01 dic 2020

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HISTORIAS DE LA NBA

Allonzo Trier está llegando

Fue un niño prodigio de Seattle que mereció una portada en el dominical del New York Times con solo 13 años, pero su camino hacia la NBA no ha sido fácil

Albert Guasch

Allonzo Trier, en un partido reciente con los Knicks.

Allonzo Trier, en un partido reciente con los Knicks.

En el 2009, cuando apenas tenía 13 años, la historia de Allonzo Trier fue presentada en la portada de la revista dominical del 'New York Times'. A su corta edad, su historia consistía en que era un niño prodigio del baloncesto destinado a subirse a la exclusiva noria de la NBA. Y no esperaba sentado a que se le alargara el cuerpo y llegara el día del draft, sino que, y ahí se enfocaba el relato, practicaba como si no hubiera nada más en la vida, 450 tiros a canasta a diario, domingos incluidos, y ejercicios de habilidad durante horas y horas desde hacía años.

Tenía entrenamientos especializados, estudios becados y con horarios a su medida, atención médica gratuita, viajes pagados desde su Seattle natal por todo EEUU para exhibir su talento en campus para chicos con prestaciones especiales y, por supuesto, un montón de consejos solicitados y no solicitados, bien intencionados muchos y de los otros, también.

Madre soltera

Alonzo Trier apuntaba tan alto que a los 13 años tenía ya su línea de ropa con su signatura, Zo, y su lema motivacional: “When the light come on, it’s time to perform” (Cuando se encienden las luces, es hora de actuar). Y la marca Under Armour le llenaba ya de todo el material deportivo que necesitara y más. Su madre, Marcie Trier, madre soltera como sucede con tantas estrellas de la NBA, ganaba un salario justito como trabajadora social en un centro de asistencia para mujeres víctima de violencia de género. Toda ayuda, pues, era bienvenida.

De trasfondo del largo artículo del New York Times, de 45.000 caracteres, espacios incluidos, figuraba la profesionalización creciente del deporte de base y la fauna plural de intereses que brotan alrededor de niños que entran en la pubertad: un retrato de ambición, sueños compartidos, vanidad y sobre todo avaricia… El espectáculo requiere, al parecer, de estrellas cada vez más jóvenes y Trier se veía inmerso en esa red de atención precoz, como lo fue en su día Lebron James, cuyos partidos en el instituto despertaron tanto interés que acabaron por ser televisados a nivel nacional.

Problemas en la universidad

Trier recibió años después el cortejo de un sinfín de universidades para que jugara en la NCAA. El premio se lo llevó la Universidad de Arizona. ¿Y creció como se esperaba de él? ¿Jugó bien? Por supuesto. Se convirtió en la estrella de un equipo potente. Pero problemas tuvo. Y gordos. Fue suspendido en dos ocasiones por el uso de una sustancia prohibida, un esteroide que dijo su madre que tomó tras un accidente sin conocer sus efectos. Por la primera suspensión se perdió 19 partidos; la segunda le fue después anulada. Pero el mal ya estuvo hecho.

Zo no entró este verano en el draft. Ni en primera ni en segunda ronda. Ninguna franquicia se fiaba. Los New York Knicks se arriesgaron y le hicieron un doble contrato temporal. Para jugar en el primer equipo pero también en el filial. En los próximos días deben decidir si se quedan con él y le ofrecen un contrato estable, que se lo harán.

Zo, que ha crecido hasta medir 1,96, se ha ganado una plaza fija con algunas actuaciones destacadas de más de 20 puntos y varias acciones poderosísimas. En el Madison se le compara con el carismático John Starks, en particular tras un tremendo mate ante Atlanta en su debut y por su confrontación con John Wall, estrella de Washington. “Tiene el ADN de los Knicks”, exclamó la leyenda Walter Frazier, comentarista de siempre del equipo neoyorquino.

Allonzo Trier está llegando donde se le esperaba. Ahora a ver cómo resiste. Quizá le aguarda una nueva y flamante portada.