. Falta el portero, Rollán, San Jesús, desde marzo de 2006, víctima de la adicción. "Nunca volveremos a estar juntos, y eso rompe el alma. Pero me gusta recordar al Jesús alegre, buen compañero, canalla, sinvergüenza, al Jesús de una calidad humana y deportiva brutal".