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    20 AÑOS DESPUÉS

    Carolina Pascual: "Me van mal las cosas. ¡Ojalá pudiera volver atrás!"

    Medalla de plata en Barcelona 92 en gimnasia rítmica

    JOAN CARLES ARMENGOL

    Los tiempos no son tan buenos ahora para Carolina Pascual como en aquel verano del 92. Con 16 añitos, la gimnasta de Orihuela tocó el cielo. No fue de oro su sueño, pero la plata compensó con creces la preparación durísima en un deporte que adora pero que la carcomió por dentro, hasta el punto de que a los 18 años dijo basta. Ya no podía soportar las 12 horas diarias de entrenamiento, los mareos, la fiebre, los reventones de una dedicación necesaria para alcanzar la excelencia en la rítmica, como hacían las rusas y las búlgaras, sus grandes rivales de siempre.

    Veinte años después, cuando acaba de cumplir 36, Carolina pasa apuros en su casa de El Palmeral, en Orihuela, con un jardín antaño señorial y un mosaico en la fachada que recuerda que ahí vive alguien importante: Glorieta Deportista Carolina Pascual, rezan las losetas. Comparte la casa con sus padres, Manuel y María Jesús, y la hipoteca de 450 euros mensuales es un lastre para los tres.

    "Sí, me van muy mal las cosas. Estoy saliendo adelante como puedo, pero quiero levantar cabeza", afirma aquella chica, ahora mujer, que aún conserva toda la elasticidad que le permite posar sin problemas para las fotos con el talón en el cogote. Las paredes del chalet están repletas de fotografías con los Reyes, medallas y trofeos conquistados en su corta trayectoria deportiva. Vestigios de un pasado brillante en un presente que, como a todo el país, golpea fuerte.

    "!Ojalá pudiera volver atrás y participar en otros Juegos Olímpicos! Yo nací para eso, para la gimnasia, y con muchas ganas me pondría el maillot y me colocaría otra vez en la moqueta", asegura la hiperflexible Carolina, entre bromas y veras. Ahora se arrepiente de haber dejado la rítmica tan joven, pero entonces, en aquel lejano 1993, ya no podía más.

    "Después de Barcelona, me rompí un pie, estuve nueve meses con muletas, engordé, bajé mi estado de forma y, a pesar de todo, gané una medalla de plata en mazas en el Mundial de Alicante del 93. Tenía que haber aguantado hasta los Juegos de Atlanta, en 1996, ahora lo veo. Pero no nos cuidaron como debían. Si nos hubieran mimado más, nos hubieran comido la cabeza, hubieran estado más encima, quizá habría continuado. Pero no me cuidaron...".

    Subida a una nube

    Pese a la dureza de aquella época (la de ahora tampoco da tregua a la medallista de plata), Carolina conserva los mejores recuerdos. "Fueron los mejores años de mi vida. Viajaba mucho, conocía gente, tenía admiradores... Cosas que no me las hubiera dado una vida normal. En el extranjero me querían con locura, las rusas trajeron un maletín lleno de dinero para que compitiera con ellas. En el mundo de la rítmica estaban las rusas, las búlgaras... y Carolina Pascual".

    Y en este universo de dulces remembranzas destaca, cómo no, su verano barcelonés del 92. "Lo recuerdo todo con gran cariño. Todas las noches soñaba con la medalla, solo me faltaba ver el color". Al final fue plateada, en el viejo Palau d'Esports de Montjuïc y por detrás de la ucraniana, encuadrada en el Equipo Unificado, Alexandra Tymoshenko.

    "En el último aparato [mazas], la gente no paraba de gritar, era como si estuviera conmigo en la pista, y no oí el aviso de la música. Empecé tarde, a cien por hora, cambiando algunas cosas, pero clavé el ejercicio". Y Carolina se subió a una nube.